Indice - Home - Cerrar Aplicación

 

Erotomanía persecutoria

Observación 32

 

En el Servicio de Observación de Alienados de la Policía de la Capital el primer enfermo de esta clase fué un español, de 35 años de edad, inmigrado al país en 1890 y que después de ocuparse en varios oficios manuales acabó por especializarse en el de peón de cocina. De carácter reservado desde la niñez, según un hermano que tiene aquí, se hizo aún más retraído al poco tiempo de llegar. Las relaciones con aquél nunca fueron muy íntimas por este motivo; se hicieron poco a poco más distantes, concluyendo por romperse.

Estos son los únicos antecedentes que puede suministrarnos este hermano, quién si bien lo había considerado algo raro, lo ha tenido hasta ahora como normal.

La fecha de aparición de las primeras manifestaciones de su delirio crónico, que es el primordial, no puede fijase con certeza, pero, por los datos que él da, se ve que hace tres años ya estaba en algo más que en el período inicial de inquietud. En ese tiempo, en efecto, estando de lavaplatos en la casa de la familia M., ya notaba que en las conversaciones habidas entre los sirvientes había "alusiones personales" y que era objeto de "burlas veladas" de parte de ellos, siendo ésta la razón por la cual abandonó la casa.

Es aquí que toma nacimiento su obsesión erotómana. Un día la Sta. M. bajó á la cocina para dar una orden y lo habló. El tono en que lo hizo fué suave, según parece, dejándolo impresionado “a manera distinguida" con que lo trató. Quizá alguna otra vez vio á la niña, pero no tuvo más palabras con ella.

Sin embargo, con lo habido basta para que al retirarse de allí lleve "un grato recuerdo" de aquella entrevista. No puede decir que haya habido intención alguna de parte de la niña al tratarlo "deferentemente", ni menos aún que ella hubiera bajado expresamente para verlo, pero "está seguro" que los modos usados con él fueron "expresivos” asegurando también que á los demás sirvientes los trató en forma diversa.

Salido de esta casa, su gran preocupación es cuidarse de los “males" con que le amenazan de diferentes lados. Entra en una parte para salir de allí en seguida, porque las burlas y alusiones son "insoportables" y así recorre diferentes casas cada vez más atormentado.

Apercíbese claramente que lo "persiguen". que donde quiera que va están "prevenidos contra él”. La familia de M. lo ha recomendado con éxito varias veces para colocarse y eso se convierte en un nuevo motivo de preocupación. Está en plano período de persecuciones.

¿Estará la familia de M. en el "complot" formado contra él? ¿Qué interés habrá en recomendarlo á familias de su relación? La niña que lo habló con tan afable modo hace algunos meses ¿qué parte tendrá en todo esto?

Su inquietud va en aumento rápidamente. Ya no puede vivir sin defenderse; no puede parar en ninguna parte. Entonces toda su atención se va concentrando sobre la familia de M.

"Ella es quien lo persigue, o , mejor dicho quien lo sigue en sus pasos". Y la imagen de la niña de esa casa asedia tanto que viene á tomar el papel preponderante en su delirio. Al fin descubre la trama del complot. Se trata de tenerlo "á la mano" en casas conocidas, de donde no "puede salir", y todo ésto –no le queda la menor duda,– es porque la niña "se interesa por él” buscando subyugarlo á su dominio.

En esta situación viéndose "vendido por todos los que están á su alrededor” incluso por un agente de colocaciones al cual ha recurrido varias veces, trata de huir de la ciudad, pero antes de partir dirige una carta á la Sta. M. haciéndole recriminaciones y amenazas llenas de encono. Esa carta, conservada por la señora aludida, como la mayor parte de las demás que después envía á la niña, es tan clara que no deja lugar á dudas sobre el estado mental del sujeto.

La falta de respuesta á esa misiva lo convence más aún de sus sospechas; ahora está seguro de las verdaderas intenciones de la niña que está persiguiéndole: "ella quiere casarse con él".

La obsesión erótica se ha formalizado, concretándose desde ese momento y lo único que le falta es conocer la verdad de boca de la niña misma.

"Cómo lograr su intento? le será difícil, sin duda, porque "la familia se opone á este capricho de la niña" comprendiendo la desventaja de la unión que ha de realizarse.

Pobre y humilde como él es, no pueden permitir que se case con una señorita de tan elevada posición". Ahora se viene á convencer que hay "complot” en la casa formado contra él, y que cuenta con medios eficaces para combatirlo. Una manifestación persecutoria, como se ve, o mejor una transformación más del delirio fundamental. No obstante ésto se entenderá con la niña, resolviendo dirigirle cartas en que le habla de una entrevista en la calle ó en su cuarto ó en un conventillo. No importa que no tenga respuesta; alguna vez la recibirá, "cuando la ocasión sea propicia".

Esto ocurre á mediados del año pasado y por entonces las persecuciones de otro orden que no sea erótico parecen haberse atenuado, ocupado con esta obsesión el campo mental.

Sus proyectos de viaje han quedado en suspenso por ese motivo. Pero, de nuevo se siente asediado, y dando tregua á su preocupación pasional resuelve partir.

Se va al Rosario de Santa Fe, donde después de probar ocupación en varias casas entra en uno de los principales hoteles de la ciudad.

La señorita de M. no lo acosará mayormente allí, quizá, y hasta se irá desvaneciendo su recuerdo poco á poco si una circunstancia casual no viene á despertarlo, reavivándolo al punto en que antes se encontraba. La señorita de M. ha pasado por el Rosario y ha ido á parar justamente al hotel en que él está. Tal casualidad le hace pensar que ella ha ido en su busca y como se va enseguida, su desaparición rápida la atribuye á artimaña de la madre.

Le sigue la pista y cuando la niña está de regreso en Buenos Aires se viene él también.

Desde ese momento ya no piensa sino en "hablarla".

Empieza á meditar los medios de violentar la valla que los separa y da algunos pasos que resultan infructuosos.

Una nueva exacerbación de las persecuciones ó quizá la tendencia que ha adquirido al desplazamiento, lo hace partir para Mendoza. De allí escribe, hace un despacho telegráfico dando noticias suyas, hasta que al fin, para colmo de casualidad, la niña va á aquella ciudad a pasar una temporada al balneario de Cachetuda donde él estaba colocado. Nueva prueba del interés de la niña que estimula enérgicamente sus pretensiones.

En este momento las persecuciones, que le parecían menos tenaces desde que vió en el

Rosario á la niña, han cesado completamente.

Es el mes de junio del año actual, y desde entonces, toda su preocupación es la niña, "sin que le importe tener ó no enemigos como antes".

Expulsado del balneario y no teniendo objeto su estadía allí después que la niña se vuelve, regresa á la ciudad, donde, como es de suponer, no piensa en otra cosa que en obtener su meditada entrevista.

A eso ha dedicado los meses pasado, rondado la casa, enviando nuevas misivas, pretendiendo forzar la morada de aquélla, especialmente cuidada por los sirvientes, á quienes se han dado terminantes instrucciones al respecto. No trabaja más, ha consumido sus escasa economías y espera tranquilamente el desenlace feliz de su empresa.