Indice - Home - Cerrar Aplicación

 

Inversión primitiva de la tendencia sexual

Observación 9

 

Es muy rara la inversión primitiva de las tendencias sexuales, á pesar de la exageración que en este sentido difundió Krafft-Ebing. Los investidos son, generalmente, pederastas pasivos que se acostumbran á cohabitar con hombres; otros son verdaderos delirantes, en quienes el hábito sistemático de la pederastia, actuando sobre una predisposición degenerativa congénita, llega á constituir un verdadero delirio de metamorfosis sexual. Los invertidos por tendencia congénita son excepcionales, siendo esta observación del servicio de De Veyga(3), la única que juzgamos verdaderamente digna de publicarse como tál.

La vida de este sujeto es la parodia de la mujer pura, casta en el celibato y fiel en la vida conyugal. "Aída", tal es el poético nombre con que se hacía distinguir en el mundo especial de su figuración, se caracteriza, en efecto, por su ejemplar regularidad de costumbres; las primeras manifestaciones de su inversión le infunden ideas de honestidad. Su seductor tiene que convertirlo en "esposa" para poseerlo y en esta unión, que para ser real no careció sino de la sanción de la ley, su sola preocupación fué la lealtad á la fe jurada. No correspondido en los límites que quería, disuelve el vínculo y en la "viudez" es modelo de corrección, hasta celebrar nuevas nupcias y seguir viviendo "honestamente". Así vivió y murió, entre la sorpresa y la admiración de sus congéneres.

Era bien formado y no mal parecido. Nació en buena cuna y fué criado en la holgura, haciéndose notar en la escuela por sus finos modales. De poco vuelo mental, sólo estudió hasta primer año de preparatorios; su pubertad transcurrió en la holganza, frecuentando pocos amigos afines á su temperamento. A los veinte años, por no estar de vago, se empleó en la casa de gobierno de esta ciudad; allí contrajo amistad íntima con un sujeto de más edad, calavera, de condición social inferior á la suya; la intimidad se estrechó más y más, hasta que asomó la atracción sexual entre ambos. En el momento de ceder, "Aída" se sintió asaltado por el escrúpulo de su honor mancillado; entregarse así al seductor le pareció deshonesto, exigiéndole que se le uniera en "matrimonio" para probar la fe que le juraba. El "casamiento" de invertidos sexuales no es un hecho raro, pero esta ceremonia sólo se realiza como acto de ostentación escandalosa para hacer público un amancebamiento existente ó deliberado; en este caso la proposición tenía todo el sello de la ingenuidad, debiendo admirarse tanto la intención que la provocaba como la condescendencia del aceptante, pues al fin fué tomada en serio y llevada á la práctica. El acto se realizó con el aparato convencional de una boda verdadera; "ella", vestida de blanco, adornada la cabeza con el azahar simbólico; él de frac y guante blanco, como si fuera á arrodillarse ante un altar; pocos festejos hubo, no permitiendo el recato de la novia dar repercusión al hecho. Una modesta pero elegante casita, puesta probablemente por "ella” los albergó durante todo el tiempo de su unión.

La paz de ese hogar sui géneris se alteró a poco de andar; él se sintió incómodo en su papel y "ella" lo acosó con sus celos. Resolvieron divorciarse, y ella condujo una vida ejemplar, evitando maliciosos comentarios sobre su conducta. Frecuentó poco tiempo después, reuniones y fiestas de invertidos, pero manteniéndose casto; al fin se enamoró de otro sujeto, con quien contrajo matrimonio en la misma forma y condiciones que con el precedente. Fué feliz en este segundo hogar, que duró hasta su muerte, ocurrida por bacilosis pulmonar.

Mentalmente considerado, "Aída" es un imitador de la mujer honesta. Bajo el punto de vista sexual era un impotente completo. jamás tuvo una erección, jamás sintió la menor emoción de orden genésico. Su voluptuosidad consistía en sentirse poseído por un hombre, en sentir su compañía y su influencia protectora, en ser la mujer de un hogar, pero no tenía siquiera el goce de contacto con el amante, el placer de ver ó tocar las formas, ni aun el de presenciar los espasmos eróticos. Insensible á toda impresión de este orden, se prestaba fríamente á las exigencias pederastas, sin dar de su parte más que el concurso mezquino de su tolerancia.

Vemos, pues, que en este caso hay una inversión primitiva de la tendencia sexual, que hace del sujeto una mujer antes de que se entregue á actos de pederastia que no llegan á causarle placer de ningún género. Y adviértase también que la inversión no es sentimental puramente, por cuanto no se limita á una situación de erotomanía homosexual, sino que se traduce por hábitos, tendencias, modos de ser y de vivir completamente femeninos.

 

3. Publicada en "Archivos de Psiquiatría y Criminología” Buenos Aires, 1903.