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Profilaxia del miedo*

Martín M. Torino

 

Generalidades sobre la higiene de la educacion,

de la instruccion, etc., etc.,(1)

 

Uno de los signos evidentes del progreso de la medicina en nuestro siglo, es la participacion directa que en la pedagogía contemporánea, tienen las conquistas de la fisiologia experimental. Rama tan importante de la ciencia de la vida es la que busca siempre, sin el descanso de un dia siquiera, la explicacion verdaderamente precisa de todos los fenómenos de que es asiento y teatro la economía animal.

He ahí, pues, explicado por qué habiendo llegado al fin de estas páginas, nos encontramos haciendo casi pedagogia, ó en otros términos, dejando que el desarrollo de los principios fisiológicos que hemos sostenido nos conduzca expontáneamente á su preferido campo de accion, á su terreno de aplicacion práctica.

Una rápida escursion al través de este folleto nos permitirá ir recojiendo, como el labrador la semilla, conclusiones parciales de las que han de deducirse los medios de higiene física y moral, que sirvan de elementos de profilaxia á las emociones depresivas en general, al misterioso terror y miedo en particular.

Veamos cuáles son los elementos de profiláxis que pueden llevarse á la práctica, á fin de evitar el desarrollo de ese estado de eretismo nervioso ántes mencionado; ó en caso de que exista ya un modo de ser apto á su desenvolvimiento, esgrimir las mismas ú otras armas, tendentes todas á restablecer de una manera directa ó indirecta, el equilibrio que la naturaleza con efectos visibles y palpables, pero por mecanismos cuyo secreto guarda, en muchos casos rompe, dotando desproporcionadamente á determinados sistemas orgánicos de la economía, de elementos, formas ó fuerzas especiales.- De esto se desprende la declaracion tácita, de que no llegaremos hasta el tálamo nupcial, á hacer la profilaxia mórbida en el niño –huevo aún– vigilando el estado de ánimo, el cansancio cerebro-espinal en que pudieron hallarse los padres, en el instante supremo de la misteriosa generacion.

Será objeto de nuestros cuidados, el niño tal como nace á la vida de la luz, del movimiento, de la armonía infinita de la creacion, llevando en sí la fuerza, que latente en cada elemento anatómico, ha de engendrar el equilibrio orgánico fisiológico conservador del funcionamiento regular de la economía; ó á aquel otro que guarda en gérmen, la herencia de una neuropatía, que espera momento oportuno para estallar lozana bajo formas distintas y variadas.

Una vigilancia estricta y sábiamente guardada para con el niño, es la coraza sobre la que se han de embotar todos los dardos que la asechanza, el descuido ó la casualidad, pudieran dirigirle.

Es necesario, pues, cuidar al niño desde sus primero dias de vida. “Temo y respeto á mis hijos desde que tienen la edad de cinco minutos”, decía una madre sensata á Mr. Roqueplan. Hay suma utilidad é interés real en observar en el jóven infante cada una de las múltiples manifestaciones de su inconsciencia animal, cada una de sus tendencias, de sus impresiones, de sus movimientos: cuidarlo en la cuna donde duerme y el regazo en que descansa; –vigilar la calidad del aire que respira, y la de la luz que lo alumbra y lo calienta;– los objetos que lo rodean, las ropas que lo abrigan, los alimentos que lo nutren, los juguetes que lo distraen, el canto que lo adormece, la música que lo arrulla, las costumbres de la sirvienta que lo mece, los cuentos que lo distraen, los placeres que le agradan y hasta los perfumes que lo embriagan.

Nada debe escapar á la observacion prolija de una madre que conoce su delicada mision, porque nunca ha de olvidar que “el niño no juzga, acepta sin protestar, sin comprender á menudo, y que las muelas de su pequeño cerebro hacen indiferentemente harina de la zizaña ó del buen grano. Comparar, juzgar, elegir son cosas absolutamente agenas á su penetracion.– (2)

De la condicion cerebral del niño nace su verdadero peligro, esceptuando, es natural, los que tan realmente le origina ese fárrago de ciencias oscuras que lo indijestan, porque su organizacion embrionaria, hasta cierto punto, lo inhabilita para trabajos intelectuales de naturaleza complicada.

Es de todo punto necesario evitar, pues, que tan finísimos y delicados mecanismos encefálicos, se alteren desde el primer instante de su funcionamiento; de indiscutible conveniencia, es oponerse á que se provoquen y determinen esos eretismos nerviosos, hijos legítimos de una exitacion sensorial exajerada; es de utilidad innegable el impedir la produccion de las funestísimas perturbaciones circulatorias, que una impresion emocional, que un trabajo intelectual desmedido, que una digestion mal hecha, que una alimentacion incorrectamente dirijida, ó que un ensueño terrorífico engendran, con tan marcado peligro de la integridad funcional.

Edificar primero, amueblar luego; tal ha de ser el lema á que se sometan, los métodos que deban servirnos para guiar la educacion é instruccion del niño cuyo porvenir se nos confia.

Vigilar todo dijimos y al hacer la enumeracion de algo, hablamos de la alimentacion del futuro ciudadano ó de la prometida madre, é insistimos de nuevo en nuestra primera recomendación. ¡Cuidado con el pan para el cuerpo y el alma del animado muñeco! ¡Muchas precauciones con la leche que bebe, al par que con los sentimientos que se le inculcan, con las doctrinas que se le enseñan, con los temores que se le despiertan, con las quimeras que no dijiere, con las imágenes que se le gravan, con los ejemplos que se le muestran. No derrameis en el espíritu del niño, decia Fenelon –en ese reservorio tan pequeño y tan precioso, sino cosas escojidas!

Desde el primer momento en que los rosados labiecitos del tierno infante, buscan “apagar su sed primera en esa fuente inagotable”, como llama al seno materno el ilustre pediatra Dr. Ricardo Gutierrez, los preceptos del médico y mas que todo, del higienista, deben comenzar á ser estrictamente observados; es á la madre tierna y delicadamente amorosa á quien toca hacerlos carne, práctica y verdad. “El porvenir de un niño, es siempre la obra de su madre” decia muy bien Napoleon I u

 

 

* Capítulo VII de la Tesis presentada para obtener el título de doctor en medicina ante la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1890.

1.Al ordenar lijeramente los documentos que nos han servido para escribir este folleto, hemos resuelto suprimir el Capítulo VI, en que estudiábamos, por separado, cada observacion clínica hecha, intercalando muchas de ellas en el texto del Capítulo siguiente, - VII. (Nota de M. Torino).

2. Ed. Grimar.- L’Enfant.