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Homicidio

Forma abortiva del delirio de interpretación(1)

 

 

La personalidad paranoidea de X

 

Se recordará que repetidamente expresó los sufrimientos que injustamente el mundo le acarreó, decía, en su niñez, juventud y adultez. El sumario y el interrogatorio han ido descubriendo su temperamento receloso, suspicaz, fácil para las interpretaciones egocéntricas, el error de sus juicios sobre la actitud de los demás, que interpretó durante mucho tiempo, sobre todo en el que precedió al delito, corno ofensas graves a su honor, mientras que en ciertos casos estas ofensas y apreciaciones tendenciosas sólo existían en su imaginación.

Desde niño reveló ya esa anormal predisposición a sentirse afectado por motivos banales, que en otros no, hubieran provocado la rebelión y las reacciones que en él presentó. Su gran orgullo, sensibilidad y desconfianza, fue desarrollándose en sus razonamientos con la sociedad y el ambiente en las diversas veces que hemos señalado. Había en él, francamente, esa predisposición sensitiva del paranoide que comienza con una hipervaloración del yo, en relación contrastal con su timidez y sentimiento de la propia insuficiencia; X mismo señala como una de sus características, la audacia propia de los tímidos. Kretschmer ha caracterizado tales tipos de personalidades sensitivas de esta manera: “Por una parte, blandura del ánimo, vulnerabilidad, delicadeza y susceptibilidad de espíritu; por la otra, un cierto egoísmo, orgullo, ambición y soberbia".

Son muchos los datos de sus antecedentes personales y hereditarios que hablan en favor de la constitución paranoidea de X. Se reconocen en él los elementos que señala Dupré en su estudio clásico:

 

 La hipertrofia del yo, el orgullo, el sentimiento de superioridad;

2º el temperamento receloso y desconfiado del humor, la tendencia al desconocimiento hostil de los que le rodean, con interpretaciones malevolentes de los actos ajenos;

 la falsedad del juicio, la desviación permanente de las facultades de la lógica, que se traduce por apreciaciones unilaterales, egoístas, tendenciosas(2).

También aquí han existido una serie de interpretaciones por motivos que otro hubiera dejado pasar más fácilmente si estuviera dotado de salud mental, o no las hubiera provocado. En el delirio sensitivo egocéntrico, ocurre, señala Bumke, "que los enfermos creen que los demás conocen sus defectos y se los señalan; las gentes los esquivan y les muestran su desprecio. Se les molesta con alusiones a sus fracasos. Hechos y detalles insignificantes no solamente son mal interpretados por ellos, sino que son relacionados patológicamente con los motivos primitivos de su desarrollo delirante. Por otra parte, el enfermo provoca con su conducta hosca y desconfiada frecuentes rozamientos sociales. Cada ,vez se retrae más del círculo de sus relaciones y se aísla del mundo, llama la atención por su modo de ser reservado, huraño, preocupado y raro, no siendo extraño entonces, que los demás lo juzguen como un ser extraño y se burlen realmente de él"(3).

En un excelente trabajo sobre este tópico los profesores Juliano Moreira y Alfredo Peixoto han sintetizado así el curso de esta enfermedad: "1º , primitiva y originaria autofilia –sentimiento innato y fundamental de la personalidad– no corregida y adaptada al medio, antes aumentada por la educación defectuosa, egocentrismo resultante; 2º , inadaptabilidad correspondiente entre el individuo y el medio: interpretación como hostilidad personal; 3º , reacción contra el medio; iniciación de las perturbaciones aparentes; persecución activa o pasiva, o más comúnmente activopasiva".

Dupré señala que la constitución mórbida aparece como el germen de una afección mental en potencia, por otra parte conciliable con un suficiente estado de salud psíquica. Pero las disposiciones psicopáticas son siempre susceptibles de agravarse y realizar un verdadero cuadro clínico, sea a consecuencia de una conmoción ocasional del sistema nervioso, sea por la acentuación espontánea de las aptitudes constitucionales"(4).

A veces estas constituciones quedan en esbozo durante toda la vida, pero pueden evolucionar hacia un verdadero cuadro clínico. El enfermo es llevado a interpretaciones erróneas sobre sí mismo, sobre su medio, su círculo, las que "forman la trama de un verdadero sistema delirante, sea de persecución, sea de grandeza, según predomine en el sujeto la desconfianza sospechosa o el orgullo ambicioso" (Dupré). Para el mismo autor este tipo de constitución es el fundamento de los delirios interpretativos puros, y preside también la génesis de los delirios alucinatorios y de los delirios imaginativos crónicos.

No hay que olvidar, por último, que el delito y su conducta posterior tienen características paranoides. A través de sus conversaciones, declaraciones y de los abundantes reportajes de la prensa periódica a que se ha sometido, siente la satisfacción por la justicia que ha hecho por su propia mano. Participa del tipo paranoico justiciero, de que habla Genil Perrin(5).

El paranoico atenta contra las personas con el propósito de vengarse o de hacer justicia, aunque distingue mal entre ambas, "pues vengándose piensa hacer justicia y dar una lección a la humanidad” exactamente como en el caso de X.

A nuestro juicio no se puede hablar aquí de una forma delirante manifiesta, de la paranoia, sino de tina forma abortiva, en general desconocida para los autores clásicos –reconocible en algunos que tratan de la constitución paranoica(6)–, pero cuyo conocimiento va entrando cada vez más en los estudios psiquiátricos.

Me pronuncio en el mismo sentido que Bumke, para quien estas formas abortivas no llegan a verdaderas ideas delirantes pero se exacerban bajo condiciones externas desfavorables(7). Se relaciona en cierto sentido con lo que Kretschmer ha llamado “Sensitiver Beziehungswahn” o delirio de interpretación con base afectiva, que Logre en Francia ha denominado “interpretación delirante de las relaciones sociales".

No podemos olvida r aquí la influencia de dos factores que seguramente han pesado en la formación de su personalidad enfermiza y de su impulsividad.

En primer término la "tuberculosis” aunque al parecer cicatrizadas las lesiones en el presente, ha determinado un estado de minusvalía que pesa y ha pesado dolorosamente sobre su espíritu. Porque a más del proceso morboso que lo ha afectado, el tuberculoso está sujeto más que otros enfermos, a las reflexiones pesimistas nacidas del sentimiento de la propia debilidad, de la influencia de los dolores, de las reflexiones que se hace exacta o erróneamente acerca de su enfermedad, situación de inferioridad en la lucha por la vida, etcétera. Las noxas tóxicas suelen ser, en ciertos tuberculosos, menos dañosas que los pensamientos tristes.

Por otra parte, se ha llamado la atención últimamente acerca de la influencia de las crisis de hipertensión sobre el estado emotivo. Así, Laignel-Levastine distingue desde el punto de vista etiológico una emotividad arteriosclerosa, una periódica ligada a alteraciones tiroideas, una menopáusica, etcétera. Y no es de despreciar la posible influencia de este factor, pues hemos visto que X sufría precozmente de crisis de hipertensión arterial.

Por último, estaba también atormentado por preocupaciones familiares que no estoy habilitado para revelar aquí.

En síntesis, puede decirse que se ha establecido en X sobre la base de una constitución paranoica y emotiva, bajo la influencia de circunstancias ambientales para ello favorables, una forma abortiva del delirio de interpretación con base afectiva, que debe distinguirse claramente de la paranoia originaria clásica. Estas condiciones favorables fueron principalmente las ofensas al honor que determinaron la violenta reacción en un hiperemotivo.

 

 

Interpretación Psicogenética

 

Pero no es posible quedar satisfechos simplemente con el diagnóstico, que en este caso enuncia una explicación superficial.

Intentemos una más profunda. Hasta hace poco la psiquiatría se dedicó sobre todo a describir los síndromes mentales. Ahora cada vez más se tiende a darles una explicación patogénica. Precisamente en este orden de ideas ha dicho Bumke que "el problema de las psicosis paranoicas es uno de los más difíciles en la psiquiatría clínica... Sus causas se han mantenido hasta la fecha tan desconocidas para nosotros como sus fundamentos biológicos”, y sin embargo en los últimos tiempos se ha adelantado mucho en su interpretación. Y también en el presente caso mostraremos cómo estamos en lo cierto al no conformarnos simplemente con enunciar la existencia de las diátesis psíquicas o constituciones psicopáticas.

En un breve estudio destinado a tener mucha trascendencia en psiquiatría, sostuvo Freud, mediante el análisis de un caso de paranoia crónica, que se trataba también de una neurosis de defensa, y que surgía como la histeria y las representaciones obsesivas, de la represión de recuerdos penosos. La manera como se manifiesta es peculiar de la paranoia por un mecanismo especial de represión, distinto del de la histeria, en la cual la represión se realiza por el proceso de la conversión en síntomas somáticos, y también diferente del de la neurosis obsesiva. En la paranoia la represión es de un suceso sexual infantil, renovado más tarde en la adolescencia en que el reproche es reprimido por un procedimiento que Freud ha llamado de proyección, por el cual la desconfianza en lugar de volverse sobre sí mismo como en la neurosis obsesiva, se transfiere sobre otras personas(8).

Sucede aquí como en cierta categoría de celos, que Freud ha estudiado también con el nombre de celos proyectados, distintos de los celos normales y de los delirantes. Estos celos proyectados nacen un uno como en otro sexo de las propias infidelidades del sujeto o del impulso a cometerlas, las cuales son relegadas, por la represión, a lo inconsciente. "Sabido es –dice– que la fidelidad, sobre todo la exigida en el matrimonio, lucha siempre con incesantes tentaciones. Precisamente aquellos que niegan experimentar tales tentaciones, sienten tan enérgicamente su presión que suelen acudir a un mecanismo inconsciente para aliviarla, y alcanzan un tal alivio e incluso una absolución completa por parte de su conciencia moral, proyectando sus propios impulsos a la infidelidad, sobre la persona a quien deben guardarla(9). Enrique Altavilla señala que ciertos criminales uxoricidas que se deshacen de su Jean Brueghel llamado "Brueghel de Velours" mujer, ya por perversidad brutal o para ir tras otro amor, a veces simulan un delirio celoso(10); y tal vez no sea todo simulación. Pero hay aún más; se ha comprobado la relación de la paranoia con la homosexualidad latente. Freud descubrió genialmente esta relación por una análisis del famoso caso Schreber(11). Éste era presidente de una corte de apelaciones sajona, y había sido cuidado por Fleschig en una clínica de Dresden. Se rebeló contra el ilustrado profesor en un libro justificativo en el cual descubre todo su delirio. El análisis de este libro permitió a Freud encontrar la base homosexual de su delirio de persecuciones. Según el genial psicopatólogo la inversión sexual comporta una regresión a ese estado. Hay una fijación patológica a la madre en esa detención del desarrollo del instinto sexual. Para explicar el delirio de persecución, a más de la fijación y represión, descubre otros dos mecanismos, el de irrupción o represión abortada, y el ya mencionado de proyección. El sentimiento homosexual se hace manifiesto a pesar de la censura, pero el objeto de su adhesión es transformado por la proyección, que juega un rol capital en la génesis de las ideas de interpretación-persecución. La idea de persecución consiste en que "una impresión nacida del individuo es reprimida y cambia su contenido, debidamente transformada, y reaparece bajo la forma de una impresión venida del exterior". “La hostilidad que el perseguido atribuye a los demás, es un reflejo de sus propios sentimientos hostiles contra ellos. Pero como el paranoico convierte en su perseguidor a la persona de su propio sexo que le es más querida, habremos de preguntarnos de dónde procede esta inversión del afecto, y la respuesta más próxima sería que la ambivalencia sentimental, siempre existente, procuraría la base del odio, intensificado luego por el incumplimiento de las aspiraciones amorosas"(12).

Debemos declarar que no hemos encontrado de una manera indubitable esta relación en el estudio del procesado. Para llegar a una conclusión neta a este respecto sería necesario mucho más tiempo del que hemos dispuesto. Pero hay una cantidad de hechos que nos autorizan a admitir como cierta la mencionada psicogénesis, Ante todo cabe advertir que de la inversión declarada hasta la latente hay numerosos matices e inclusive puede mediar un abismo.

Recordemos algunos detalles de la historia que antecede: es fuertemente sugestivo cómo a través de los años las bromas a X se han centrado particularmente sobre la dudosa condición de su sexo. Y ya vimos cómo sus maneras, su fineza, su mirada, parecían provocar en muchos jóvenes con quienes mantenía relación amistosa esta impresión de feminidad; contrasta ésta con la afirmación persistente y real de virilidad por parte del procesado y parece cierto que en ningún momento sus actos han dado pie firme para que lo consideren invertido.

Por otra parte los antecedentes demuestran que sus padecimientos nerviosos, íntimamente vinculados a su homosexualidad latente, ya remontan a muchos años, a su adolescencia y hasta su niñez. Sin aventurar hipótesis carentes de base es legítimo suponer una estrecha relación entre los traumatismos morales sufridos por él en la niñez y en la iniciación de la pubertad, cuando se enfrenta con la dura realidad de la vida en la Escuela Naval, y sus padecimientos nerviosos y el delito cometido. Algunas veces nos ha repetido que sus sufrimientos, y aún el hecho mismo, eran la consecuencia de lo que había padecido en la Escuela, herida nunca curada, llagas siempre abiertas, repite X. Cuando le pidieron que entregara su mesa de trabajo y al relatarme ese detalle exclama: "¡la Escuela Naval debía perderme" Parecería referirse sobre todo a los rumores propalados por ese antiguo compañero, pero también a esa “llaga siempre abierta". Y al referirse a Santa Cruz recuerda que era exactamente como esos brigadieres que lo habían dirigido y castigado en la Escuela Naval sin negarle las condiciones de cultura y de afectividad que los testigos reconocen en la víctima, que tenla seguramente la petulancia propia de su fuerza y juventud.

Tienen fuerza demostrativa para la tesis que sustentamos, y elocuente, las palabras que en la desesperación repetía a su madre al decir «que lo acorralaban como a ave en un gallinero por su distinto plumaje". Así como su persistente deseo de demostrar que era tan hombre como cualquier otro. El que se siente seguro de ello no necesita hacerlo manifiesto.

Sin llegar a los términos de las paranoias graves que Freud estudió, parece demostrado que X ha necesitado formularse de alguna manera la teoría de las alteraciones que sufría, y el delirio abortivo que de esta formulación salió no expresaba más que una profunda alteración afectiva y tal vez orgánica. Todavía después del delito necesita motivos conscientes para justificarse, y reconstruye día a día, tal vez sin creerlo por entero toda la trabazón lógica de las ofensas recibidas y de la legítima reacción, no tan legítima por cierto ante los ojos de los demás, y ¿por qué no decirlo?, tampoco ante los suyos, como se ve por la acentuada angustia que sufre al recordar el hecho n

 

 

Notas

1.        La Semana Médica. No 22, 1932.

2. Ernest Dupré. "Pathologie de Vimagination et de I'émotivité", 1925, pág. 497.

2.        Oswald Bumke. "Tratado de las enfermedades mentales", pág. 582.

4. Dupré. Loc. cit., pág. 500. Grühle abunda en el mismo sentido, “Psiquiatría del médico práctico", págs. 54-

5. G. Perrin. Les Paranoiques, pág. 386. N. Maloine, editor, 1927. La Criminalité Paranoique. "Études criminologiques”.. Recueil Sirey, marzo de 1930.

6. Véase, por ejemplo, la segunda parte de Les Paranoiques, de Genil Perrin,

París, 1927.

7. Bumke. Loc. cit., pág. 576.

8. Freud. Análisis de un caso de paranoia crónica. (Adición en 1924: quizá más exactamente, de "dementia paranoide?.) En tomo XI de la versión castellana de las Obras completas, pág. 251.

9. Freud. Loc. cit., tomo XIII, pág. 278.

10. Altavilla. Psicología giudiziaria, 1929, pág. 195.

11. Recientemente traducido al castellano en el tomo 16 de las Obras completas. "Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia autobiográficamente descrito".

1.      12. Freud. Loc. cit., tomo XIII, pág. 282.