Sumario
> Volumen XVIII - N° 74 - Julio-Agosto 2007
REVISTA
DE EXPERIENCIAS CLÍNICAS Y NEUROCIENCIAS
- Sueños y sensopercepción en la teoría epicúrea,
J. C. Pangas
Lecturas:
Señales:
Próximos al 30º aniversario de la conferencia
Internacional sobre Atención Primaria de la Salud, realizada
en Alma Ata, en 1978, y después de siete años desde la adopción
de la Declaración del Milenio, que fijó metas y objetivos globales
de desarrollo humano para el 2015, y en consideración a que,
promediando hoy ese lapso, se han producido diversos cambios,
tuvo lugar, recientemente, en nuestro país, una Conferencia
Internacional de salud para el Desarrollo bajo el lema: "Buenos
Aires 30/15. De Alma Ata a la Declaración del Milenio: Derechos,
Hechos y Realidades". El evento contó con la asistencia de los
Ministros de Salud de sesenta países, entre los cuales estuvo
el nuestro en carácter de anfitrión, y recibió el auspicio de
la OMS, la OPS, la UNICEF y el Banco Interamericano de Desarrollo,
entre otros organismos internacionales ligados al tema. Su objetivo
fue construir nuevos consensos y promover alianzas globales
y regionales, tendientes a contribuir al fortalecimiento de
las políticas de salud. En el texto del documento final los
participantes acordaron que se debe considerar a la salud "como
una inversión y no como un gasto, y también como una responsabilidad
del Estado y de la sociedad en su conjunto", destacando que
la estrategia de la Atención Primaria de la Salud -que incluye
trabajar en la prevención y promoción de la misma- es la más
indicada para enfrentar viejos problemas como la pobreza y la
exclusión y las "nuevas problemáticas relacionadas con temas
ambientales, cambios demográficos, estilos de vida no saludables
y la reemergencia de enfermedades". También se arribó al consenso
de que "es imperativo avanzar hacia la cobertura universal e
integral de la salud", teniendo en cuenta "un enfoque de género,
inclusivo, no discriminatorio y priorizando a los grupos vulnerables".
Se enfatizó "el papel protagónico y rector del Estado", que
debe asegurar "el adecuado financiamiento de las acciones y
prestaciones que cada país considera necesarias, propendiendo
a una cobertura universal" y se recomendó que las áreas sanitarias
de cada país funcionen "de manera articulada con las universidades
e institutos que forman a los trabajadores de la salud". Afirmando
que la salud es un derecho básico de las personas, que debe
ser garantizado a través de acciones que aseguren que todos
los miembros de la sociedad accedan a una cobertura médica adecuada
y de buen nivel, en especial los de menores recursos y con mayores
riesgos de contraer enfermedades se concluyó que los fármacos
y los insumos sanitarios deben estar incluidos en las prestaciones.
Bellas palabras, coincidimos sin duda con ellas. Necesarias,
ya que expresan sanos y, en muchos casos, honestos anhelos.
Sin embargo, desde 1978, millones de personas aún permanecen
excluidas de servicios esenciales e, incluso, se han incrementado
las iniquidades existentes entre regiones, entre países y dentro
de ellos. A casi 30 años de Alma-Ata, estamos distantes de la
salud para todos como derecho, con sistemas justos, solidarios
y con una atención universal efectiva, con acciones de prevención
y promoción en un trabajo en equipo y con participación comunitaria.
Las estructuras de financiamiento distan de tener esa perspectiva
de equidad y solidaridad, y en muchos casos dificultan la integración
de acciones y servicios. Nuestro país no escapa a esa realidad.
No es suficiente lo que se ha hecho en él para que la equidad
atraviese como principio ético las políticas públicas para el
desarrollo. El problema tiene solamente solución política y
toda la comunidad y, principalmente el Estado, son responsables
de su concreción mediante acciones enérgicas e inmediatas que
no admiten la espera de un ilusorio "derrame" de la riqueza
hacia los más necesitados.
J. C. Stagnaro
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