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La virgen de las Mercedes

 

Pocas veces la sencilla capillita del Hospicio ha presentado una animación tan encantadora, como la que ofreció el día de su santa patrona, la virgen de las Mercedes.

El atractivo de bendecirse el bonito altar, donado piadosamente por la señora del director del establecimiento, era otro motivo para congregar numerosos fieles que deseaban rendir su tributo de oraciones, inclinándose reverentes ante la sagrada imágen de su devoción.

Lástima que el tiempo negara sus favores, escondiendo sus dorados rayos, que hubieran sido recibidos con júbilo como digna coronación de ese bendito día, cuyo recuerdo perdurará en cuantos asistieron á esa bella solemnidad.

El hermoso altar resplandecía de luces y flores, arreglado primorosamente por la Hermandad Siervas de Jesús Sacramentado, á cuyo cuidado se encuentra.

Las voces del órgano, con sus notas melancólicas ó agudas, avivaban el sentimiento religioso, y un murmullo cristalino de plegarias se alzaba entre el perfume de las olorosas flores y el incienso con que se glorifica al Padre de todo lo creado.

El sermón, á cargo del Padre Forcade, Misionero del corazón de María, fué una notable oración sagrada, teniendo felices momentos de inspiración en que brilló la elocuencia con acentos propios de la Sª virgen á quien se ensalzaba.

La banda de música del Hospicio se desempeñó con acierto, contribuyendo á alegrar el ambiente de cuyo propicio, con las mejores piezas de su repertorio.

La música recorrió las diferentes secciones de la casa, entre aplausos y gritos de alegría de los pobrecitos enfermos que se asociaban de este modo á la fiesta del día.

Terminamos, agradeciendo á las hermanas los agasajos recibidos; donde no faltaron el buen chocolate, los ricos pastelitos, dulce, vino, etc. etc., lo que es cuanto pueda pedir un pobre alienado, que desearía se repitieran fiestas tan agradables.

 

 

Rafael Zaldarriaga

Setiembre de 1905