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La inversión sexual adquirida(1)

 

 

 

Los casos, ya numerosos, de inversión sexual adquirida, estudiados en los Archivos de Psiquiatría y Criminología, merecen aumentarse con el que forma objeto de la presente observación, verdaderamente característico por varios conceptos.

Además, el sujeto ha accedido á darnos una breve noticia autobiográfica, que deja traslucir, de manera muy significativa, la psicología propia de estos sujetos, evidenciando que la vanidad y la mentira se combinan en fuertes proporciones con las anomalías morales que constituyen el núcleo mental mórbido de los invertidos.

Luis D... nació en Madrid, en el año 1880. De familia modesta, no pudo recibir educación esmerada ni cultivar su mediocre inteligencia nativa. Frecuentó escuelas del Estado desde los 7 años hasta los 13, aunque sin descollar por su dedicación al estudio ni por su buena conducta. Allí fué objeto de los primeros tocamientos deshonestos pretendiendo fornicarle algunos de sus condiscípulos; pero resistió valientemente la agresión. Recién á la edad de 10 años fué desflorado a retro; según sus referencias, ocurrió el hecho en la forma siguiente:

Un vecino de su casa, joven de 19 años, que vendía manzanilla en una taberna próxima á la Puerta del Sol, en Madrid, demostróle durante algunas semanas particular afecto, acariciando a menudo sus nalgas y regalándole de. comestibles y bebidas, con aparente desinterés. Una tarde de verano el seductor le invitó á dormir juntos la siesta; aceptado que hubo el ofrecimiento, su amigo dio en colmarle de besos y caricias, que él secundaba inconscientemente. No duraron media hora los prolegómenos: el amable garzón acomodó su pubis frente á las nalgas de la víctima y, poco á poco, le desfloró, iniciándole en la pederastía pasiva.

Refiere L. D. que la primera impresión fué desagradable; pero instado por su amigo, cuya prodigalidad le encantaba, consintió en repetir el acto. En pocas semanas acabó L. D. por encontrar agradable la fornicación homosexual.

Un enojo con su primer amante le indujo á reemplazarlo, tarea poco difícil en su medio. Desde entonces se ha dedicado, sin intermitencias, á la pederastia, que de tres años á esta parte ejerce profesionalmente.

Es un sujeto de baja estatura; su constitución física es buena, temperamento inestable, carácter tornadizo e infantil, siendo más que discreto su actual estado de nutrición. Ha ejercido la profesión de mucamo durante varios años, abandonándola para entregarse de lleno al meretricio homosexual, que le produce lo necesario para vivir; desde entonces ha adoptado el nombre de «La Bella Otero», la célebre cocota parisiense, de la que pretende ser rival. En su constitución física merece señalarse la excesiva pequeñez de sus órganos sexuales, atribuida por el interesado á la más absoluta castidad; no conoce el coito con mujeres ni ha practicado la pederastia activa. Su escaso sistema piloso parece cohonestar su afeminamiento psíquico, así como su pie pequeño y la ausencia de bigote.

Su vida borrascosa le ha hecho incurrir en percances judiciales poco propicios á su reputación, innumerables veces ha visitado las comisarías de esta capital por desorden y escándalo, motivados con frecuencia por su costumbre de salir á la calle vestido de mujer. Ha sido pensionista de la Penitenciaria Nacional durante 6 meses, procesado por hurto.

Además de ejercer la pederastía pasiva, practica el onanismo sobre sus clientes y no desdeña el ejercicio del coito bucal; entre sus congéneres es alabado por esta última «habilidad». Por todo ello consigue tener buenas entradas, dándose una vida relativamente cómoda. Solo por excepción usa traje varonil, prefiriendo la indumentaria femenina que usa con desenfado y hasta con elegancia. Sale poco de su casa y, por lo general, en carruaje, para evitar incidentes callejeros molestos que le sería imposible esquivar, dada su relativa notoriedad entre los aficionados al género.

Contra el gusto dominante entre los demás invertidos, prefiere hombres de edad á los jóvenes; explica su gusto porque los viejos prolongan el coito y le pagan puntualmente, mientras que los jóvenes lo practican rápidamente, y en lugar de pagar le exigen dinero ó lo maltratan. Entre los viejos prefiere los barrigones y peludos; barrigones porque la intromisión del pene es menor y toda la excitación se localiza en el esfínter; peludos porque le producen gratas cosquillas en la espalda y las regiones glúteas.

Dice que el coito anal le provoca sensaciones sumamente voluptuosas; cuando lo practica con personas que le son simpáticas no defeca, para no desprenderse del esperma, cuya retención cree le conserva las ilusiones sexuales relacionadas con el acto realizado. Carece del sentimiento de la propiedad privada; y así como no siente escrúpulos ante la ajena, distribuye sus entradas entre sus congéneres, sin reparar en la cantidad que da ni en la persona que la recibe.

Su psicología mórbida, combinación curiosa de vanidad, mentira é ideas sexuales paranoides, revélase en la siguiente página, que nos entregó como autobiografía, junto con los retratos anexos, sin disimular mucho su deseo de figurar como caso clínico en el libro qué preparamos sobre los invertidos sexuales.

«He nacido en Madrid, en el año de 1880. Siempre me he creído mujer, y por eso uso vestido de mujer. Me casé en Sevilla y tuve dos hijos. El varón tiene 16 años y sigue la carrera militar en París. La niñita tiene 15 y se educó en el «Sacre-Coeur» de Buenos Aires. Son muy bonitos, parecidos á su papá.

«Mi esposo ha muerto y soy viuda. A veces quiero morir, cuando me acuerdo de él. Buscaría los fósforos ó el carbón para matarme, pero esos suicidios me parecen propios de gente baja. Como me gustan las flores, me parece que sería delicioso morir asfixiada por perfumes.

«Otras ocasiones me gustaría tomar el hábito de monja carmelita, porque soy devota de Santa Teresa de Jesús, lo mismo que todas las mujeres aristocráticas. Pero como no soy capaz de renunciar á los placeres del mundo, me quedo en mi casa á trabajar, haciendo costuras y bordados para dar á los pobres.

«Soy una mujer que me gusta mucho el placer y por eso lo acepto bajo todas sus fases. Algunos dicen que por todo esto soy muy viciosa, pero yo les he escrito el siguiente verso, que se lo digo siempre á todos.

 

«Del Buen Retiro á la Alameda

los gustos locos me vengo á hacer,

Muchachos míos ténganlo tieso

que con la mano gusto os daré.

«Con paragüitas y cascabeles

y hasta con guante yo os las haré,

y si tú quieres, chinito mío,

por darte gusto la embocaré.

«Si con la boca yo te incomodo

y por la espalda me quieres dar,

no tengas miedo, chinito mío,

no tengo pliegues ya por detrás.

«Si con la boca yo te incomodo

y por atrás me quieres amar,

no tengas miedo, chinito mío,

que pronto mucho vas a gozar.

 

«He estado en París, donde bailé en los cafés-conciertos dándole mucha envidia á otra mujer que usa mi mismo nombre para pasar por mí.

«Muchos hombres jóvenes suelen ser descorteses conmigo. Pero ha de ser de gana de estar conmigo, y ¿por que no lo consiguen? porque no puedo atenderá todos mis adoradores.

«No quiero tener más hijos, pues me han hecho sufrir mucho los dolores del parto, aunque me asistieron mis amigas «Magda» y «Lucía», que no entienden de parto, porque nunca han estado embarazadas, porque están enfermas de los ovarios.

«Me subyuga pasear en Palermo, porque el pasto es más estimulante para el amor que la mullida cama.

«Esta es mi historia y tengo el honor de regalarle al doctor Veyga algunos retratos con mi dedicatoria.

 

“La Bella Otero”

 

 

1. Extracto de lo publicado en Archivos de Psiquiatría, Criminología y Ciencias Afines. Tomo II, p. 492-496, año 1903.