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Nacionalización del Hospicio de las Mercedes

 

 

 

 

El Honorable Congreso de la Nación, acaba de prestar su aprobación al proyecto que establece la nacionalización de dicho Hospicio.

Justo es recordar en este momento, que fué al General Roca, á quien le cupo dictar el decreto de Enero de 1904 por el cual quedaba incorporado á la nación este benéfico establecimiento.

Mucho tiempo hacía que esta medida era reclamada, como medio de poner término á una situación dudosa, como era el hecho de que afluyeran de todas partes de la república personas atacadas de enfermedades mentales, teniendo el erario municipal de la capital que subvenir á estos crecidos gastos con sus solas rentas.

Allanado este inconveniente, la marcha de este importante establecimiento queda definitivamente regularizada y responderá más eficazmente á sus fines, proveyendo á todas las necesidades. La acción poderosa del estado, permitirá atender con esmero á los desdichados asilados, á quienes su infausta suerte los conduce aquí.

No es posible hacerlo todo de un soplo. Sin embargo, esperamos confiadamente que dentro de pocos años la capital de la república, tendrá una institución modelo en su género, que nada tendrá que envidiar á las más acreditadas de otras partes.

Pueden los señores congresales tener la seguridad que en cualquier momento en que pusieran los piés en esta casa, serían aclamados y llevados en andas, por los cuerdos y por los alienados que verían en ellos á sus benefactores. Y tanto han comprometido nuestra gratitud, que si un día el golpe de la suerte hiciera que alguno de ellos viniera á acompañarnos en nuestro infortunio, encontraría en nosotros compañeros leales, tal vez más leales y sinceros que los amigos cuerdos que hoy los rodean sonrientes, á la sombra de una feliz y aprovechable prosperidad. Al Sr. General Roca, enviamos á través de los mares nuestros más cordiales saludos, y si á su vuelta nos visita puede creer que lo recibiremos con palmas y con flores.

Enemigos de tributar elogios banales, por complacencia ó adulonería, creemos cumplir en el caso presente, con un deber de sinceridad, reconociendo en los meritorios esfuerzos del Dr. Cabred, la parte que le corresponde en esta cruzada. Su fama reconocida de profesor ilustrado, y sus constantes servicios de más de veinte años, han hecho de él una personalidad científica indiscutible, cuya opinión habrán tenido en cuenta al sancionarse esta ley.

A la dirección y á los médicos que dedican todos sus afanes en el sentido de mejorar constantemente el servicio y cura de los pobres alienados, nuestras congratulaciones.

 

 

Rafael Zaldarriaga

Agosto de 1905