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Primera parte

 

La psiquiatría en Rosario

Antonio S. Gentile(1)

 

 

Presentación

 

E1 momento fundacional de la psiquiatría rosarina podría datarse en 1927, año que cifra una década en la que se manifiesta el cruce entre los efectos del proceso civilizador que transformó a la Villa del Rosario en ciudad moderna y la democratización política de la sociedad argentina.

El positivismo social con sus premisas de orden, control y clasificación, amalgamado con un humanismo progresista sensible a los reclamos populares, justificó la necesidad de un dispositivo continente de esas formas de marginalidad social y diferencia existencial que son la locura y la debilidad mental. En este marco ideológico y político se encuentran las condiciones que hicieron viable la organización de la primera psiquiatría rosarina cuyas particulares características provocaron, paradójicamente, las críticas de un importante sector de la corporación médica organizada en la Facultad de Medicina.

Los nombres de Antonio Agudo Avila, Raimundo y Gonzalo Bosch y especialmente el de Lanfranco Ciampi recuerdan a los pioneros o fundadores de la psiquiatría en Rosario. Construyeron una psiquiatría reformista y progresista que no se redujo a ser una más de las especialidades médicas sino que insertó su práctica en lo social. Atender al loco y al débil excede la competencia del especialista para convertirse en una tarea comunitaria que precisa de la tutela del Estado y para tal fin la Universidad sería un instrumento idóneo.

El dispositivo de la primera psiquiatría rosarina tuvo componentes heterogéneos y se desplegó en cuatro ámbitos: 1. el jurídico: por esa connaturalidad entre razón y ley la psiquiatría es una disciplina imprescindible para la administración de la justicia; no extraña entonces que haya sido Raimundo Bosch –profesor de Medicina Legal- el gestor de la creación del Instituto de Psiquiatría en la facultad; 2. el ámbito asistencial, con la construcción del Hospital Psiquiátrico y de la Escuela para Niños Retardados; 3. el ámbito académico, a través del Instituto de Psiquiatría de la Facultad de Medicina formado por las cátedras de Psiquiatría (Gonzalo Bosch), Neuropsiquiatría Infantil (Lanfranco Ciampi) y Psicología Experimental (Arturo Mó, José Alberti, Ciampi ) y 4. el ámbito de la profilaxis social que se definió en los términos del higienismo sustentado en la prédica y las acciones de la filial Rosario de la Liga Argentina de Higiene Mental.

 

 

Modernidad y democracia.

Algunas historias urbanas, políticas y sociales

 

Rosario es una de las más importantes ciudades argentinas, ubicada en las barrancas del río Paraná, al sur de la provincia de Santa Fe. Es un nudo geoestratégico en la vinculación del Litoral Argentino con Uruguay, Brasil y Paraguay. Polo comercial e industrial de una región rica en recursos agrícola-ganaderos tiene más de un millón de habitantes que animan una vida artística y cultural intensa. Esta ciudad no tuvo fundador ni acta de nacimiento, se fue gestando. Después de Caseros fue la protegida de justo José de Urquiza durante su liderazgo de la Confederación. Nicolás Avellaneda decía que Rosario era hija de la Constitución de 1853, metáfora acertada para expresar que su crecimiento estuvo enmarcado en la nueva definición política del país.

 

Centenario y modernidad. Para los fines de la historia que nos interesa basta con señalar que Rosario se configuró como ciudad moderna en el curso de la segunda mitad del siglo pasado; epicentro del desarrollo explosivo de fuerzas productivas y actividades de intermediación, ofrecía a extranjeros y nativos la ilusión del rápido progreso económico y social. Competidora de la vecina Buenos Aires tanto por el puerto como por la aspiración a ser Capital de la República, es decir tanto en lo económico como en lo político, en pocas décadas su crecimiento sobrepasó las planificaciones de la burguesía dirigente y hacia el Centenario (1910) reclamaban solución graves problemas demográficos y urbanos.

Juan Alvarez nos cuenta en su magistral "Historia de Rosario" que en los primeros años del novecientos el espacio urbano rosarino toleraba el deambular desordenado y ruidoso de ciudadanos, animales, pobres y locos; escena en la que coexistían los gritos de los vendedores, los delirios de los locos sueltos y las lenguas extrañas de su numerosa población extranjera. Hacia 1910, después de recibir una nueva oleada de inmigrantes, la ciudad tenía 182,896 habitantes de los cuales la cuarta parte vivía en conventillos en condiciones de hacinamiento y promiscuidad. El censo nacional de 1914 indicó un aumento de casi 40.000 habitantes en cuatro años: 222.592.

En el “Tercer Censo Municipal de Rosario“ levantado en abril de 1910, se lee que es “muy elevado el número de huérfanos de padre y de madre, menores de catorce años y que el porcentaje con que figuran los niños extranjeros es pequeño", de 3.038 huérfanos, 2.758 eran argentinos y 280 extranjeros. Respecto a la población afectada por defectos físicos y psíquicos la relación es inversa, son mayoría los extranjeros y el censista comenta: "En este caso, fuerza es reconocer que llegan a la ciudad extranjeros que necesariamente serán para ella un carga”. La ciudad, que aún tenía mucho de villa, no contaba con dispositivos sociales, salvo la beneficencia, para dar respuesta a éste como a tantos otros problemas derivados de su crecimiento. En "Historia de Rosario» Juan Alvarez completa este cuadro agregando: “... alrededor de 27.000 cabezas de ganado –5.000 de ellas dentro de los bulevares Oroño y Pellegrini– eran toleradas por la autoridad, dentro del predio urbano. Pesebres, tambos y cocheras, desplazaban así a no pocas moradas aun en la sección más aristocrática de la ciudad...”.

Alvarez no lo cuenta en su historia pero es necesario añadir que las familias "decentes" toleraban otro tipo de contigüidad: el de las casas del floreciente negocio prostibulario que no se reducía al mítico "Pichincha". Héctor Zinni en "El Rosario de Satanás" y en “Prostitución y rufianismo” –este último en colaboración con Rafael Ielpi– relata admirablemente la mala vida en la historia rosarina.

¿Qué tipo de respuesta daba la sociedad a estos problemas? En los asuntos de los locos, los desamparados y los defectuosos "la carga" se repartía entre algunas Sociedades de Beneficencia. Los locos "pacíficos" podían andar sueltos integrados en el pintoresquismo ciudadano y ser atendidos de vez en cuando en el Asilo de Mendigos; si se trataba, en cambio, de locos "peligrosos” el destino era una celda policial a la espera de algún tren que los trasladara a Oliva o a Buenos Aires.

Todavía en 1921 el diario "La Capital" denunciaba las condiciones de promiscuidad de los enfermos mentales aislados en la alcaidía y reclamaba a los poderes públicos la creación de una Casa de Salud. Los chicos "huérfanos de padre y madre", sanos y defectuosos, sólo contaban con la beneficencia organizada en el Asilo de Huérfanos. Es decir que hasta los años veinte no existía una conciencia pública que promoviera la solidaridad social una política de Estado; esta función la expresará Hipólito Yrigoyen y se ensayará con la doctrina reformista e higienista de la primera psiquiatría rosarina, valioso antecedente del sanitarismo y de la acción social de la década 1945-55.

En la "Historia de Rosario”, Alvarez destaca como de "florecimiento cultural" a numerosas manifestaciones del período 1911-1920 que van desde el primer plan regulador del crecimiento urbano hasta la creación de la Universidad Nacional del Litoral. Es decir, durante ese período es posible constatar el funcionamiento de procesos o dispositivos civilizadores que "modernizan" y transforman efectivamente a la ciudad.

 

Democracia y reforma. Un año trascendente para la historia política argentina es 1912, año de la promulgación de la ley electoral Roque Saenz Peña que estableció el votó secreto y obligatorio. Hipólito Yrigoyen cree en la nueva ley y la Unión Cívica Radical abandona su abstencionismo y se presenta a la elección de diputados nacionales - la primera realizada bajo la nueva ley- en la provincia de Santa Fe, ganando la mayoría de los cargos y preludiando el triunfo que en 1916 llevará al caudillo radical a la Presidencia de la Nación. En la provincia de Santa Fe el partido de Yrigoyen mantendrá su liderazgo político hasta 1930.

No obstante los límites de la ley Saenz Peña –excluía a las mujeres, quienes recién con el peronismo serán electoras– significó abrir las puertas del protagonismo político a grandes sectores populares y por consiguiente a dignificar el estatuto de sus reclamos. En junio de 1912 el "Grito de Alcorta" denunciaba a los cerealistas que especulaban con el trabajo de los chacareros. En el 14 estalla la primera guerra mundial; en el 16 asume Yrigoyen la primera presidencia y mantendrá la neutralidad argentina en el conflicto. En 1917 la revolución rusa instala la primera experiencia de un régimen comunista.

En 1918 la Reforma Universitaria manifiesta por un nuevo rol institucional de la Universidad y por la función de los universitarios en las transformaciones sociales; ese mismo año se fundó la Federación Universitaria Argentina, y el Primer Congreso Nacional Universitario propuso en Córdoba, en 1918, una nueva ley universitaria.

A esta altura es cuando la historia grande se engarza específicamente con la historia que estamos relatando. Yrigoyen, cuyo personalismo era motivo de acérrimas críticas por los grupos estudiantiles ajenos a su partido, apoyó a la Reforma y promulgó la nueva ley universitaria. En 1919 se creó la Universidad Nacional del Litoral, estableciéndose en Rosario las sedes de las facultades de Medicina, Ciencias Económicas y Ciencias Matemáticas. En 1920 el poder ejecutivo nacional designó a los organizadores de la facultad de Medicina, Antonio Agudo Avila y Raimundo Bosch y el 20 de mayo del mismo año se inició el dictado de clases.

Raimundo Bosch es un nombre clave en esta historia. Protagonista de las jornadas de la Reforma fue elegido tesorero de la primera comisión directiva de la Federación Universitaria Argentina. "Hombre de don Hipólito» conformará con su colega José Benjamín Abalos una referencia de fuerte convicción irigoyenista y de gran capacidad de acción política. Bosch será quién en 1928 promoverá en el consejo directivo de Medicina la creación del Instituto de Psiquiatría, respaldará siempre a Lanfranco Ciampi y será el pionero y primer profesor de Medicina Legal. El apoyo político se concretó también en lo económico; el Hospital Psiquiátrico pudo construirse en poco tiempo gracias a fondos aportados por el gobierno de la Provincia de Santa Fe y por el Tesoro Nacional como los procurados durante la presidencia de Alvear por el decano Rafael Araya.

Hasta aquí llegamos con los argumentos a favor de nuestra tesis de que la psiquiatría rosarina se implantó en lo académico no sólo por un progreso de la ciencia sino por el ejercicio de una política que se conjugó con necesidades sociales muy específicas que era necesario atender. Dibujando una parábola que nos permite abrir otro tema para otra ocasión, se podría comparar este proceso inaugural de la psiquiatría con aquel que durante el peronismo de los cincuenta favoreció el desarrollo de la psicología como disciplina y como profesión.

 

 

"La asistencia de los enfermos mentales según los criterios reformadores modernos"

 

Así se titulaba un extenso trabajo de Lanfranco Ciampi que la “Revista de Criminología, Psiquiatría y Medicina Legal” le publicó en el año 1922. Ciampi se había graduado en 1913 en la Real Universidad de Roma; en su formación influyó la enseñanza de Sante De Sanctis particularmente en lo referido a la psicopedagogía y a la psicología experimental.

Llegó a Rosario contratado en 1922 por Agudo Avila para organizar una escuela para niños "retardados" y se convirtió en el nombre central de la primera psiquiatría rosarina. Resulta ineludible presentar por lo menos una síntesis de ese escrito porque es un programa, un ideario progresista que racionalizará a todo el proceso de organización de la psiquiatría. Comienza así: “La sociedad, cada vez más preparada durante los últimos cincuenta años en sus funciones tutelares de la salud pública física y mental, se ha venido alarmando día a día con el aumento progresivo de la locura y de la criminalidad (…) Tan íntimamente ligada está la locura a la criminalidad, que en cuanto los poderes públicos, interesados objetivamente por las repercusiones sociales de la última, se dieron a renovar sus leyes inspirándose en los nuevos conceptos y en los criterios modernos, un movimiento similar recorrió enseguida el campo de la psiquiatría, y la fórmula que condense una técnica mejor, más eficaz y más humana que la actual en el tratamiento de los enfermos mentales, es hoy buscada con empeño por todos los psiquiatras".

Nótese la indicación del vínculo íntimo entre criminalidad y locura y la renovación en paralelo de derecho y psiquiatría en pos de un orden más humano. Le compete a la sociedad la función tutelar de la salud física y mental como a los poderes públicos –dirá más adelante– defender y proteger al enfermo, “a los insuficientes y los desmedrados”. El psiquiatra está comprometido en ese desafío reformista para “... propender a que la providencia social se amplíe y en primer lugar, entonces, modificar la asistencia de acuerdo a los dictados más modernos de la medicina...”. Presentamos a continuación un resumen muy esquemático pero elocuente de las reformas que Ciampi proponía.

a. Los enfermos mentales necesitan de una atención médica especializada;

b. los profesionales médicos y no médicos de una capacitación para cumplir esa función;*

c. la psiquiatría no sólo debe curar los disturbios psíquicos manifiestos sino que debe dedicarse a prevenirlos;

d. es necesario clasificar –en principio- a los alienados en "agudos y curables" y, por otra parte, en "crónicos e incurables";

e. para la primera categoría (curables) se deben organizar hospitales psiquiátricos abiertos similares a los hospitales generales y ubicados en el área de la ciudad;

f. para la segunda categoría (incurables) se debe pensar en un hospital psiquiátrico cerrado tipo asilo o manicomio, ubicado en la zona rural para favorecer los trabajos de recuperación;

g. deben preverse instituciones especiales y separadas para los criminales-locos, los alcohólicos y los niños retardados;

h. para éstos se han de organizar institutos médico-pedagógicos;

i. el dispositivo higiénico-preventivo sería el consultorio externo o ambulatorio o dispensario dependiente del hospital pero funcionando por fuera de sus límites y con funciones de detección precoz y seguimiento;

j. inspirándose en la experiencia francesa de la Liga de Higiene Mental (1920), como así también en la norteamericana (1914-18) capacitará a un cuerpo de especialistas no médicos para las tareas preventivas de difusión, detección precoz y seguimiento, ese cuerpo de especialistas serán las "visitadoras sociales"; y

k. en cuanto a la detección precoz de la enfermedad mental se impone el desarrollo de la psiquiatría específica para los niños, la "Neuropsiquiatría Infantil” de Ciampi y su complemento terapéutico: la psicopedagogía a cargo de maestros especialmente capacitados, la llamada en aquellos años "ortopedia mental” o "psicopedagogía enmendativa”.

Esta mera descripción de las reformas propuestas por Ciampi es útil para caracterizar a un proyecto que se fue realizando entre 1925 y 1935. Nos interesa valorizar en ese plan integral de Salud Mental que promovió a la consideración pública –no sólo a la de los especialistas– temas fundamentales aún vigentes e irresueltos, plan que, si bien mantiene las operaciones de clasificación y segregación típicas de la psiquiatría tradicional, jerarquizó las acciones preventivas del higienismo habilitando un nuevo territorio para la pedagogía social desde el discurso médico y que limitó la competencia médica al propiciar la incorporación de especialistas no-médicos: las "visitadoras sociales” los psicopedagogos, los maestros especializados en la terapéutica de las enfermedades mentales.

 

 

Las definiciones doctrinales de la primera psiquiatría rosarina

 

En la segunda parte, donde figuran los documentos que compilamos, el lector podrá seguir con detalle el relato de Ciampi referido a la organización de la enseñanza de la psiquiatría como así también destacar los aspectos doctrinales que la animaron. El otro representante ilustre de esta psiquiatría fue Gonzalo Bosch quien ejerció la cátedra en Rosario hasta que asumió la dirección del Hospicio de las Mercedes de Buenos Aires. Seleccionamos un conjunto de citas en las que creemos se condensa lo fundamental de la doctrina.

Ciampi postula la necesidad metodológica del correlato entre lo psíquico y lo somático: "No podemos olvidar que nuestra personalidad está constituida por dos órdenes de fenómenos y que no es posible considerar únicamente las perturbaciones psíquicas sin pensar o estudiar las correlativas perturbaciones orgánicas: ni psicologismo absoluto entonces ni somatismo absoluto". Gonzalo Bosch en "El concepto de la locura" piensa en la misma perspectiva: “El hecho psíquico es una integración, a no ser que se pierdan sus características esenciales. El elemento psíquico es la persona (...) Ya se ha dicho que la persona es única e indivisa y como tal debe ser estudiada por la ciencia”.

En "El exámen del enfermo mental” Lanfranco Ciampi definió a la locura en estos términos: “Locura es un estado de la mente, es la conciencia desviada de sus normas habituales, es espejismo del conocimiento, fenómeno extraño de carácter objetivo y subjetivo que nos da placer o desplacer, que pone desarmonía en los mecanismos afectivos e intelectuales del psiquismo".

Lo significativo en estas definiciones es que desaparece la locura como entidad mórbida. Será un estado –hasta posiblemente placentero– de desequilibrio o desarmonía de los mecanismos del psiquismo al que no se lo reduce a "mente" sino que se lo equipara a "persona". Esta ausencia de enfermedad es puesta de manifiesto por Gonzalo Bosch en “Algunas consideraciones de orden psiquiátrico”: “Pensamos que la unilateralidad de nuestros entusiasmos y disciplinas es también funesto y para no incurrir en ello, debemos recostamos en la Clínica Médica en general, con sus puntales más sólidos: anatomía, fisiología, semiología, anatomía patológica, química y física y no olvidamos que la Psiquiatría es más que todo y por sobre todo., todo eso junto, es decir Clínica Médica, con esta particularidad, de acuerdo a nuestro criterio y que a primera vista parecería paradojal: clínica sin enfermedad en la gran mayoría de los casos que nos es dado considerar, formada casi exclusivamente a base de síndromes". Si la psiquiatría se define como clínica de síndromes será imprescindible para no perderse en el mundo de los signos, poder clasificarlos, organizarlos de un modo que le confiera consistencia y sentido.

"Necesitamos, pues, adoptar una terminología clara y una clasificación uniforme para entendemos y ... [ser] bien interpretados”. Así justificaban Ciampi y Gonzalo Bosch la clasificación de las enfermedades mentales que presentaron en la Segunda Conferencia Latinoamericana de Neurología, Psiquiatría y Medicina Legal celebrada en Río de Janeiro y San Pablo en julio de 1930, cuyo texto el lector dispone entre los documentos que seleccionamos. En esta clasificación es central el criterio de "autonomía" no sólo porque la organiza en su interior sino porque la vincula funcionalmente con la Medicina Legal o forense.

En cuanto al tratamiento de las enfermedades, esta psiquiatría "sin enfermedad” como decía Bosch, carecía de recursos terapéuticos específicos; sus prescripciones apelaban a la terapéutica clínica general y al dispositivo de la higiene mental. Lanfranco Ciampi fundó el 19 de noviembre de 1930 la filial rosarina de la Liga de Higiene Mental con el objetivo de impulsar y sostener campañas preventivas.

En síntesis, la doctrina forjada por Ciampi, Gonzalo y Raimundo Bosch proponía una psiquiatría independiente de la neurología, recostada en la psicología, la clínica general y la acción social del higienismo. Una especialidad sui generis porque carecía tanto de una definición precisa de la patología como de la determinación de la etiología. Era, a nuestro entender, un conjunto de ideas y procedimientos justificados más en condiciones políticas y necesidades sociales que legitimado desde lo científico o lo académico. Creemos en tal sentido que las resistencias que vinieron desde los médicos referenciados en la cátedra de Clínica Neurológica de Teodoro Fracassi se produjeron por esas imprecisiones y paradojas que le restaban eficacia y credibilidad científica al mismo tiempo que le confirieron notable originalidad.

 

 

La cátedra de Neuropsiquiatría Infantil y la ortopedia mental

 

Su fundador y principal cultor, Lanfranco Ciampi, la consideraba la primera cátedra universitaria de su tipo organizada en el mundo. En 1916 a partir de un proyecto del concejal Daniel Pérez se creó la Escuela Municipal para Niños Retardados pero no funcionó hasta 1922, año en el que se lo contrató a Ciampi para que la organizara y fuese su primer director. En agosto de ese año se inauguró el curso con veinte alumnos; otro psiquiatra, Francisco Crespo, era asistente de Ciampi en la escuela. En 1923 se traslada a un local vecino a la facultad de Medicina y allí Ciampi dicta el primer curso universitario de Neuropsiquiatría Infantil. En 1925 se traslada al predio del Hospital Psiquiátrico y en 1927 se inaugura un pabellón modelo que se le asigna en exclusividad dentro del mismo hospital y en el que funciona en la actualidad (1998). En 1928 la Escuela se integra al Instituto de Psiquiatría como Servicio Asistencial dependiente de la Cátedra de Neuropsiquiatría Infantil.

La Neuropsiquiatría Infantil fue una de las tres materias que conformaron la enseñanza universitaria de la Psiquiatría. El objetivo era el estudio científico de todo lo relacionado con la infancia desprotegida para enmendar sus déficits y protegerla de la delincuencia y la locura. Dentro del corpus doctrinario de la Psiquiatría cumpliría con la función de constatar clínicamente la actuación de los "factores realizadores" de la enfermedad mental durante la "edad evolutiva". Así como el rol de la Psicología Experimental era el de conferir una positividad alternativa a la de la Neurología, la Neuropsiquiatría Infantil investigaría la génesis –Comienzo y desarrollo– del trastorno durante la infancia. Estas enfermedades de la infancia son especificidades clínicas que necesitan una psiquiatría particular auxiliada por la pedagogía en función enmendativa de las inhibiciones causadas en el cerebro del niño por algún factor conocido o desconocido. Los recursos de esta "ortopedia mental" serán diversos pero todos "estimulantes": ortofonía o reeducación del lenguaje, templanza del carácter y de la voluntad por medio del trabajo físico, actividades de laborterapia (encuadernación, cestería, tejido, etc.).

¿Cómo funcionaba la sociedad terapéutica entre el médico y el pedagogo? El médico debe tratar el terreno constitucional y la “nerviosidad: indicará tratamiento tónico en los niños debilitados y calmante en los emotivos". Cuidará de eliminar todo foco infeccioso. Tan importante como este tratamiento físico es el tratamiento espiritual: “Con su autoridad moral el médico persuadirá al enfermito de la posibilidad de librarse de su enfermedad (psicoterapia)" (...) "El médico confiará su enfermito únicamente a un maestro especializado en ortofonía: de otra manera empeorará el trastorno". En estos términos Ciampi describía el plan terapéutico.

Destaquemos que la "psicoterapia" era entendida como una modalidad del ejercicio benéfico de la autoridad moral del médico. Desde el ejercicio de esa autoridad por el arte de la persuasión se buscaba un efecto de confianza en la posibilidad de liberación de un mal; esa autoridad, entonces, no era privativa del médico y por lo tanto él podía delegar en el maestro especializado o en una institución adecuada, como un internado de monjas, la templanza del carácter y los recursos para la sublimación de las fuerzas instintivas. El tratamiento psicoterápico era en realidad una variación de la pedagogía- especial o "enmendativa”. El lector dispone de un caso clínico ilustrativo de lo que venimos exponiendo en la segunda parte de este trabajo.

La teoría impulsada por Ciampi le asignaba valor a la investigación sobre la infancia y la niñez –la "edad evolutiva"– porque durante los seis o siete primeros años actuaban los "factores realizadores” los motivos singulares, de la futura enfermedad mental. Si bien se le asignaba importancia a lo constitucional, al mismo nivel se promovía el valor de una categoría indefinida, pero que fue tomando consistencia en el discurso médico, para referir tanto a una de las posibles causas de los trastornos como para nombrar a una fuerza interviniente en todo tratamiento; nos referimos a "lo afectivo" o "lo emotivo". Un choque emocional violento bien podía ser una causa eficiente, el "factor realizador", de un severo trastorno mental que de no ser tratado invalidaría al sujeto de por vida. Vale aquí destacar las referencias al psicoanálisis freudiano que muy tempranamente hacía Ciampi; el psicoanálisis era uno de los puntos del programa de estudios de las cátedras.

La investigación psiquiátrica de la infancia –la Neuropsiquiatría de Ciampi– dedicó mucha atención a un síndrome muy considerado en la época y que sería consecuencia de una infección, la "encefalitis letárgica", enfermedad que solía presentarse en forma epidémica y que sería causada por un virus, nunca identificado, que atacaba a órganos encefálicos; presentaba varios síntomas que podían ser interpretados como exclusivamente psicológicos y si no tenía un curso favorable sus secuelas eran graves y entre ellas se destacaba la "atrofia ética post-encefálica". La Neuropsiquiatría Infantil prestó mucha atención a esta patología y no obstante que su etiología orgánica nunca fue precisada, la encefalitis letárgica y su consecuencia de atrofia ética servían para argumentar a favor del factor realizador toxi-infeccioso de una enfermedad mental que podía actuar tanto en la edad adulta como en la evolutiva. La grave secuela de la atrofia ética infantil post-encefálica relativizaba la importancia que se le asignaban a los factores hereditarios, especialmente a las taras, consecuencia de enfermedades1uéticas; por otra parte y en su relación con la criminología la atrofia ética postencefálica también se argumentaba en contra de la tesis lombrosiana que asociaba debilidad mental (siempre supuestamente congénita) con delincuencia juvenil. Ciampi advertía a los criminólogos de la "existencia de muchos niños los cuales, sin presentar taras familiares... después de una infancia normal... manifiestan, a raíz de una enfermedad –la encefalitis epidémica o letárgica– alteraciones y anomalías del carácter y de la conducta, que se agravan con el tiempo hasta convertirlos en inadaptables al ambiente familiar y social: son los niños perversos post-encefálicos ...”.

Ciampi calculaba que en Rosario y zona de influencia había entre 700 y 1400 chicos con discapacidades que necesitaban de la tutela pública por eso propició desde la Liga de Higiene Mental, en 1938, la creación y mantenimiento de la Escuela Especial "Sante De Sanctis" que se instaló en el populoso barrio rosarino de Arroyito (calle Misiones 1334). La Escuela tenía como objetivo la "reeducación de los escolares débiles mentales" y se proponía como modelo para que las autoridades provinciales crearan otras similares en todos los circuitos escolares de su jurisdicción.

Este compromiso del estado que Ciampi reclamaba se concretará años más tarde durante la experiencia peronista. Por esos cruces de la historia será un miembro del grupo de Fracassi quien retome y renueve mucho del ideario de Ciampi; nos referimos a Carlos Lambruschini encargado del sector psiquiatría, psicoterapia y psicoanálisis del servicio de la cátedra de Clínica Neurológica. En 1945, siendo Lambruschini Ministro de Salud Pública de la provincia de Santa Fe, oficializó las Clínicas de Orientación Infantil y, en 1948, dictó la lección inaugural de la Cátedra de Clínica Psiquiátrica (Niños) nueva denominación de la Neuropsiquiatría Infantil fundada por Ciampi. Será Lambruschini junto con Armando Asti Vera y Erminda Benítez uno de los fundadores de la primer carrera universitaria de psicólogo del país: la que organizaron en 1954 en la facultad de Filosofía y Letras de Rosario.

 

 

1. Psicólogo. Profesor Titular e Investigador Científico de la Universidad Nacional de Rosario. Pellegrini 1068 S' "D" (2000) Rosario. Telefax: (041) 815643. E-mail: asgentile@arnet.com.ar