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Anafrodisia por falta de educación sexual

Observación 12

 

Tres tentativas de suicidio en una histérica, sin motivo aparente, indujeron á su esposo á consultar al médico, suponiendo que la enferma padeciera de alguna enfermedad mental. Después de repetidas entrevistas, destinadas á conquistar su confianza, la paciente, joven señora de 20 años de edad, confesó que durante dos años de matrimonio ni había experimentado jamás ninguna emoción sexual y que tal deficiencia le hacía temer que su esposo acabara por no amarla y abandonarla.

Había llegado al matrimonio en la más completa ignorancia sexual; las primeras relaciones efectuadas brutalmente por su cónyuge, sólo habían conseguido producirle violentos dolores y repulsión al acto. Por condescendencia había continuado accediendo á los deseos de su marido; los dolores fueron cada vez más leves y la repulsión disminuyó, pero jamás experimentó sensación alguna agradable. Su esposo, causante de tal estado, cometió la imprudencia de cuestionarla sobre su insensibilidad, dejando traslucir que eso lo contrariaba y atribuyéndolo á falta de amor.

Mujer sensible y distinguida, fué invadida por la idea fija de su inferioridad para la vida conyugal, decidiendo quitarse la vida antes que sentirse humillada por la desconsideración de su esposo. Así se produjeron las tres tentativas de suicidio, sin que ella revelara la causa real que las motivaba.

Una breve información de la paciente dejó entrever que su esposo ejecutaba el acto con mucha rapidez, no dando tiempo á que su cónyuge comenzara á excitarse. Un rápido examen de la sensibilidad genital permitió comprobar que ésta existía; la enferma se manifestó sorprendida de sus propias sensaciones y extrañadísima de que la región sensible estuviera en la parte superior de la vulva y no en el fondo de la vagina, como las impulsiones vehementes de su esposo le habían hecho suponer.

Con toda prudencia fué necesario ilustrar al ignorante marido acerca de la verdadera situación sexual de su esposa, induciéndole á "educar" la sensibilidad de ésta mediante excitaciones progresivas y sus pendiendo el coito por algún tiempo. En dos ó tres semanas ella "aprendió" á experimentar emociones sexuales plenas é intensas, permitiéndose entonces al esposo que ensayara el acto "a piernas cerradas" con el objeto de hacer más intensa la excitación de la zona clitoridea y recomendándole que procurara prolongar el acto hasta que la emoción sobreviniera en la enferma. Después de algunos ensayos la situación se regularizó.

Esta sencilla educación sexual permitió la reconstitución de un hogar que amenazaba disolverse y que estaba ya hondamente sacudido por tres tentativas de suicidio.