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Segunda parte

 

Selección de textos

 

Los textos que se presentan a continuación corresponden al inicio del período en cuestión. `Los manicomios' de Maglioni (1879) nos muestran la situación y las espectativas con respecto a la internación de alienados alrededor de 1880.

"Locura y Crimen" de Alcácer (1883) nos pone en contacto con las categorías clínicas utilizadas en esa época y las consideraciones médico-legales correspondientes.

 

            Los manicomios

Tesis doctoral - 1879(1)

Norberto Maglioni

Sr. Presidente:

 

Sres. Académicos:

 

Nada más difícil para mi, que la tarea que me habéis impuesto antes

de concederme el honroso título de Doctor en Medicina.

Hacer una disertación sobre un tema cualquiera, es obra fácil para aquellos que tienen el hábito de escribir: pero es un trabajo ímprobo para quien, como yo, se ha concretado al estudio de los hechos sin haber pretendido nunca estar en condiciones de ilustrar á los demás, publicando el resultado de sus observaciones.

Disculpad, pues, la pobreza del mérito literario de este trabajo, y juzgadlo solo como un esfuerzo hecho para dar satisfacción á una exigencia del reglamento.

El tema que he elegido "Los Manicomios" no dudo que ha de llamar vuestra atención, pues á primera vista no se perciben las relaciones que ligan estrechamente las ciencias médicas con la casa de locos.

En la primera parte de mi tesis, trataré de demostrar que el loco no es sinó un enfermo, que como todos los demás reclama los auxilios de la medicina; que la locura no es sinó el resultado de una alteración material de los órganos de la inteligencia, por más que dicha alteración no haya podido ser siempre comprobada en la autópsia: refutando así las teorías que hacen consistir á la locura en una alteración del espíritu, como si una cosa simple fuera suceptible de alteración.

En una segunda parte, haré una reseña histórica del proceso, del tratamiento de los locos, deteniendome particularmente con lo que ha pasado en Francia y entre nosotros, para hacer enseguida la crítica de nuestros manicomios, proponiendo las reformas que la ciencia señala y que se han realizado en todas las naciones europeas y aún en muchos países de América.

 

Esta clase de estudios es nueva entre nosotros pero no por eso es menos interesante bajo el punto de vista científico y de gran importancia por sus resultados prácticos.

 

Año y medio de servicio como practicante interno en el Hospicio de enagenadas, me han hecho palpar muchas deficiencias en la Administración y Dirección de nuestros manicomios, que por cierto no se hallan en armonía con el grado de progreso al que hemos llegado.

 

No desconozco las dificultades de la empresa que voy á abordar, y estoy persuadido de que mis débiles fuerzas no me han de ayudar para llevar á cabo con la lucidez que deseara el objeto que me propongo. Pero declaro ingenuamente que vería colmada mis aspiraciones, si consiguiera llamar seriamente la atención de la ilustrada corporación á la que me dirijo, cuya influencia eficaz podría remediar las desventajosas condiciones en que se encuentran en este país, los padecen esa terrible afección que se llama locura.

 

 

I

 

Dos grandes escuelas discuten un problema eterno.

 

Un abismo profundo las separa y recoge en su seno los ardientes proyectiles que una á otra se lanzan: pues tratan de destruirse.

El espiritualismo y el materialismo en jigantesca lucha se disputan el triunfo.

En uno y otro bando pululan los formidables combatientes; pero vanos son sus esfuerzos; el abismo tiene un inmenso poder de atracción y amalgama allá en sus fraguas los argumentos de un bando con los sofismas del otro.

¿Qué surge de esta lucha tremenda?...

La causa es noble, sublime. Se trata de la verdad en una de sus más grandiosas manifestaciones.

El materialismo considera al hombre como un compuesto de moléculas en constante evolución, y los pensamientos, las de terminaciones voluntarias, y las ideas y los actos de conciencia no son sino el resultado de las evoluciones materiales.

El espiritualismo, por el contrario, llegando hasta donde el materialismo llega en el estudio analítico de los órganos y sus funciones, no acepta las conclusiones de este último; y solo acepta los actos de la sensibilidad, de la inteligencia y de la voluntad, como manifestaciones de un principio inmaterial, libre, inteligente y sensible.

Vamos á examinar el proceso de los fenómenos materiales que dan por resultado los actos intelectuales y las determinaciones voluntarias, para manifestar nuestra humilde opinión en esta gran contienda; arribando también á esta conclusión: En las afecciones mentales, no es el espíritu el que se halla alterado, como pretende la escuela psiquiátrica espiritualista; son los órganos materiales que sirven de medio al espíritu los que se hallan alterados, resultando de este modo entorpecidas sus manifestaciones.

El sistema nervioso se compone de tres aparatos distintos: el aparato cerebral, el aparato espinal y el aparato de conjunción colocado entre los dos anteriores.

El aparato cerebral está unido al espinal por el intermedio de la sustancia gris. En esta sustancia terminan y de ella emergen las fibras blancas de las partes que ellas mismas ponen en comunicación.

El estudio fisiológico del hombre nos lo muestra con tres formas ó modos en su actividad vital: la actividad vegetativa, la actividad intelectual y la actividad animal. La primera depende del aparato espinal, la actividad intelectual depende del aparato cerebral y la actividad animal que está subordinada á uno y otro de estos aparatos.

Los actos de la animalidad tienen caracteres que los separan en dos grupos y son: unos que dependen del aparato cerebral: actos voluntarios; otros que dependen del aparato espinal, y estos se realizan independientemente de la voluntad: actos reflejos.

No es mi ánimo entrar en el estudio de los actos animales sino en cuanto interviene en ellos la voluntad. Aquellos que se realizan sin su intervención actos reflejos, ofrecen fenómenos notables; pero nos apartaríamos de nuestro objeto haciendo un estudio de sus curiosísimos detalles.

Veamos lo que pasa en el aparato cerebral.

Las facultades animales son las que ponen al hombre en contacto consigo mismo y con los objetos que lo rodean: la sensibilidad, la impulsión y el movimiento.

Los nervios periféricos reciben la impresión de un cuerpo cualquiera y cualquiera sea la naturaleza de la impresión; esa impresión es conducida por los nervios á los centros como un hilo metálico conduce la electricidad de una á la otra de sus extremidades.

El extremo central de estos nervios está constituido por las células grises, y á estas se atribuye por los materialistas la facultad de percibir.

¿De qué manera se realiza pues la percepción?

¿Cuál es el sitio en que tiene lugar? ¿Cómo se verifican los fenómenos de la inteligencia, las determinaciones voluntarias, el raciocinio y el juicio?

Ved aquí lo que dice el Prof. Jaccoud después de hacer un estudio minucioso de los fenómenos fisiológicos del aparato cerebral y del aparato espinal: "La célula gris recibe por el intermedio de los nervios y del aparato espinal la impresión de los objetos esteriores; pero lo que no podemos explicarnos es la manera como una exitación cerebral se transforma en percepción conciente ó en determinación motriz intencional, y á renglón seguido transcribe estas palabras del famoso alienista Griesinger "¿Como pueden convertirse en idea, en acto de conciencia, un fenómeno físico ó material que pasa en las fibras nerviosas ó en las células ganglionares? Esto es incomprensible".

Los espiritualistas, no pudiendo darse una explicación satisfactoria de los fenómenos intelectuales por la sola evolución de la materia, admiten la existencia de un principio simple, inmaterial que llaman espíritu. El espíritu, segun ellos, percibe, comprende, raciocina y determina, explicando así todos los fenómenos morales.

Los materialistas, por el contrario, no pudiendo descubrir el espíritu en sus disecciones, hacen recidir en la misma sustancia gris la facultad de percibir, comprender, raciocinar y determinar.

En la sustancia gris cerebral, dicen ellos, se dibujan las impresiones que le trasmite el sistema nervioso periférico, y á esta acción exitadora de la sustancia gris, sucede la reacción que se manifiesta por las determinaciones voluntarias, las ideas y todos los fenómenos morales.

No desconozco la imposibilidad de explicar las relaciones de la materia, con el principio que la rige en el organismo humano; ni tengo la intención de dicipar la densa niebla que oculta los fenómenos íntimos de la ideación: pero debo manifestar que encuentro una lógica más aceptable en el espiritualismo: en efecto, este último, reconociendo imposible la realización de un acto moral por la materia. admite la existencia de un principio, cuyos actos nos dan la noción de las facultades que posee.

El materialismo pretende explicarnos por evoluciones de la materia que jamás podrá (por mucho que evolucione) producir pensamientos, ideas, raciocinios y juicios.

Acepto pues los principios de la escuela espiritualista, convencido de que son los únicos que pueden librarnos del caos á que nos conduciría el materialismo.

Sí, el espíritu, existe, la materia evoluciona también, y en el misterioso consorcio de ambos está la verdad.

"El hombre, dice Buffon, se compone de una naturaleza material, perceptible por nuestros sentidos: los órganos; y de una naturaleza inteligente perfectible, dotada de la conciencia de libre albedrío y de la noción de Dios; naturaleza ligada á la primera de modo misterioso, teniendo el sistema nervioso cerebral como órgano especial, y como medio de comunicación con el mundo exterior".

Con estos principios será más fácil darnos cuenta de la armonía que existe entre el mundo exterior y los actos de la inteligencia y la voluntad en estado moral de los órganos que sirven de medio.

Pero si una causa cualquiera llegase á perturbar estas comunicaciones: si el sistema nervioso periférico por ejemplo, ó el sistema nervioso central se hallasen alterados, entonces los órganos encargados de poner en comunicación el espíritu con el mundo exterior, trasmitirían sus impresiones en armonía con la anormalidad de su estado y el juicio y las determinaciones serían tambien anormales.

Ahora bien, ¿Que sucede con los enagenados?

Los enagenados sufren precisamente alteraciones materiales que les hacen juzgar las cosas tales como les son trasmitidas por su sistema nervioso, y su funcionamiento irregular hace que sus ideas y sus determinaciones respondan á esos juicios y á esas percepciones.

A propósito de esto voy á transcribir un párrafo del célebre autor de Crime et Folie, en el que con más claridad y con más autoridad (si puede haber autoridades en la ciencia), podrá verse la ratificación de lo que dejo expuesto:

"Cualquiera que sea la opinión que se profese acerca de la naturaleza esencial del espíritu, dice Maudsley, y respecto á su independencia de la materia, admítase unánimemente que las manifestaciones del espíritu se hacen por el sistema nervioso, y son afectadas por las condiciones de las partes de este sistema que a ello contribuyen. Si estas partes se hallan normales sus manifestaciones son tambien normales, si los órganos estan enfermos, alteradas serán sus manifestaciones tambien. La insanía es, en efecto, un desarreglo del cerebro que produce un desarreglo del espíritu, ó para definir con más precisión su naturaleza: es una perturbación de los centros nerviosos, órganos especiales del espíritu que producen un desórden de la inteligencia, del sentimiento ó de la acción, sea en conjunto, sea separadamente, de tal especie que hace al individuo incapaz de las relaciones ordinarias de la vida".

Así se expresa Maudsley. Y entre tanto ¿Cuál ha sido la idea general, antes de la era de reforma que empezó con Pinel en 1792, y aún mucho tiempo despues?

Véase lo que dice Ginés y Partagás: "No estan aún muy lejanos los tiempos en que al enfermo de enagenación mental no se le consideraba digno de compasión ni suceptible de remedio. Teníase al loco por un ser dañino, una especie de alimaña con formas humanas, un ente poseído del maligno espíritu de quien era necesario preservarse, segregándole del trato social, y entre garle á su destino, ya que sobre su cabeza se veía el rayo fulminado por la cólera divina".

¿Qué preocupaciones tan ridículas! ¡Qué aberraciones tan propias de esas épocas de atraso y de ignorancia!

Los estudios de la fisiología y de la patología han llegado á demostrar con la claridad de la evidencia la verdad de la escuela zomatista, á la que pertenece Muadsley y á quien antes he citado.

Sí, los enagenados son enfermos del cerebro, así como los que padecen de encefalitis siendo muchas veces la locura el paso de este estado agudo al estado crónico que la caracteriza; y tiene la sociedad para con ellos por lo menos los mismos deberes que para los demás enfermos.

Esto sentado, pasaré á ocuparme de las condiciones en que han estado en otras épocas comparándolas con las actuales; proponiendo las reformas que considero indispensables para colocar nuestros manicomios en una altura que corresponda al grado de progreso de este país, cuyos gobiernos han descuidado esta rama importantísima de la administración.

 

 

II

 

(…)

 

No fué sino á fines del siglo pasado que un hombre de verdadero genio y animado de sentimientos nobles y generosos, dió el primer grito en favor de los enagenados.

Si, Pinel puede considerarse como la primera piedra de la gran escuela alienista moderna.

 

(…)

 

Es preciso conocer las condiciones de estos desgraciados antes de aquella época de progreso y de reforma.

En los antiguos asilos los locos eran encerrados en jaulas inmundas. Ahí no eran, por cierto, tratados como enfermos y sí considerados como animales feroces, que el público curioso concurría á contemplar.

 

(…)

 

El asilo de Bethlam en Lóndres mereció el nombre de Cárcel de los Locos, pues los orates aunque separados de los criminales, estaban retenidos con cadenas en sus jaulas y hasta servían de ludibrio á los curiosos y de objeto de especulación á inhumanos loqueros, que se hacían pagar los latigazos con que provocaban el furor de los enfermos para hacer más divertido el espectáculo.

Espectáculos análogos se veían en las demás naciones; pero estudiemos lo que he pasado entre nosotros; para que puedan verse los progresos que se han hecho en el tratamiento de los enagenados, pasando enseguida á proponer las reformas que deben introducirse, inspirándonos en los principios de la ciencia y en la práctica de los otros países.

Los informes que he podido obtener datan del año 1857, y por las condiciones de los enagenados en aquella época podrá  juzgarse cual sería antes su tratamiento.

En aquel año el Hospital General de Hombres, albergaba toda clase de enfermos: allí no se averiguaba la naturaleza de la enfermedad de los desgraciados que solicitaban ser asilados. Los atacados de neumonía tenían el mismo acceso que los afectados de las formas más variadas de enagenación mental. En su interior se hacia la separación de los locos y los cuerdos, pero de la manera más rudimentaria; y así muchas veces eran asilados en el departamento de los locos individuos atacados de epilepsia, delirium tremens, u otras afecciones nerviosas que no correspondían á ese departamento.

Este estado de cosas no podía prolongarse por mucho tiempo, pues el local era pequeño para el gran número de enfermos que acudían solicitando la asistencia que allí se proporcionaba.

 

(…)

 

El 11 de agosto de 1857 brilló para los enagenados un sol de esperanza, cuyos tibios rayos alentaban sus aspiraciones legítimas á ser tratados como su dignidad de hombre lo requería. En esa fecha memorable se sancionó el decreto que creaba una casa de dementes.

El 14 de octubre de 1858, las Honorables Cámaras de la Provincia promulgaron una ley, autorizando á la Municipalidad de Buenos Aires para invertir la suma de 2.000.000 pesos moneda corriente, en la construcción de una casa para los dementes y en la planteación de un Cementerio público al sud de la ciudad.

 

(…)

 

La Memoria Municipal del año 1859, anunciaba la pronta realización de lo que hasta entonces no había sido sino un proyecto; y á la Comisión encargada de estas obras se agregaron los Sres. Dr. D. Ventura Bosch, D. Mariano, Miró y D. Felipe Botet.

Esta es la historia de la fundación de nuestro manicomio; y á la verdad de que si son dignas de todo encomio las personas que trabajaron para su construcción, no es menos cierto que los resultados fueron muy deficientes, como se verá con lo que paso á exponer.

En el año 1863 fueron conducidos al nuevo Hospicio 116 enagenados, que unidos á los seis allí existentes formaban un total de 122, sin contar los empleados superiores y asistentes, que requería un establecimiento de esta clase.

 

(…)

 

En el año 1864 se nombró Médico-Director de este establecimiento al Dr. José M. Uriarte.

Este era un paso más que se daba en el sentido del mejor servicio del Asilo. Más adelante trataré de hacer resaltar las ventajas incalculables que recaen sobre los manicomios cuando su administración está en manos de hombres, que á la honorabilidad reunen los conocimientos especiales sobre las enfermedades que en ellos se atienden.

La situación de los enagenados había pues mejorado con el nombramiento del Dr. Uriarte, como Médico-Director de este Hospicio. Pero no era obra de un día el mejoramiento que las condiciones del loco en aquella época requería; y aunque por su parte mucho hizo el Dr. Uriarte, mucho quedaba aún por hacer, cuando ocurrió su muerte en el año 1876.

Aquí empieza una nueva era de reformas en el Asilo de los alienados.

El nombramiento de Médico-Director recayó en el ilustre Dr. Meléndez.

No es mi ánimo retribuir con elogios, las muchas atenciones de que he sido objeto por parte de este distinguido alienista; pero considero un acto de estricta justicia hacer constar en este trabajo que merced al afanoso empeño del jóven director la faz del Asilo cambió por completo. Introdujéronse grandes mejoras en el servicio interno y una nueva organización vino a producir más fecundos resultados en los trabajos agrícolas; y á la par de estos adelantos materiales, pusiéronse en práctica todos los preceptos que la ciencia moderna establece, y el nuevo aspecto del establecimiento y los numerosos casos curados vinieron á demostrar que la dirección anterior dejaba mucho que desear.

Sí, me es grato consignar en estas humildes páginas el nombre del Dr. Lucio Meléndez, como un timbre de gloria para la ciencia médica argentina.

 

(…)

 

 

III

 

Veamos ahora cuales son las reformas que deben introducirse en el servicio general de nuestros manicomios, deteniendonos particularmente en el punto capital de este trabajo, es decir, la crítica de su administración y dirección.

 

(…)

 

Por lo que respecta á las condiciones interiores del establecimiento ellas dejan mucho que desear bajo el punto de vista de la higiene.

En el Hospicio de Hombres, por ejemplo, que es un edificio destinado á albergar 120 enfermos, se hospedan 300, este solo hecho basta para dar á conocer las malísimas condiciones en que se hallan los enajenados.

Hacinados de á tres ó más en celdas en que, conformándose con la higiene, apenas podría alojarse un solo individuo, no se puede contar con salas especiales para los atacados de afecciones intercurrentes.

En el Hospicio de la Convalescencia, aunque con un edificio de mayor extensión, por su mala distribución y tambien por su estrechez relativa al número, las condiciones interiores del establecimiento se asemejan mucho sino son idénticas á la del Hospicio de Hombres.

 

(…)

 

Hay también otra cuestión cuya importancia trascendental reclama un estudio detenido, y es la que se refiere á los manicomios mixtos.

Entre nosotros existen dos manicomios; el manicomio de hombres y el de mujeres.

En ninguna otra nación del mundo, existe esta separación en el servicio de los enagenados.

Los manicomios de Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, etc. son manicomios mixtos, en ellos los enagenados se hallan reunidos en un mismo establecimiento con la conveniente separación de los sexos, y esto es precisamente lo que aconseja la ciencia Psiquiátrica moderna.

"Es indispensable, dice Giné, establecer la separación de los sexos, no precisamente como quieren algunos en dos edificios apartados entre si, sinó que para el régimen administrativo y marcha económica del establecimiento, es preferible que formen parte de un mismo edificio, formado de tres cuerpos, á saber; uno central, para la administración, convalescencia y dependencia, y dos laterales, ó sea, el departamento de hombres y el de mujeres. Esta disposición que hemos dado al manicomio de nuestro cargo, Nueva Belén, establece la conveniente separación entre sexos y permite al mismo tiempo cierto grado de relaciones en el estado de convalescencia, que son indispensables antes de que los enfermos entren de nuevo en la vida social.

Cuantas ventajas resultarían, en efecto, de la reunión de los dos manicomios para la armonía en su administración y dirección, y principalmente cuantas ventajas económicas produciría esta fusión.

 

(…)

 

Paso á ocuparme de la dirección y administración de los manicomios. Esta rama importantísima de la Administración Pública constituye una mancha que se destaca en el fondo claro de este país libre y progresista, y que los hombres de ciencia y verdaderamente patriotas deben tratar de disipar.

"Un manicomio, dice el Dr. N es una institución necesaria para el perfecto funcionamiento del Estado, y constituye uno de los

servicios más interesantes del servicio nacional. Un manicomio tiene además caracter físico y moral. Refiérense al primero las circunstancias topográficas del punto en que está situado, la disposición y construcciones particulares del edificio, la reunión de las condiciones higiénicas más propias para contrarrestar el maléfico influjo de las causas que nacen del Estado mental patológico y todos los demás requisitos que, en lo arterial, reclama el cumplimiento de los fines especiales de la institución. Su caracter moral consiste en ser un asilo en donde mediante formalidades legales rigurosas es admitido el enagenado en beneficio de su familia y de la sociedad, recibe la asistencia que exige su curación y bienestar físico- y moral, y se halla bajo el amparo tutelar de la ley, que asemejándole á un menor defiende su persona e intereses. Es decir que la existencia de una casa de orates depende de la acción constante y de la continua aplicación de la ley, Por donde se ve como se dan la mano el médico y el legislador dirigiendo el primero el tratamiento del enagenado en el manicomio, y facilitándole el segundo los medios indispensables, sancionando sus procedimientos y sirviendo constantemente de protector al enfermo".

No hacen aun muchos años que se ha entrado en una senda verdaderamente gracias á los esfuerzos de un hombre digno e ilustrado, el Dr. Meléndez, que á mucho da ejemplo de actividad y constancia.

 

(…)

 

Pero la asistencia médica tiene que resentirse forzosamente á causa de las. pesadas tareas que gravitan sobre el facultativo como administrador y director, en un asilo de 300 enfermos donde hay muchos indigentes, y ricos que pagan sus pensiones.

El asilo debe tener e su frente un Médico Director. "La primera rueda del organismo del manicomio, dice Gine y Partagás, debe ser el Médico-Director, debe ser el alma del asilo, su espíritu filantrópico, su celo humanitario y sus altas dotes científicas y clínicas, deben manifestarse hasta en las funciones menos trascendentes del establecimiento. Si hay lauros á él atañen la mayor parte, si merecido vituperio, él es el primer responsable. Todo gira en torno de él, el servicio higiénico, el terapéutico, el doméstico, el religioso, todo debe llevar un sello especial que permita entreveer un objeto psiquiátrico y por consiguiente una ordenación pensada por la dirección rnédica".

Así se expresa un hombre de sólido criterio, empapado en el conocimiento de estas cuestiones.

Es el Médico Director el que debe prescribir el régimen alimenticio general, y señalar las escepciones que deben hacerse en casos particulares.

El Médico Director debe prescribir el vestuario y las camas de los albergados.

El Médico Director debe ordenar y definir los métodos coercitivos.

El Médico Director debe verificar la clasificación de los alienados.

El Médico Director debe definir las relaciones de los enfermos con las familias; y este un punto muy delicado del tratamiento de los enagenados.

El Médico Director debe ordenar las salidas temporarias ó definitivas.

El Médico Director debe proponer las modificaciones que sea necesario hacer en el establecimiento.

Todo es del resorte del Médico Director, según los preceptos de administración y dirección más conformes con la ciencia alienista moderna.

 

(…)

 

Véase ahora lo que pasa en los Estados Unidos, esa gran nación, que tan á menudo se toma por modelo en1as cuestiones de la administración pública.

Al frente de todos sus manicomios hay un Médico-Director.

En el Estado de Massachusets, existian en 1868 cinco asilos de alienados. El Mac Lean Asylum, llamado así por el nombre del bienhechor á quien se debe su organización, fue abierto en 1818: está situado en Sommerville á alguna distancia de Boston, capital del Estado.

Su Médico-Director fue el Dr. Tayler.

El Hospital de los Alienados de Boston fue fundado en 1839.

El número de sus enfermos era de 170 en 1865 y de 775 en 1868, y se halla desde 1851 bajo la dirección del Dr. Valker.

El Asilo de Worcester, abierto en 1832, tenía en 1865, 390 enfermos y 355 en 1868; su Director es el Dr. Merick Bemis.

El Asilo de Tauton, abierto en 1854, tenia 330 enfermos en 1865; y 374 en 1868; su Director es el Dr. Choate.

El Estado de Nueva York contaba en 1868, cuatro grandes asilos públicos en función y dos en construcción, cada uno de ellos con un Médico-Director á su frente.

Lo que dejo expuesto respecto á los Estados de Massachusets y Nueva York, tiene lugar en todos los demás Estados de la República Norte-Americana.

Pero para que insistir tanto sobre la necesidad del Médico Director en los manicomios.

Creo haber probado suficientemente que es el único sistema de Dirección que la recta razón puede aceptar, y si esto no bastara, estúdiense las obras que tratan sobre esta materia; léanse los informes de los médicos Ingleses que se han publicado en el importante periódico "The Lancet", y todos estos estudios y observaciones ratificarán en el espíritu de los que las practicaren la idea de la necesidad de un Médico-Director: "Alma del Asilo, y primera rueda funcional del organismo de los manicomios".

 

 

 

 

Notas:

1. (Extracto)

Nota del Autor. Se agradece la amable colaboración de la Directora y el personal de la Biblioteca Central de la Facultad de Medicina de la UBA.

Nota del Editor. En los textos de esta sección ha sido respetada la ortografía