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Degeneración psíquica en los

delincuentes profesionales(1)

 

Al Señor jefe de Policía de la Capital:

 

El sujeto Angel López Margarida, que V. E. se ha servido someter á nuestra observación es, ante todo, un delincuente profesional, inscripto en la Galería Pública bajo el número 89, y sometido por lo tanto á la vigilancia policial aunque por el momento ésta no sea de carácter riguroso.

Los antecedentes de vida estarán, pués, anotados en los libros de la Policía, remontando la primera constancia á más de quince años atrás. Hay que agregar que al llegar á este país, hace unos dieciocho años próximamente, ya Margarida tenía una cargada historia delictiva. En España, su patria, en Cuba, donde residió algún tiempo, y en la República Oriental, donde se detuvo antes de pasar á ésta, ha dejado notorias huellas de su paso.

La cárcel le ha sido familiar desde su juventud, complaciéndose en todo momento en hacer alusiones á las numerosas aventuras que en ella ha experimentado.

Ahora, en cuanto á su estado mental, no puede decirse de él sino que es un degenerado, pero un degenerado intelectual, es decir, dotado de las aptitudes ordinarias que hacen al hombre capaz de dirigirse por su propia cuenta, si bien debajo de ese velo de aparente y hasta brillante normalidad se encuentra, como en todos los sujetos de esta especie, el desequilibrio más ó menos pronunciado de todas las facultades, la ausencia de ciertos sentimientos, especialmente los morales, aberraciones sensitivas y motrices, concepciones estraviadas, y tantos fenómenos de este género. Margarida es, además, un impulsivo, debiendo una cierta parte de sus condenas á hechos de violencia cometidos generalmente sin razón excusable. - Es también un alcoholista y frecuenta la cárcel de contraventores, con una asiduidad excepcional, presentándose por temporadas en un estado de lastimoso decaimiento físico y mental.

Lo que distingue especialmente á este sujeto, dándole su calificación dentro del género, es su manía por la discusión, su deseo de pendencia, oral ó escrita y su tendencia á producir conflictos como el que pretende levantar actualmente, según la presente denuncia. Es un querulante, para darle el nombre preciso con que se distingue su tipo en el campo de la medicina mental. Por esa tendencia, y en manera alguna por convicción, ha entrado en las filas del anarquismo militante; por eso ha actuado durante mucho tiempo en el periodismo pasquinero y escribe con estilo arrebatado artículos sobre los temas que le son favoritos; por eso, finalmente, es procurador judicial y se conduce en la forma que demuestra el caso presente.

Pero á pesar de todo lo dicho, no puede considerarse á este individuo como un alienado en el sentído que lo entienden las leyes y la jurisprudencia de nuestro país. En el caso de Margarida están un sin número de malhechores profesionales; están todos, por mejor decir. La degeneración mental es la base del delito, el substratum orgánico sobre el cual asientan todas esas perversiones morales que, significando para la justicia una infracción á la ley moral, no Son para la Psiquiatría moderna sinó la expresión de un desorden en el juego de la vida cerebral.

Nadie más que nosotros se lamenta de esta discordancia entre el espíritu de la legislación y el criterio de la ciencia en el momento actual, ni anhela con más vehemencia la reforma de tanto tiempo atrás anunciada, que ha de cambiar el régimen de cosas existente en esta materia; pero no es posible tomar otra determinación en el caso de Margarida que la que se tomaría con cualquier delincuente normal de su clase: llevarlo ante los tribunales del crimen. Allí recibirá la condena que merece la falta cometida, condena que nos permitirá vernos libres de él por un lapso de tiempo mucho más largo que el que se obtendría pasándolo al Hospicio de las Mercedes en virtud de una simple orden de V. S.

Este sujeto debe, pues, abandonar nuestra sala de observación y considerársele como normal dentro del orden legal corriente. En todo caso, si los denunciantes no se encuentran conformes con nuestro modo de pensar, pueden presentar esta misma demanda ante la justicia civil, es decir ante la única autoridad que puede, según nuestra legislación, declarar insano á un individuo en la forma que ellos lo desean, y la única, sobre todo, que puede ordenar la secuestración de un alienado en el carácter imperativo que aquí se requiere.

 

Es cuanto creemos tener que decir á V. S.

 

julio 21 de 1902

 

 

 

 

1.        (Extracto de lo publicado en Archivos de Psiquiatría, Criminología y Ciencias Afines. Tomo 1, p. 500-502 año 1902).