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Miscelánea

 

Fisono-mías ó fisono-suyas

 

Por lo general, cuando leo una historia cualquiera, me encuentro con la palabra fisonomía, con la cual quieren dar á entender los escritores los rasgos salientes del sujeto que les sirve de modelo para sus elucubraciones.

¿Comprenden acaso que al decir fisonomía se refieren a sí mismos? Y si lo comprenden ¿quién lo explicó hasta ahora?

Suponeos una novela con veinte personajes distintos, y cada uno de ellos descripto con la palabra fisonomía.

Según un gramático de alienados, dicho escritor se habrá descripto á sí mismo, veinte veces diferente.

Suponed un momento que yo fuera escritor, y os describiera un tipo en esta forma:

"Su fisonomía, radiante de belleza, ataría todas la miradas".

¿No sería mejor dijese la fisonosuya radiante, etc., etc.? Porque el decir fisonomía quiere decir, según el gramático de marras, la propia fisonomía, la del que escribe y no la del tipo que se quiere describir.

Os presento, pues, un tema sabroso para vuestras charlas literarias, á vosotros oh literatos que no pertenecéis á "Ecos de las Mercedes"- y aún más todavía, me atrevo á pediros carta de ciudadanía argentina en el campo de las letras á la palabra fisonosuya, cuando haya necesidad de referirse á la fisonomía del prójimo.

 

 

 

¿Cuál es lo más natural?

 

Este pequeño estudio donde quiero demostrar al público para que juzgue mis opiniones y resuelva el problema de que yo sigo ocupándome desde hace mucho tiempo, y que por fin después de grandes esfuerzos, vengo á resolverlo fundándome en las filosóficas, psicológicas, etc.

El problema es el siguiente:

Cuál es lo más natural?

Aunque al lector á primera vista le parecerá extraño mi modo de parecer, pero no tardará en convencerse y asociarse á mis doctrinas.

Es sabido que toda persona al nacer, ya nace con el instinto hacia los placeres, hacia los honores y hacia las grandezas.

Mientras que una persona sana de la mente busca la satisfacción de su espíritu en los paseos, en diversiones públicas, el loco los encuentra en su propio pensamiento y delira con cosas extraordinarias.

Mientras un hombre de genio hace esfuerzos para conquistar renombre, para poder inmortalizar su persona, para perpetuar su memoria, el loco se complace con creerse grande y con esto sacia su ambición.

¡Cuántos muchachos y jóvenes no sueñan con Dante, Shakespeare, con Napoleón, etc.!

Se forjan ilusiones, y al componer un solo verso se creen á la altura de Dante!

 

Oh Delirium tremens!

Creo que no existe un solo hombre, que en su infancia ó en su juventud, no se ha creído capaz de ser grande, hasta que por fin llega la edad madura y el niño desengañado por causa de la experiencia amarga… se convence que sus ilusiones eran infundadas porque carecía del talento de Dante… y entonces sus ojos se abren á la triste realidad, y con su alma oprimida y llena de amargura ve desvanecerse sus ilusiones y tiene que resignarse. El tiempo perdido en vanas esperanzas lo desespera.

Todo lo escrito hasta aquí, –me refiero á una persona sana– (aunque no del todo) y he aquí el período que atraviesa el loco.

El se cree emperador, se cree sabio, se cree millonario. Sueña con palacios, con el mando, etc.

Cree que su fortuna es más que la de Rotschild ó que es Jesucristo en persona.

 

Será esta la sensación natural?

La ciencia ha encontrado que el querer el placer y el desear, son fenómenos psicológicos ó sea una sensación del cuerpo y del espíritu.

¿Cuáles son los medios verdaderos y naturales de satisfacer el espíritu? ¿El loco por medio de sus delirios que recibe la perfecta sensación según las leyes de psicología, que es la ley de la naturaleza humana, ó el hombre cuerdo que satisface su ambición, sin que le produzca el verdadero efecto psíquico como lo produce dentro del organismo de un demente?

Juzgad lector este problema y resolved por punto este tema, aunque dicen: mens sana in corpore sano.

Jamás aplique este lema,

Sinó: mens sana in corpore… de un insano.

Oh la grandeza de la locura!

 

Felipe Fuchs

Setiembre 29 de 1905

 

 

Delirium Tremens

 

La membrana en su lugar,

Y colocado el cilindro,

Dá al grafófono principio

Al instante á funcionar.

 

Se trata de una audición,

Tomada en el acto mismo

En que á un loco, en su delirio,

Lo desespera el terror.

 

– ¡Socorro, favor, favor!

Acudid todos aquí!

¡No me abandonéis así!

¡Llamad ligero al doctor!

 

¡Dios mío favorecedme,

Perdonadme si he pecado;

Dadme por favor amparo,

Ayudadme, protejedme!

 

¡Cierren bien todas las puertas,

Rezen por mí, yo no puedo;

Que los diablos del infierno

Me llevarán si me dejan!

 

¡Miradles como se agrupan,

Con esos ojos como ascuas;

Y en mi fijan sus miradas,

Como ya presa segura.

 

¡Ah! Dios mío yo no puedo,

Mi cerebro es un volcán;

Socórranme ¡por piedad!

Yo me sofoco, me muero!

 

¡Haced al cura venir,

Que me dé su absolución,

Que quiero en gracia de Dios,

Estar antes de morir.–

 

Aquí termina el cilindro,

Y habrá quedado al lector

La dolorosa impresión,

De lo que un loco ha sufrido.

 

 

El Hospicio

 

 

Mansión de infortunio y la canalla

¿Dime de quién tomas el nombre?

Aquí, donde el infame mundo calla

¿Por qué ha perdido su razón el hombre?

La Ciencia, está en su aurora, su mañana

La Religión en sus preceptos habla

Y el Arte con sus bellezas puebla

La mansión de la locura soberana;

Pero la razón, rayo luminoso

Que destella con toda su hermosura

En las obras todas del linaje humano

Al perderse altanera su estructura

Y solo deja en el cerebro el caos,

El falso juicio, que llamais Locura

Juan Mendilaharzú

B. Aires, Setiembre 28 de 1906

 

 

 

¡Dios te mande un accidente!

 

Al fin apiadado el cielo

De tu maldito vivir, Al ver maldita tu suerte

Y tus venganzas malditas,

Que te venga un accidente

Para siempre y para siempre

Y contigo cargue el diablo

Y revientes como un cohete

En tu reinado montado;

Con desbordes sin cuento

Y al diablo te sople el viento

Vil gusano, vil gusano,

Escoria de la tierra,

Eco enfermizo del hombre

Enemigo de los cueros

Y desórden del desorden;

Oscuro vientre que vives

Como linterna de muerto

Y si eres mujer que revientes

Como un ajo colorado,

Y ni semillas te queden

Sobre la tierra cristiana.

Y si eres barnís que seas

Del demonio sus pisadas

Y de tí Dios se detenga

Hoy, mañana y siempre.

Y como araña maldita

Te mueras en las paredes

Oscuro como la noche

Más oscuro que bulto visto

Fuera y dentro del Hospicio

En donde la vida ha sido

Para mí como los perros

Que viven solos en el oscuro

Ladrando á todo viviente.

Y que te corran hasta los frailes,

Las monjas y monaguillos,

Y que nunca oigas misa,

Y que no tengas ni risa

Ni puedas llorar tampoco;

Y que te conviertas en loco

Como el más loco de todos

De los locos que he conocido,

Falso pico de los pájaros

Remedador y sin nido

S. C. Muratorio

 

 

 

Velocimanía

 

 

¿A dónde vamos? ó mejor dicho ¿á donde van esos millares y millares de hombres, mujeres y niños, los niños por culpa de las mujeres y éllas por los hombres ¿dónde van, digo, como almas que lleva el diablo, montados arriba de expresos, eléctricos, biciclos, autos (?) móviles, caballos de carrera, globos y cuanto medio de locomoción ó locomanía inventados, para llenar el vacío que sienten sociedades apartadas del justo medio por excesos de placeres?

¿Llega más pronto? ¿les agrada jugar con el fin? ¿reciben más sensaciones voluptuosas que las naturales, las que solo dan una vida pacífica, reposada, patriarcal?

La estadística dice con cifras espantables las víctimas que causa la velocimanía, más ¡ay! que no hay una estadística todavía que diga las cifras de las víctimas de 2°, 3° y 4° grado etc., etc., (respetando la muy respetable del Hospicio de las Mercedes), que causan los velocimanos.

Es una clase de locura no bien clasificada aún, no obstante sería como negar la luz del sol, decir que no lo es.

Todas esas impresiones violentas, hórridas, fatídicas que reciben las personas que rodean á las víctimas de los velocimanos cuando ven cuerpos sanos, robustos, mutilados en plena vida, (el caso de Budkinghan Palace) ¿no dice nada al corazón y el cerebro de los hombres que tienen los medios legales de evitarlo?

Para ciertos espíritus comerciales (que resguardan muy bien por cierto sus cuerpos de semejantes catástrofes) estos renglones les resultarán de una insulsez y retrogradismo marcado, pero (¡ah! mis peros) para aquellos que desde un rincón por modesto que sea observan la proporción in crescendo en que aumentan las enfermedades de todas clases, la locura inclusive, con la cual se van ya formando pueblos enteros, la criminalidad, y las calamidades de toda especie que vá afligiendo á la humanidad doliente, aquellos no podrán ménos de exclamar ¡vamos despacio por Diós si queremos llegar sanos y á buen fin y ¡vade retro…! velocimanos, inventores y utilizantes de vuestros inventos…!

Y que el carro del progreso como dicen algunos, no sea el de llenar fosas y más fosas y convertir la literatura en una danza macabra de letras que no hablan más que de accidentes, muertes y heridas en todas las formas y maneras y millones de ladrillos empleados en guardar víctimas por reflejo de inventos que parecen destinados á cumplir otra vez las palabras de las Sagradas Escrituras “Torre de Babel”

 

G. Carreras

Enero 14 de 1907

 

 

Laudatoria

Al Dr. Helvio Femández

 

 

Es tu gloriosa cuna un país rico, floreciente

Que al mundo para ser grande ha venido,

Y de triunfos en triunfos alcanzado

El éxito más brillante y merecido;

Tú, como Cervantes y Espronceda, noblemente

Darás lustre á tu nombre ya afamado.

 

Tus escritos en la historia de la patria vivirán,

Y de tiempo en tiempo los hombres allí irán

A despertar su espíritu del profundo

Letargo abrumador.

Tu gloria ya resuena

Por los ámbitos regios de este mundo,

Y del cenit en la mansion serena.

 

Y cuando las lágrimas de los ojos se derraman

Es que los corazones ya te aman,

Nace el niño y se hace hombre; y ha sufrido

Ya tanto que en su cara entristecida

El color macilento se ha cernido

Con apariencia lóbrega y sombría.

 

¡Oh héroe que el destino ha encaminado

Por la azarosa senda del estudio,

¿Llegarás á la meta, ó en preludio

Dejarás tu alta obra de trabajo honrado?

Ya en muy breve tiempo el mundo lo sabrá,

Y con sus aplausos te consagrará.

 

 

Baldomero Casco

 

 

Laudatoria

Al Dr. Javier Brandam

 

Gracias mil Doctor Brandam

Por su constante asistencia,

En mi alma grabada está

De su espíritu la ciencia.

Cuando en la mortal congoja

El hado adverso me obliga

A exhalar doliente queja

Por el dolor de mi herida,

Siempre con noble cariño

Cura usted mis padeceres,

Y con la calma de un niño

Consolando mi aflicción,

Vuelve vida y movimiento

A mi yerto corazón.

 

Pedro Moro