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Examinar las emociones

Mariano J. Barilari

 

Los problemas del alma ocupan hoy un lugar destacado en medicina individual y colectiva. La relación entre lo orgánico y lo psíquico, fue advertida en todas las épocas; historiarla sería remontarnos a los orígenes de la humanidad y escaparía además al objeto de nuestra conversación; bástenos saber que en nuestros días, nadie ignora, que en muchos casos, se puede llegar al síntoma, por el camino del alma.

Los estudios profundos de psicología efectuados en estos últimos años por Janet, Freud, Adler, Jung, Radecki y otros, significaron un valioso impulso a la psicoterapia, que ha entrado ya, formal y decididamente, a ser un recurso de práctica diaria.

La guerra europea, pródiga de experiencias de toda índole, contribuyó también con sus campos poblados de hombres, aparentemente sanos, sin heridas exteriores, pero verdaderos inválidos portadores de trastornos del sistema nervioso, triste secuela de las violentas emociones sufridas.

A título ilustrativo me serviré de un ejemplo que tomo al azar entre los muchos que recuerdo: Se trata de un soldado argelino que se hallaba ocupado en colocar alambres entre dos trincheras; de repente explotan junto a él unos obuses que he hacen perder el conocimiento; transportado que fue al hospital, se constató, una vez recuperado el conocimiento, que estaba completamente mudo.

El examen comprobó que el enfermo tenía la lengua paralizada, siéndole imposible sacarla de la cavidad bucal; además, había pérdida completa de la sensibilidad de la boca y de la lengua; a pesar de ello el soldado podía alimentarse y deglutir con entera facilidad. Con psicoterapia, el paciente recuperó completamente el habla, es decir, se trataba de un trastorno puramente psíquico.

Posteriormente, nuevas adquisiciones han robustecido el valor de la psicoterapia, es decir del tratamiento de los trastornos funcionales al sistema nervioso por medios psíquicos, que, poco a poco, no sin tropiezos, han ido escalando cumbres hasta ocupar un lugar destacado entre los modernos métodos curativos. La psicoterapia es hoy una disciplina perfectamente científica, con bases muy sólidas y de inmensa utilidad en la época actual, en que el ser humano, más que nunca, está expuesto a múltiples emociones.

Su valor no es únicamente curativo, también lo es preventivo. Hago referencia a ello pues no sólo las grandes emociones llegan a dañar el sistema nervioso; entre éstas y la pequeña emoción, que no tiene mayores consecuencias, existen infinidad de estados intermedios que producen un desequilibrio de acuerdo a la emoción que lo provoca y sin advertirnos de ello. Estas pequeñas reacciones aunadas, en un terreno predispuesto, pueden también ser causa de graves trastornos. Los grandes métodos psicoterápicos se utilizan hoy en el mundo entero, para evitar estas consecuencias y también para reeducar el carácter (psicagogía).(1)

No se puede descuidar el estudio de la mente en los enfermos, el que debe ser tan prolijo y paciente como el de todos los órganos de su cuerpo. No hay que olvidar que las emociones pueden actuar sobre el alma, lo mismo que los tóxicos, bacilos, etc., pueden actuar sobre los órganos, y que la unidad somato-psíquica del ser humano es una realidad científicamente comprobada.

A continuación referiré el caso de una señora que tuve oportunidad de atender, en la que una emoción fue el origen de un grave trastorno y que me servirá, al mismo tiempo, para hacer algunas disquisiciones de orden psicológico.

Era una señora de cuarenta y cinco años, radicada en una ciudad del interior. Por un motivo fútil vino a la capital, alojándose en casa de unos parientes. Una noche, habiendo ya conciliado el sueño, la despiertan sobresaltada unos gritos, presta atención y percibe algunas palabras incoherentes, ruidos de pasos apresurados, y como entre todo ese tumulto distinguiera la voz de sus familiares, no vaciló en levantarse para averiguar el motivo de tan inusitado movimiento. No tarda en enterarse de que una persona del servicio se ha enloquecido, alcanzando a ver cómo la llevaban con verdadero esfuerzo, varias personas, camino –le dijeron- al manicomio. A los pocos días, los allegados de esta señora, se muestran sorprendidos ante la evidente modificación de su carácter; la enferma se torna triste, retraída, callada. Estas novedades siembran el desconcierto en su hogar; la señora lo nota y se considera responsable de esta situación. Pasan los días, acentúase el estado de la enferma. Vive lamentándose del viaje innecesario que había realizado, de la situación de angustia en que ha sumido a su hogar; se reprocha su falta de carácter, su debilidad; se siente muy triste, muy desgraciada. A todo esto se suma un terror nocturno, que complica aún más la intranquilidad de la familia y la propia, que culmina en un temor grande de enloquecer.

Temor de enloquecer... Temor de enloquecer...

Nada más absurdo que este temor. Ningún loco se considera tal; al contrario, se cree la persona más razonable del mundo y el que es loco, nunca tuvo temor de serlo.

El sistema nervioso es una complicada maquinaria que nunca está quieta, siempre está en funcionamiento; sus resortes más pequeños vibran y comunican sus vibraciones a los más grandes; cuando alguno de ellos ha sufrido una sacudida más fuerte que lo normal, todo el sistema compensa ese desequilibrio.

En las personas llamadas nerviosas, muy emotivas, fácilmente irritables, estas conmociones no encuentran el esfuerzo compensador en el resto del sistema, de ahí, el aparente desequilibrio que asume a veces caracteres alarmantes, debido únicamente a la sugestionabilidad del sujeto. Pierde el sueño, le molesta el bullicio, las conversaciones, se retrae; busca en los libros, en los diarios, una distracción, pero, dominado por su estado que lo obsesiona, no entiende lo que lee, no hilvana las ideas, aumenta esto su desesperación y con ella su sugestionabilidad.

Hay que entender que esto no es una debilidad del sistema nervioso. Existen mil factores orgánicos que aumentan, disminuyen o alteran la normal excitabilidad nerviosa. Al mismo tiempo está influida por el conjunto de emociones que han sacudido la vida, dejando impresas, en el subconciente las huellas de su acción.

En el exámen de esta señora constatamos la existencia de una serie de síntomas y signos, que constituyen lo que podríamos llamar, para ser más explícitos, el terreno nervioso constitucional.

Comprobado éste, nos dirigimos a estudiar la línea de su alma. Era hija mayor de un modesto matrimonio; mientras fue única, era objeto de todos los mimos y atenciones por parte de sus padres y relaciones. A los cinco años nace la única hermana que ha tenido; al poco tiempo se siente destronada en ese pequeño reino, donde hasta ayer gobernaba con sus caprichos y veleidades infantiles. Comienza a sentir celos, se retrae.

Ingresa a la escuela; la reina de ayer se siente inferior a los demás, se siente despreciada, no establece ninguna amistad; dice que no la comprenden. Así va trazando su línea anímica(2), la trayectoria de su alma, a la que se han agregado grandes emociones, preparándose así un campo propicio para su estado actual.

¿Cómo es posible pretender que comprenda su miedo a la locura, si jamás comprendió la trayectoria de su espíritu?

Esta enferma no puede mejorar con un consejo, no podemos borrar las huellas de sus emociones con un ¡Vaya tranquila, señora, usted no va a enloquecer! ¡No! Debemos sondear su alma, extraer todos los elementos acumulados en su subconciente; explicarle a ella la cadena de sus emociones; mostrarle, como reflejada en un espejo, cuál es la línea de su alma; explicarle a sus familiares que ella no es culpable de su situación y por qué no lo es.

Despejado así el misterio de su subconciencia, comenzaremos su reeducación tratando de modificar su temperamento.

Esta señora se curó. Hoy el más puro optimismo ilumina la senda de su vida.

Es necesario grabar bien en el ánimo de todos que la locura no se improvisa; se desarrolla en un terreno preparado por la constitución, siendo necesarias también otras condiciones para que la semilla pueda germinar; de ellas me ocuparé en otra oportunidad. Hoy conformémonos con saber que esas constituciones son claramente conocidas y que la medicina cuenta con recursos aptos para modificarlas y que, al mismo tiempo, pueden reducir las condiciones que fertilizan ese terreno u

 

 

Notas:

1.Educación de la mente por medios psíquicos.

2. Lo que corresponde al espíritu, al alma.