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Contribución a la

Psicopatología Sexual Infantil(1)

Lanfranco Ciampi

 

 

Es opinión corriente que las anomalías o psicopatías sexuales y, en general, todas las manifestaciones eróticas, no pueden verificarse antes que la explosión puberal no haya transformado el organismo a su madurez. El mismo Freud decía que "solo, excepcionalmente una niñita corrompida puede llegar a otro acto que no sea la masturbación clitorídea".

Sin embargo, ya autores de la importancia de Stanley Hall, de Bleuler, de Moll, de Hug-Hellmuth, habían puesto de relieve las manifestaciones somatopsíquicas de la sexualidad infantil durante el desarrollo mental y moral del niño. El que más que todos los otros, llamó la atención de psicólogos, de educadores, de psiquiatras fué Freud con su bien conocida doctrina sobre la sexualidad como causa de psicosis o neurosis.

Aparte de esta y de todas las discusiones surgidas sobre este argumento, aquí y allá en todos los países del mundo, subsiste el hecho, de que hay casos de niños en los cuales la aparición de los trastornos psíquicos se relacionan directamente con el aparecer de manifestaciones evidentemente sexuales. Es sobre uno de estos casos a que se refiere el presente trabajo, del cual paso a detallar la historia clínica.

Datos suministrados por la madre: Se trata de una niña, hija natural, nacida de madre muy joven (13 a 15 años) substraída a los cuidados maternos en seguida de nacer y confiada a una familia del campo, cuyo paraje la madre ignoró por 9 y 1/2 años. A esa edad la niña volvió al lado de la madre la cual convivía con un hombre que no era el padre de la niña ni el marido legal de la madre. Pronto se advirtió que la niña se masturbaba extraordinariamente. Fué reprimida primero y aconsejada luego continuamente y sin resultado. Un día queriéndose justificar confesó llorando lo que le había pasado. Hasta cumplido los siete años se mantuvo bien y buena. A los ocho, un joven de la familia donde ella vivía, de 16 a 17 años, comenzó a acariciarla y más tarde a tocarle las partes genitales que luego también lamía.

Sintió repulsión y comunicó dice la niña, el hecho a la persona mayor de la casa; pero no fué creída. El joven insistió y terminó por consumar el coito anal. Después, previo múltiples tactos y tocamientos, logró también realizar el coito fisiológico. El dolor experimentado fué grandísimo, pero luego el placer lo reemplazó. El joven solía también hacerle presenciar un coito con una sobrina de 14 o 15 años y la amaestró más tarde a lamer las partes genitales de esta última después de realizado el acto sexual. Estas maniobras producían a la niña deleite progresivamente intenso y cuando no tenía cerca al joven ni a la sobrina para acariciar sentía un deseo indecible de masturbarse. Con el andar del tiempo cuando el contacto con el hombre o la sobrina no podía verificarse, la masturbación no le bastó y pensó entonces en amaestrar –y lo hizo con éxito– un perrito de la casa a la práctica del coito. Le excitaba manualmente el pene, que luego introducía ya en su vagina ya en su ano.

La práctica libidinosa la dominó completamente con el andar del tiempo tanto que no podía pasar un sólo día sin masturbarse varias veces o tener contactos con el hombre, la sobrina o con el perro. No pasaba un minuto sin que su espíritu estuviese ocupado por la idea lasciva. Alejada del ambiente, la privación del placer a que estaba acostumbrada la exacerbó. En el nuevo medio, casi inmediatamente surge el deseo impulsivo, continuo de practicar los mismos actos con la madre primero y después con el padre. No encuentra medios por hacer comprender su deseo. Entre tanto se conforma con repartir generosamente sus caricias, espiar desnudeces, aprovechando todos los pretextos, empleando todos los medios, y con entregarse desenfrenadamente a la masturbación. Pero la continuación de su abstinencia enciende más su pasión.

Puesta un día a dormir al lado de un niño de dos años lo masturba hasta provocar la erección de su pene, que luego introduce con el explicable trabajo, en su vagina. Otra vez durmiendo con una sobrinita de 5 años trató de practicar actos libidinosos con la misma; pero como la reprimiera, le cobra un odio mortal. Refiere también haber tenido relaciones labiales y manuales con una mucama. Pero el deseo de las caricias maternas y paterna, que no pudo realizar la atormenta tan preferentemente que un día sintió nacer un sentimiento violento de celos y de odio contra la madre y concibió la idea del homicidio (matar a la madre para poder vivir maritalmente con el hombre que ella creía su padre). Más tarde, en vista de la conducta de su supuesto padre le hizo alcanzar su odio. Entonces, de la idea pasó al hecho: puso un polvo blanco que creía venenoso en la leche (una vez ácido bórico, otra vez probablemente lavandina. Pero como los padres se dieron cuenta, ella los amenazó de tal manera que decidieron desde entonces encerrarse para pasar la noche. Lo cual era aprovechado por ella para espiar por el agujero de la llave, situaciones más libres y masturbarse luego más a su gusto.

Estado de la niña el 12 de Enero de 1921: La niña me confirma con detalles todo lo que acabo de exponer, confiesa odiar a la madre y al padre a pesar de lo bien que la tratan y solo porque "no consienten en hacer lo que ella desea». Asegura que todos los pensamientos, de día y de noche, giran sobre la misma cosa; que no puede pasar sin masturbarse y que la masturbación es asimismo insuficiente para satisfacer su orgasmo pasional

Confiesa también que para ella es igual entretenerse libidinosamente con un hombre o con una mujer, con un niño, con un joven, o con un viejo. A las consideraciones éticas que se la hacen contesta que reconoce la razón que querría enmendarse, pero que su voluntad es demasiado débil ante la prepotencia del deseo.

Durante toda la visita se comporta correctamente; presenta fisionomía triste y preocupada. La madre dice que también en su casa está siempre seria que nunca ha podido sorprenderle una sonrisa, como si un pensamiento doloroso la dominara constantemente. A su vez, la niña dice que a pesar de poseer muchos juguetes, revistas, etc., nunca siente el deseo de emplearlas; que cuando le daban clase, no podía atender la lección, que duerme muy poco, que no puede dormir sino se masturba antes, y que cuando se duerme sueña escenas libidinosas con el padre o con la madre, sobre todo con el primero.

Examen practicado el mismo día: Estatura 134 ctms. Peso 32 kilos. Labios pálidos y bien adherentes, como un espasmo; el inferior más bien grueso. Leves atipias auriculares. Axilas desnudas. Mamas infantiles. Muy poco vello en el labio superior. Cabellera de implantación baja, Algunos vellos sobre la piel que recubre los grandes labios. Monte de Venus notablemente desarrollado,

Examen neurológico negativo. El examen psíquico revela nivel mental normal.

Como tratamiento me limité a aconsejar el alejamiento inmediato de la niña del ambiente familiar y el internado en una casa especial de educación.

Estado de la niña el 24 de marzo de 1921: Volví a visitar a la niña en un Colegio dirigido por hermanas, en el que fué internada en Enero de 1921. :se acerca a mí, sonriente, diciendo que está contenta u satisfecha, que no piensa más en el pasado ni en las cosas pasadas, que no hace ya cosas malas, que no tiene pensamientos libidinosos, que "ya no tiene tentaciones". Ha reconquistado el sueño, cree que ya no sueña y en todo caso no sueña asuntos eróticos. Trabaja y aprende con placer. Espera que así podrá ser "una buena señorita".

Refieren las hermanas de caridad que al llegar al Colegio estaba seria, pensativa, mustia, nada comunicativa; y que después de algunos días bajo la influencia de continuas exortaciones, consejos y consideraciones sobre el pecado, el perdón de Dios, la perdición del alma. etc., confesó llorando toda su vida e insistió en que quería recibir la confesión ritual.

La confesión fue retardada y este retardo encendía en la niña, cada vez más, el deseo de pedir perdón a Dios (es de notarse que no había recibido hasta aquel momento, ninguna educación religiosa ni confesional).

La idea del posible perdón divino se posesionó poco a poco de la niña y fué sustituyendo la idea libidinosa.

Llegada la confesión y la comunión consiguiente, la niña cambió de humor, mejoraron sus condiciones físicas y se aplicó al trabajo. Desde entonces el comportamiento de nuestra enferma es de los más correcto que pueda imaginarse. Más aún parece que una compañera intentó, en cierta ocasión, practicar con ella un acto libidinoso y que ella llevó con enérgica protesta la respectiva denuncia ante las hermanas.

Estado de la niña el 9 de julio de 1923. He vuelto a ver a la niña; se mantiene en las mismas condiciones. Me contesta que no piensa más en el pasado del cual solo una parte de culpa le corresponde; que no siente ya aquellos deseos que antes no pudiera dominar; que solo una que otra vez ha sentido durante este largo período de tiempo la voluntad de masturbarse pero que asimismo ha podido dominarse. Agrega que no desea salir del Colegio porque es aún demasiado joven y el mundo está lleno de peligros. Que quiere mucho a su mamá, pero sólo "como una hija quede querer a su madre".

Manifiestan las Hermanas de caridad que la niña se ha portado siempre como una correcta señorita.

Hace un año que menstrua y su menstruación es regular y normal. Ningún trastorno físico ni psíquico durante el período pre o post menstrual. Se aplica con empeño a las diversas labores. Se confirma la integridad de su capacidad intelectual.

Algunas consideraciones sobre el diagnóstico de este caso: Me parece que la historia que terminamos de resumir nos impone la necesidad de precisar si estamos en presencia de una forma de criminalidad o de un sindrome neuropático o psicopático.

a) ¿Nos encontramos con un sujeto afecto de la llamada inmoralidad constitucional con integridad mental? Anticipamos que algunos autores –por ejemplo Mendel y Bingswanger– niegan que la inmoralidad constitucional, pueda albergar en un sujeto contemporáneamente no afecto de debilidad mental. Pero hoy se ha probado , que si bien poco numerosos, existen casos con evolución intelectual completamente normal, los cuales presentan anomalías graves en su organización ética.

Otros objetan que en la infancia y en la niñez, no se puede ni se debe hablar del desarrollo, de anomalías, de deficiencias de moralidad, porque ésta no ha tenido tiempos de constituirse y no se constituirá sino después de la pubertad. Tal opinión, según nosotros, no merece ser tomada en serio, dado también que el niño tiene su moral, como tiene su lógica. Tanto esta como aquella no serán parangonables, dado el relativo grado de desarrollo, con la lógica y la moral de los adultos, pero no por esto, tenemos el derecho de negar su existencia. Recuerdo a este propósito que De Sanctis, opinaba que las tendencias morales e inmorales se vislumbraban desde la primera infancia.

En conclusión, creemos que en nuestro caso, no se trata de inmoralidad constitucional, no ya porque el nivel intelectual es absolutamente normal o porque pensamos que dada la edad, no pueda hablarse ni de inmoralidad ni de moralidad, sino por el decurso constatado durante largo tiempo.

En nuestro caso no se notó ninguna anomalía ética antes de los 8 años ni después de los 11 años y medio. Las anomalías de que hemos hablado se iniciaron después del traumatismo psicosexual que hipertrofió o despertó la psico-sexualidad, según se admita o no una sexualidad infantil.

Si se quiere contar el caso entre los amorales se parecerá más apropiado el diagnóstico de la llamada "atrofia ética" en el sentido de Ziehen, es decir, una anormalidad adquirida por causas mesológicas.

Entrando más detalladamente en el asunto, esto es, en la especificación de la amoralidad, se podría invocar la perversión sexual, si no faltase la característica de esta, en el presente caso. En efecto, la verdadera perversión implica, además de aparecer tarde (en la época de la pubertad), al decir de Tanzi, "una orientación decisivamente contraria a la función genética". Es también opinión general, que no se debe hablar de verdadera perversión cuando el orgasmo instintivo invencible hace recurrir temporariamente –y a falta de mejor– a otros sustitutivos y cuando, como en el período puberal, la ignorancia del adolescente encuentra momentáneamente la satisfacción erótica fuera de la heterosexualidad. En otras palabras, el verdadero pervertido tendría ya trazado un rumbo definitivo, estable, incoercible.

En nuestro caso, nos encontramos frente a un sujeto que para tener la satisfacción erótica incoercible, acepta cualquier maniobra: el coito completo, la masturbación; el coito con animales como el coito anal; el lamer de genitales femeninos como de los masculinos. El deseo erótico es universal: hacia la sirvienta como hacia los animales; hacia el padre como hacia la madre; hacia el niño o la niña como hacia el anciano o la anciana, etc.

Ciertamente, sería un caso en el cual la teoría del hermafroditismo psíquico, de la bisexualidad infantil, parecería encontrar consistencia. Es conocida la opinión de Freud por la cual, las perversiones sexuales no serían síntoma de degeneración, sino solamente derivados de la bisexualidad originaria que normalmente evolucionan hacia la homosexualidad; Krafft Ebing considera que la predisposición bisexual consiste no solo en la coexistencia de órganos bisexuales, sino también de centros bisexuales( masculinos y femeninos). Block considera de hecho que la inversión sexual es un fenómeno biológico.

La precocidad de tal anomalía en nuestra enfermita se podría explicar bien con la teoría admitida por varios autores (Feré, Garnier, Binet, etc.) además de Freud, según la cual, el origen de la aberración se debería a incidentes de corrupción provocados por adultos en sujetos inexpertos, en períodos prepuberes o puberales. Se trataría de una canalización de las tendencias eróticas no aún bien fuertes, hacia caminos nuevos que sería recorridos con perseverancia sin tentar otros: los normales. Pero admitido esto no encontramos el modo de explicarnos el comportamiento de la niña, el estado de orgasmo continuado, la necesidad infrenable, los trastornos psíquicos tan evidentes dado que la mayoría de los casos de perversiones sexuales se presentan sin este cortejo de síntomas.

b) Lo que más me ha sorprendido en el primer examen de la niña fué el estado de orgasmo, de ansiedad, de angustia en que se encontraba. ¿Fué este estado de ansiedad y de angustia, que determinaron un verdadero estrechamiento del campo de su conciencia, que provocaron una verdadera pérdida de su autonorma psíquica, que le hicieron concebir la idea del crimen? En realidad, los trastornos a tipo incoercible y obsesivos, la emoción dolorosa persistente, la conciencia de los impulsos, que la enfermita reconoce como monstruosos, pero que confiesa no alcanzar a dominar, la facies particular presentada... me hicieron pensar en un sindrome de obsesión sexual impulsiva, o uno de los casos que Freud llama efectos de Angstneurose o psiconeurosis de angustia.

Casos de obsesión sexual impulsiva, son bien conocidos en la literatura. Basta recordar dos trabajos recientes (1921) sobre este argumento: el uno de Claude y Biancani y el otro de Barbé y De Laulerie. Como síntoma, además, se puede encontrar en la epilepsia, en el alcoholismo, en la histeria, en la vesania, en la parálisis progresiva, en la psicastenia (Pitres y Regis) enfermedades que podemos excluir en nuestro caso.

Pitres y Régis dicen que hay una obsesión constitucional y una obsesión accidental. Devaux y Logre consideran una constitución ansiosa, una psicosis ansiosa y una crisis ansiosa. Estos dos últimos autores reprochan a Freud haber confundido un desequilibrio primitivo constitucional con un desequilibro secundario, reactivo. En efecto, Freud cree que la neurosis y psiconeurosis ansiosa sea una reacción secundaria a una perturbación de la vida psico-sexual, mientras los autores franceses consideran como factor patogenético esencial de la psico-neurosis ansiosa a la constitución emotiva.

¿Quién podría negar que todas las neurosis o psicosis afectivas tengan un substratum, una predisposición en la dinámica instintivo-emotiva? Si se considera bien que esa dinámica instintivo-emotiva, sobre la cual recientemente ha insistido el doctor Steke1, debe presentarse más prepotente en la época infantil dada la imperfecta organización de los poderes inhibitorios, podemos pensar que un traumatismo psico-sexual de la importancia del que sufriera nuestro sujeto a la edad de siete u ocho años, es suficiente, por sí solo, para provocar el sindrome psicopático. El mismo Freud ha descripto un estado ansioso particular observado en los adolescentes, que denominó virginale angut.

No obstante todo esto, y dejando de lado las discusiones doctrinales, nos inclinamos a creer que en nuestra enfermita se tata de una crisis ansiosa con obsesiones sexuales impulsivas, favorecidas en su desarrollo por dos factores: a) Una predisposición hereditaria. b) El violento precoz traumatismo psico-sexual. En efecto, los deseos sexuales cuya violencia llegó hasta hacerle tentar el crimen para podemos satisfacer, encontraron rápidamente, al desaparecer de la influencia del traumatismo psicosexual y bajo la fuerza de la persuasión educativa, una de rivación en el sentimiento religioso; cosa que no se verifica tan fácilmente en los amorales constitucionales o en los ansioso constitucionales, y que demuestra, a mi modo de ver, el mecanismo de producción de los trastornos presentados por la niña; mecanismo por otra parte, ya descripto por Lowenfeld. Según este autor, las obsesiones ansiosas tienen habitualmente por causa predisponente la herencia, y por causa ocasional un choque emotivo accidental.

Antes de terminar, nos parece conveniente, dada la difusión del psicoanálisis en el arte, en la pedagogía, en medicina, intentar la explicación en términos psicoanalíticos.

La sexualidad infantil de la niña se hipertrofia y se canaliza por las enseñanzas del joven de 17 años. La masturbación, la heterosexualidad, la homosexualidad provocan la llamada condensación, es decir, la amalgama de ideas del mismo tinte afectivo (Verdichtung, de Freud).

Una primera represión determinada por la imposibilidad material de practicar el coito o actos sexuales derivados, provocan la perversión (coito con animales). Una ulterior represión, verificada cuando fuera retirada del seno de la familia que la crió, determinó el complejo materno y paterno y más tarde el estado psicopático.

Por último, nos encontramos ante el fenómeno llamado de la conversión o sublimación (Sublimierung de Freud). Es una derivación mística, benéfica, satisfactoria para la niña. Con ella no se ha anulado la prepotencia sexual sino que se ha sublimizado en el amor a Dios.

Podemos preguntar: ¿Durará este estado? Hace más de 16 meses que se mantiene invariable. Es un signo de garantía el hecho de que la conversión se refiere sobre todo al sentimiento y no a la inteligencia, que toda la energía afectiva se ha transferido en la dirección mística; no se trata d la convicción intelectual convertida que puede ser poco duradera, sino de sentimiento convertido, que aferra, domina y mantiene también convicciones débiles.

 

1. Rev. del Centro de Est. de Cs. Médicas. Año 1. No 2. Set. 1923.

 

 

 

 

Bibliografía

 

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