Revista Argentina de Psiquiatría


Sumario > Volumen XVI - N° 63 - Septiembre-Octubre 2005.-

REVISTA DE EXPERIENCIAS CLÍNICAS Y NEUROCIENCIAS

Dossier

PSIQUIATRIA Y FILOSOFIA DE LA MENTE.

El Rescate y la Memoria
  • Cuerpo y alma: fragmentos, N. A. Conti y M. Agrestr
Confrontaciones
  • Desde la teoría de la seducción al Complejo de Edipo, B. Alvarez Lince
Lecturas y Señales


Editorial

La situación que atraviesa nuestro planeta genera muchos interrogantes que causan alarma. Se ha dicho que, generación tras generación, los hombres siempre creen que su época es la más difícil y las calamidades que sufren son las peores de la historia. Esto deberá matizar nuestra visión de la actualidad. Sin embargo - quizás porque los problemas se agigantan como producto del fenómeno de globalización - las noticias que nos llegan hacen pensar que las cosas que no van bien para nuestra especie. No se trata, solamente, de las guerras injustas que enlutan diferentes países. Lo que ha irrumpido con intensidad parece ser la presencia de una naturaleza embravecida por la falta de cuidado que la civilización contemporánea tiene por ella. El tan mentado, y temido, calentamiento global, empieza a generar consecuencias que, aunque esperadas, se creían sólo producto de una exageración de los defensores de la ecología. No es así. Las inundaciones y altas temperaturas que se registran en el continente europeo, los tornados y huracanes del Caribe y otros datos climáticos constituyen, para los expertos, una sobrada evidencia del peligro que representa la irresponsable producción de gases que desprenden las máquinas que el hombre ha creado para su "bienestar". Sin contabilizar otros desastres que concurrirán en la misma dirección como la deforestación salvaje que se está realizando en la Amazonia, y que llega hasta el norte de nuestro propio país. A pesar de los esfuerzos desplegados por muchas naciones para controlar esos productos de la economía industrial, como el acuerdo de control de los mismos que alienta el conocido tratado de Kyoto, algunos de los mayores responsables de la depredación ecológica, como los EE.UU., continúan indiferentes a los riesgos que amenazan el destino común de la humanidad. Justamente fue allí, en Nueva Orleáns, que se reveló la trágica consecuencia de lo que anotamos. Sin embargo, el huracán Katrina no fue la única causa del desastre; coadyuvó como determinante la imprevisión en el mantenimiento de las defensas civiles que pudieron haber impedido la magnitud del desastre. Las víctimas no fueron elegidas al azar. La desgracia se descargó sobre los más pobres. Los desocupados, los marginados social y económicamente, que no pudieron desplazarse rápidamente hacia zonas más seguras, en el país más rico del planeta. Hoy se sabe que los trabajos necesarios para actualizar el estado de las defensas de la ciudad que sufrió el siniestro no tuvieron el apoyo económico necesario porque gran cantidad de los fondos destinados a ellos se derivó a cubrir los gastos de la guerra de agresión contra Irak. Los pobres ahogados en los EE.UU. no se diferencian de los argentinos de la etnia wichi que pierden sus tierras. Tampoco de los que se hacinan en nuestros asentamientos de desocupados lindantes con los opulentos barrios cerrados que abundan en la periferia de las grandes ciudades de la Argentina. Quizás sea tiempo de entender, de una vez por todas, que nadie está al abrigo de un destino común. Que la solidaridad debe alcanzar a todos; y que una comunidad tiene mucho cuando todos y cada uno de quienes la forman, tiene lo necesario para vivir dignamente. Estos problemas no están fuera de los que deben interesarnos como psiquiatras; porque está probado que una sociedad que se basa en reglas de solidaridad y compromiso por la justicia social no solamente está más preparada para prevenir las catástrofes naturales sino que sus miembros gozan, en el más estricto sentido del término, de un mayor grado de salud mental.

J. C. Stagnaro - D. Wintrebert


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