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Segunda parte

 

Selección de textos

Segunda parte

 

Selección de textos

 

 

A continuación se reproducen sendos artículos de Carolina Tobar García

que ilustran dos temas que constituyeron preocupaciones esenciales

en la obra de la autora

 

Cociente evolutivo psíquico en nuestros niños

Test mentales

El nerviosismo infantil

Porvenir de los niños nerviosos.

Instituciones para anormales

en nuestro país*

 

Carolina Tobar García

 

 

Cociente evolutivo es la relación que proviene de dividir el nivel intelectual alcanzado por un niño, según los tests mentales, por el nivel alcanzado por otro niño ideal de la misma edad, que se toma como tipo o patrón y cuya edad mental es igual a la civil. Prácticamente se obtiene ese cociente dividiendo la edad mental por la edad llamada cronológica, física o civil.

Es, por lo tanto, una relación descubierta entre un dato objetivo y otro conceptual. Este último, a su vez, proviene de la noción de “etapa” aplicada al desenvolvimiento psíquico y sostenida por muchos investigadores.

Binet, llegó al concepto de edad mental tras laboriosa experimentación psicopedagógica y estadística, fundándola en la correspondencia que se advierte entre inteligencia y rendimiento.

Aceptadas las bases sobre las cuales se funda, no tiene más defecto que querer medir la inteligencia por medios indirectos, que es el mismo defecto de querer medir el tiempo por medio del espacio, de donde ha surgido el reloj.

Se dice que cuando un rendimiento determinado corresponde a la mayor “frecuencia”, es decir, a la mayor parte de los niños de una misma edad, es medio o normal. De paso diremos que conviene tener ciertas nociones de matemáticas, cálculo de probabilidades y, sobre todo, la curva de la media aritmética, que es el método de Gauss, para comprender el verdadero significado de estas premisas y evaluar su correspondencia con la realidad.

La medida del rendimiento se puede realizar por medio de pruebas analíticas o sintéticas, en cuya valoración detallada no entraremos.

Las pruebas analíticas apuntan a una función mental pura o a un grupo de funciones; las segundas, a un supuesto “factor general”, sobrepuesto a las aptitudes particulares.

La elección de pruebas se hace según el partido que se haya tomado. Toda elección comporta la aceptación de una teoría referente a la estructura de lo que se llama inteligencia. Los que postulan que ella es una masa heteróclita de aptitudes, prefieren las pruebas analíticas con las cuales creen aprehenderlas. Los otros y entre ellos Spearman, afirman que en el intelecto hay un “factor general” que impregna todas las aptitudes particulares, de donde resulta una correlación más o menos elevada entre las manifestaciones de la esfera intelectual. Por lo tanto, no habría necesidad de pruebas parciales. Una sola, que captara ese “factor general” sería suficiente y esa prueba, es la adaptación a situaciones nuevas o imprevistas. Más que habilidad para defender su tesis, ha tenido éxito en el ataque de la contraria, llegando a burlarse de los tests mentales: “Usted come carne fresca. Porque usted come lo que compró ayer y lo que usted compró ayer era carne fresca”. Lo que él mismo explica diciendo: “Usted quiere medir el poder de la atención. Para eso usa el test del tachado y ese tachado está dado, según usted, por el poder de la atención”.

Parecería, según esto, que la estimación del poder de la atención por medio de ese test o de otro cualquiera, no tiene más fundamento que una intuición personal, indemostrable por lo tanto.

Como el tema que este Congreso nos ha asignado cae en el seno de un terreno todavía tan discutido, nos vemos obligados a este proemio, con el cual parecería que comenzamos por donde otros podrían terminar.

En efecto, la crítica previa de los propios procedimientos y métodos, nos evitará malentendidos y su consiguiente discusión inoficiosa, pero también es útil, para evitar la peligrosa instancia de caer en un realismo ingenuo.

A este respecto conviene hacer presente que la estadística muestra fenómenos o apariencias de hechos que muchos niegan como si tales apariencias no correspondieran a una realidad verdadera y no existieran sino para la estadística misma que las crea, en cierto modo, o que las descubre, merced a una nueva forma de apriorismo inventado para aprisionar “fenómenos” todavía mal conocidos en su esencia. Pongamos un ejemplo: el paralelismo entre la edad cronológica y la mental, que se observa en la mayoría de los niños normales. Desde luego se sabe que el “paralelismo” de dos hechos en estadística no significa necesariamente una relación de causalidad entre ambos”. La edad mental no es la consecuencia única y exclusiva de la edad cronológica, sino de una causalidad pluridimensional. Lo que la estadística muestra es la elevada correlación entre ambos hechos. Por lo tanto, la relación subsiste como valedera mientras no medien factores excepcionales que la destruyen. Es claro que la edad mental por su parte, tiene además correlaciones múltiples que se deben examinar previamente, antes de dar por cierto un cociente evolutivo. Lo contrario sería falta de método, aunque no de principios.

Hecha esta nueva salvedad, un poco pleonástica si se quiere, podemos continuar ahora con cierta firmeza en la exposición de los hechos con que aspiramos a responder a la justificada ambición de este Congreso y su propósito de conocer el desarrollo psíquico de nuestro niño.

Diremos en general y, limitándonos a la edad escolar, que los alumnos crecen en poder mental, capacidad adquisitiva y elaborativa, año tras año, desde que ingresan en primer grado hasta que terminan el sexto, cosa conocida y aprovechada –bien o mal– por la Pedagogía, como lo demuestran los programas en su creciente complejidad.

Que ese desenvolvimiento se puede esquematizar en una línea, es por la edad mental como ordenada y la edad cronológica, como abscisa y para otros sería, en cambio, una curva formada por la unión de los logaritmos correspondientes a cada cifra de la edad cronológica en relación a un rendimiento dado. En ambos casos el cociente evolutivo es constante. Las diferencias en la forma de la curva quizá estén dadas por la naturaleza de la aptitud que se explora por los caracteres de la prueba que se usa y por la selección de los sujetos. Los experimentadores han trabajado con distintos tests generalmente, y por eso tampoco sus “curvas” coinciden. ¿Existe paralelismo entre las curvas de varios individuos? o, dicho en otros términos: ¿El C. E. es constante? Casi todos se inclinan hacia la afirmativa. Las fluctuaciones si las tiene, son mínimas.

Nuestra práctica nos determina también afirmativamente y por esa razón hemos usado el C. E. como base de pronóstico en la Escuela al Aire Libre Nº 6, como veremos después. Todos los exámenes mentales han sido controlados por el rendimiento escolar. Aplicando estos conocimientos generales a la clínica, hemos procedido del siguiente modo:

Primero: tratamos de establecer la relación efectiva entre edad cronológica y “grado” que se cursa en la escuela. Se hizo un censo en el C. E. 3º, donde concurrieron más de 12.000 niños en 1939. La distribución de los niños por grado, poniendo las edades en la abscisa y la “frecuencia” en las ordenadas, nos dió como resultado que para cada grado corresponde una edad que llamaríamos ideal porque responde a la Ley 1.420, pero tiene además una edad real media que se determina por el máximo de frecuencia. No siempre coinciden en la realidad estas dos edades.

Pero además de esta cifra media, hay dos cifras más que se le aproximan y que se encuentran a cada lado de la anterior “Desviaciones standard”, dando así, si se unen sus puntos máximos, la “curva en campana”. Esta “campana” no es perfectamente simétrica y se prolonga más del lado de los atrasados. Siempre hay más niños atrasados que adelantados, con relación a la edad media estadística correspondiente a cada grado. Tiene esta manera de considerar el progreso escolar una gran importancia para el cómputo de los atrasados que no se ha de hacer según la Ley 1.420, sino según las leyes estadísticas. Las “inflexiones” máximas de la curva en campana se deben a las desviaciones extremas, desviaciones que salen del dominio de lo “normal”.

Este debe ser el primer paso en el estudio del progreso colectivo de una “población”, usando esta palabra en el sentido de Johansen.

El segundo paso será el de la determinación de la edad mental.

Nosotros no hemos podido realizar tal determinación en un número tan grande de niños, por falta de personal. Por eso nuestros estudios experimentales completos se reducen a grupos relativamente pequeños, dotados eso sí, de caracteres diferentes.

El primero en la escuela “Herrera Vegas”; el segundo en la Escuela al Aire Libre Nº 6; el tercero en el Colegio Ward, y el cuarto, en el Hogar “Santa Rosa”.

 

Veamos el 1°: Durante cuatro años hemos seguido desde tercero hasta sexto grados, un grupo de niñas a quienes hemos estudiado ampliamente no sólo por medio de la psicometría, sino por otros recursos psicológicos aún más fecundos. La documentación relacionada con ese estudio consta de los tests y de varios miles de composiciones obtenidas por un método original que nos permitía explorar la afectividad a través del intelecto. De ese trabajo, que quedará terminado a fines del presente curso escolar, cuando esos niños hayan egresado de la escuela, se ha hecho una publicación preliminar por medio de la Editorial Kapeluz, donde se analiza un aspecto de la cuestión, el relacionado con la lengua.

 

Tenemos un cuadro del estudio psicométrico realizado por medio de la Escuela de Terman; es el que se puede leer a continuación:

 

            E.C.                        E.M.                        C.E.

 

 

1 María Luisa M                        13.70                        13.00                        0.94%

2 Jorgelina B                        12.11                        15.80                        1.30%

3 María C                        14.60                        11.90                        0.81%

4 H. J. A                        13.11                        12.30                        0.93%

5 Graciela G. C                        13.80                        17.00                        1.23%

6 Elida S                        13.00                        13.90                        1.06%

7 Beatriz L. N                        13.00                        15.10                        1.16%

8 Anita D                        15.30                        13.90                        0.90%

9 Clotilde Y.                        14.10                        12.70                        0.90%

10 Teodora M                        13.90                        12.60                        0.90%

11 Teresa M. C                        15.90                        13.10                        0.83%

12 María Ang. F                        13.00                        17,30                        1.33%

13 Luisa P                        14.10                        12.20                        0.91%

14 Manuela R                        14.10                        13.60                        0.96%

15 María Luisa P                        13.90                        14.60                        1.05%

16 Susana G                        13.80                        14.20                        1.02%

17 Nilda A                        14.60                        13.30                        0.91%

18 María Josefa G                        13.40                        13.10                        1.00%

19 Blanca Alba S                        12.10                        12.60                        1.00%

20 Margarita G                        14.30                        13.20                        0.92%

21 Ofelia R                        13.11                        13.60                        1.00%

22 Isabel R. G                        13.30                        18.00                        1.35%

23 Dora M                        12.30                        13.50                        1.09%

 

La curva de distribución de los cocientes es la curva de Gauss. El máximo de frecuencia corresponde a C. E. igual o próximo a la unidad. La campana es también asimétrica, y en este caso en favor de los niños inteligentes, cosa natural, porque no hay –o no debería haber– débiles mentales en estos grados.

Desde el comienzo del estudio con estos niños sabíamos que se trataba de un grupo estrictamente medio, casi mediocre. Tenían todas las “condiciones previas de la inteligencia” según llama Jaspers a la perceptividad, fijación, evocación, lenguaje y mímica.

Comenzaron en tercer grado el trabajo de elaboración propiamente dicho. Adquirieron durante el primer año la máxima espontaneidad y confianza que permitía el libre despliegue de todas sus aptitudes y suprimía los factores inhibitorios que se originan en una afectividad reprimida. Aprendieron a manejar a su arbitrio todos los medios de expresión, verbales y mímicos, convencionales o no.

Desde el momento que tuvieron todos el instrumento igualador, que es el lenguaje y los programas –y a pesar de ellos– empezaron a notarse las diferencias de cociente, llegando a distinguirse 4 ó 5 como muy inteligentes. El control de los tests ha sido perfecto y en ningún caso se halla en desacuerdo con la opinión de los maestros.

 

En el Colegio Ward se examinó tambien un sexto grado. El resultado del test se halla consignado en el siguiente cuadro:

 

COLEGIO WARD

 

                        E.C.                        E.M.                        C.E.

 

1 Alicia R                        14.11                        13.70                        0.91%             

2 Angel F. A                        13.50                        12.60                        0.93%

3 Arnaldo A                        12.80                        11.11                        0.94%

4 Roberto G                        13.30                        13.20                        0.99%

5 Mario A. C                        12.70                        12.70                        1.00%

6 Sidonio D                        12.10                        13.20                        1.02%

7 Flora J                        12.30                        12.70                        1.02%

8 Ciro A                        12.40                        12.10                        1.04%

 

                        E.C.                        E.M.                        C.E.

 

9  Denis W. E                        14.20                        15.10                        1.06%

10 Ayrton B                        12.40                        13.60                        1.09%

11 Héctor V                        13.70                        14.11                        1.09%

12 Manuel A. H                        11.70                        12.11                        1.11%

13 Jorge A. O                        11.11                        13.11                        1.16%

14 Francisco A. P                        14.30                        16.70                        1.16%

15 Juan K                        13.80                        16.40                        1.19%

16 Carlos de la C                        13.30                        15.11                        1.20%

17 Herman F. Y                        12.11                        16.70                        1.29%

18 Lidia B                        12.00                        16.60                        1.39%

19 Luis M. Roig                         13.20                        14.30                        1.08%

20 Y. M. C                        13.60                        16.40                        1.20%

21 César P. Z                        12.40                        15.00                        1.21%

 

En la curva de distribución se observa un franco desplazamiento hacia la zona de los superdotados. Opera en este colegio una elevada selección económica y aun intelectual, por eso la frecuencia máxima tiene una media aritmética mucho más elevada que en la escuela común.

El tercer estudio se realizó en la Escuela al Aire libre Nº 6. Veníamos observando desde años atrás que los niños de las escuelas al aire libre, juzgados según la llamada regla de Binet, eran muy atrasados y podían ser tomados, “prima facie”, como débiles mentales. Pero al levantarse su anamnesis escolar, se encontraban muchas causas de atraso que no dependían de lo psíquico. Fué por eso que empezamos a realizar el examen mental en la fecha de la inscripción. Todos los niños de 6 años que no tuvieran edad mental suficiente para aprender a leer, eran colocados en una especie de jardín de infantes. Los de 6 y 7, que tenían cociente evolutivo medio, se agruparon en grados homogéneos y los de 8, 9 y 10 años que dieron cocientes inferiores a la medida, se agruparon también juntos. Se eliminaron los niños turbulentos y los que tuvieran múltiple “handicap”. Desde entonces la promoción ha mejorado, llegando muchas veces al 100%.

Finalmente tenemos un cuarto grupo, el del Hogar “Santa Rosa”, cuyo internado se compone de niños indigentes, abandonados, normales o no, es decir, muy heterogéneo. La curva de distribución tiene un área mucho más extensa, desplazándose hacia lo negativo. La cima de la campana se halla sobre la línea de la debilidad mental y las desviaciones extremas confinan, por la izquierda en la imbecilidad y por la derecha hay unos pocos individuos muy inteligentes. Esta observación se basa sobre 230 exámenes. En ellos están incluidos muchos anormales del carácter que no dan nunca su rendimiento máximo. Se ha incluído también algunas analfabetas.

Las curvas difieren sensiblemente como difieren los ambientes.

Para ser justos, conviene recordar aquí los últimos postulados sobre la cuestión de los caracteres: “Según Baur –dice Leininger– existen razas de la prímula de jardín que, puestas en invernadero a la temperatura de 15° a 20°, dan flores rojas, pero que en invernaderos a la temperatura de 30° a 35°, dan flores blancas. ¿Cuál es, entonces, el color que la flor tiene por herencia?; o lo que es lo mismo, en presencia de una determinada cualidad de la flor: ¿se puede afirmar que esa sea su cualidad hereditaria? La blancura de la prímula, como el rendimiento de un niño, no es fatalmente carácter hereditario y no está en correlación elevada con su dotación intelectual, sino en función del medio.

Por eso son tan justas las observaciones de Meumann con respecto a los tests: “al lado de las pruebas intelectuales deben ir las de estimación del ambiente”.

Con lo que llevamos dicho, se habrá podido ver ya que el C. E. de nuestros niños tiene los mismos caracteres anotados en otras partes, distribuyéndose en la “población” según la curva de Gauss. Una cuestión que no se ha terminado de investigar es la relación del cociente evolutivo con la raza, la nacionalidad, la inmigración, etc. Respecto de los tests mismos, conviene agregar lo siguiente:

Los tests mentales tienen su máxima aplicación en Psicopedagogía y en Psiquiatría escolar. Los que usan las escalas por puntos, partidarios de la teoría del “factor general”, critican al método que nosotros usamos el concepto de “etapa” involucrado en el de la edad mental.

Saffiotti ha dicho que los tests no tienen un valor absoluto para una edad determinada, por lo cual sería mejor aplicarlos por grupos y, al efecto, hace dos: uno, el de los menores de 10 años, y otro el de los que pasan de 10.

Esta objeción parecería justificada hasta por la historia de los tests. En efecto, una prueba que en el test original de Binet está en los 7 años, ha pasado al año 5° de la revisión de Terman y al 8° de la de Bobertag. En el primer grupo hay que dirigirse a la exploración de las “condiciones previas de la inteligencia”. El mismo Sancte de Santis, afirma que hasta los 9 años, el examen de la memoria da una idea muy aproximada de la inteligencia general. No ocurre lo mismo cuando se ha franqueado los 10 años, época en que la escuela, los tests y aun la vida, exigen al niño el juego de su capacidad combinadora y elaborativa.

El papel que nosotros concedemos a los tests está bien delimitado en nuestro esquema de examen escolar usado en la Clínica:

 

1° Antecedentes hereditarios y clínicos.

2° Primer desarrollo neurológico.

3° Examen clínico general, neurológico y neuroendócrino en particular.

4° Examen psicométrico (tests).

5° Examen psíquico: por el método clínico.

6° Pruebas de instrucción común.

7° Historia escolar.

 

El test, como se ve, es un instrumento coadyuvante para determinar la capacidad, el caudal y el grado de desarrollo psíquico a través del rendimiento.

La cuestión del neurviosismo infantil es sumamente extensa y vaga. Dejando a un lado toda la información bibliográfica pertinente, dejando también atrás el concepto de “diátesis”, enfocaremos el tema como neuropsiquiatras de la infancia y tal como se nos presenta en la edad escolar.

La expresión “niño nervioso” como la de “niño anormal”, carece de definición científica. En unos casos se presenta como epifenómeno y en otro, como explicación causal que es como decir, está nervioso porque está enfermo o, se conduce mal porque es nervioso.

De entre la masa enorme de niños nerviosos que tenemos fichados en el Cuerpo Médico Escolar, en la Liga Argentina de Higiene Mental y en el Patronato Nacional de Menores, extractamos la sintomatología más común y más típica:

 

l° Vómitos antes de partir para la escuela.

2° Despeños diarreicos en la escuela.

3° Mareos. Tics. Tartamudez. Convulsiones. Ausencias.

4° Hiperactividad, turbulencia.

5° Irascibilidad. Impulsividad. Hurtos. Pendencias.

6° Aislamiento. Humor sombrío. Hiperestesia. Actos y aficiones extravagantes .

7° Dolores erráticos. Mutismos parciales. Amenazas de suicidio. Autoacusaciones falsas.

8° Manifestaciones de sexualidad precoz.

9° Extrañeza del mundo que les rodea.

 

El examen clínico descubre a veces signos físicos concomitantes o no, pero otras tantas no descubre absolutamente nada.

Considerando el asunto desde el punto de vista de la neuropsiquitría infantil, quizá se puedan hacer algunos grupos, siquiera para entendernos.

Veamos los siguientes:

 

1° Trastornos indiferenciados, inestabilidad e hiper-estenia elementales, imposibles de catalogar en un síndrome determinado y que sólo se acercan al de excitación psicomotora.

2° Inestabilidad con fatigabilidad.

3° Convulsiones, ausencias y otros síntomas de la serie epileptoide.

4° Síntomas psíquicos propiamente dichos sin substractum orgánico aparente.

5° Anomalías de comportamiento inducidas, reflejas, reactivas y condicionadas por mala educación.

 

1º) En el primer grupo la inestabilidad tiene grados, y como va ligada a una hiperactividad, puede llegar a la turbulencia. Son absolutamente inescolarizables mientras el tratamiento médico que se impone, no consiga reducirla. Es generalmente sintomática y su pronóstico está en relación con la etiología.

 

2º) El segundo grupo. Lo hemos podido advertir el año pasado, en una investigación realizada en el C. E. 3°, donde se hizo un censo de niños atrasados y nerviosos. Los maestros, según su criterio, separaron 270 niños entre insuficientes, retardados e inestables. De los 270 censados examinados, 130, y de esos separamos 52 que presentaban secuelas de raquitismo, hiponutrición, hiperreflexia tendinosa, signo de Chvostek y ese signo que Dupré ha designado como paratonía o sea, de contracción muscular lenta. Los 52 tenían éste último y en virtud de él, principalmente, tratamos de estudiarlos. Se hizo la anamnesis alimenticia con el concurso de la Dra. Delia Guiñazú, del curso de médicos dietólogos del Instituto Nacional de la Nutrición, el examen eléctrico en el Servicio del Dr. Lanari, en el Hospital de Clínicas. Wassermann y Kahn y fórmula leucocitaria en el Cuerpo Médico Escolar y examen mental en la sede de dicho distrito.

Los resultados fueron los siguientes, expresados en síntesis solamente:

Niños sometidos a regímenes inadecuados e insuficientes, pobres en calcio y muchas veces también pobres en proteínas animales y en hierro. Niños que, a pesar de lo anterior, no toman el agregado de vitaminas A ni D, y que viven en habitaciones malsanas. Niños a quienes se les había recetado sistemáticamente algún tónico, del tipo del jarabe yodotánico. Desde el mes de octubre de 1939, en que se les examinó por primera vez hasta hoy, se consiguió mejorar a algunos suministrándoles calcio por vía oral o intramuscular y vitaminas D-A, otros con Colonias de Vacaciones, escuela al aire libre, u otros tratamientos como amigdalectomía, etc. Lo más difícil de todo es mejorar la dieta. Es casi imposible conseguir que su alimentación responda a las cuatro leyes del Profesor Escudero, porque ello requiere una acción mucho más acentuada que la que hemos podido desarrollar en tan poco tiempo.

Aquellos que mejoraron su alimentación mejoraron también física y psíquicamente. El solo aumento del apetito, que permite la ingestión de alimentos que antes rechazaban, produjo un cambio radical en su cuadro clínico.

Creemos que este grupo es el más interesante para la medicina escolar que tiene el gran recurso de la escuela al aire libre científicamentc organizada. Son los “falsos anormales” de la pedagogía. Su pronóstico es infinitamente más benigno. Estamos convencidos de que disminuye espontáneamente con la edad y merced a factores favorables de la vida misma que no necesito analizar, pero mientras tanto, en los primeros años, desde el primero hasta el segundo grado, generalmente, su fatigabilidad es manifiesta, pero menos desconcertante que la del grupo anterior, porque nunca lleva a la agitación ni a la turbulencia.

 

3º) Es casi inoficioso hablar del epiléptico y del epileptoide, por cuanto están expresamente suprimidos de la escuela, en razón de la repercusión que su enfermedad tiene en el ambiente. Son enfermos y su situación no ha sido resuelta satisfactoriamente en ningún país del mundo.

Cosa semejante ocurriría con los tics y la tartamudez si su benignidad no atemperara las circunstancias.

Los últimos grupos (4º y 5º) tienen mayor significación para la Higiene Mental y Social, para la pedagogía enmendativa, para lo que se ha dado en llamar reeducación. Todas las series mórbidas se presentan en ellos: síntomas de las series hipocondríaca y depresiva; obsesiones, fobias, e impulsiones obsesivas; manifestaciones histéricas e histeroides; esquizotimia y actos perversos.

El poder de introspección de los niños anormales aparece más temprano que el de los comunes y así se oye a los 8 años describir sus impulsos con un lenguaje característico. Los actos extravagantes de patogenia obsesiva en unos, el humor sombrío y la susceptibilidad de otros, la irritabilidad de casi todos, el aislamiento o la agresividad, los delatan en poco tiempo.

De estos últimos grupos de niños nerviosos, hemos desglosado los que tienen constituciones psicopáticas y los que tienen manifestaciones de perversidad, por creerlos dignos de una consideración aparte.

Las constituciones psicopáticas en la infancia y la pubertad plantean problemas de variada naturaleza. Dando por sentado que las constituciones psicopáticas existen y que se pueden apreciar desde la infancia, hemos estudiado particularmente las menores del Hogar “Santa Rosa”, cuyas edades se cuentan desde los 4 hasta los 18 años. Hemos contado con la colaboración técnica de la señorita Olimpia Romero Villanueva, Visitadora egresada de la Escuela de la Liga Argentina de Higiene Mental y de la del Museo Argentino, de manera que nuestros estudios tienen el máximo de corrección que nosotros hemos podido imprimirles.

De 250 menores egresadas, anotamos 37 que presentan signos intensos y fijos, que las hacen inadaptables a los ambientes educativos comunes, encontrándose la mayor parte de ellas asiladas en la Casa Correccional. Les ahorraremos a ustedes la exposición de los “casos”, por interesantes que sean, porque lo que nos interesa destacar en este momento es el diagnóstico tardío y el porvenir de esta clase de niñas. Las manifestaciones constitucionales se ven por eso agravadas por actitudes reactivas de defensa o de ataque, que ha despertado el ambiente. Siempre fueron consideradas “desarmónicas con perversiones instintivas”, librándolas desde ese momento a su propia suerte. Las instituciones que las acogen, pronto las expulsan. Tornan y retornan al Asilo de la calle San Juan.

Así como no existe la escuela auxiliar médico-pedagógica que permita el diagnóstico precoz, tampoco existe la institución apropiada para los que tienen ya trastornos diferenciados. A lo sumo tenemos una Colonia para retardados que es la menos interesante para el neurosismo. En el fondo hay una cuestión doctrinaria que discutir. Las instituciones creadas por el Ministerio de Instrucción Pública parecerían destinadas únicamente a los niños normales. Como excepción, tiene los Institutos para ciegos y sordomudos. Los organismos creados por el Ministerio de Relaciones Exteriores, Culto y Beneficencia, parecerían decidirse por los enfermos, y a lo sumo por los frenasténicos.

Quedan los “nerviosos” en el hiatus establecido entre el enfermo y el sano. Pero ahí precisamente hay otra cuestión doctrinaria que dilucidar.

El “hombre de la calle” no está preparado para resolver semejante problema, y nos corresponde a nosotros, los médicos pediatras y alienistas, en función de puericultores y hominicultores, el decir la verdad.

El porvenir de este grupo diferenciado es esperar en la Casa Correccional o en otra parte peor, la mayoría de edad, y una vez alcanzada ésta, lanzarse a la sociedad prevenidas contra ella, dedicándose a la prostitución.

El segundo grupo diferenciado que debemos considerar, es el de los niños que presentan síntomas de la “serie perversa”.

Realizamos este estudio en colaboración con la Dra. Elvira Guiñazú y la señorita Valentina Marquiani, médica y visitadora, respectivamcnte, del Instituto “Cecilia Estrada de Cano”, creado por la Liga Argentina de Higiene Mental.

En un total de 5.000 que llevamos examinados desde 1934 hasta este año, advertimos una centena de niños que presentan trastornos característicos de esa serie.

Una exposición sobre la constitución perversa debería ir precedida por el estudio de los factores que determinan la conducta humana y su adaptación a la vida social, pues no existe una fórmula psicológica de dicha constitución. Se establece más bien sobre signos negativos que sobre rasgos decididamente positivos.

Debería llevar también una historia del concepto, desde la época en que Pritchard la denominó “Moral Insanity” y de todas las vicisitudes que ha sufrido a través de las diversas denominaciones de “moral imbecillity”, “moral deficiency” “ceguera moral”, etc., hasta llegar al estado en que se habla de “constitución perversa”.

Esta “constitución” no tiene para la psiquiatría el mismo significado que las otras llamadas psicopáticas, por cuanto no hay ninguna enfermedad mental en conexión necesaria con la constitución perversa. La locura moral ha sido rechazada como locura propiamente dicha.

Por esta razón hemos separado de los niños llamados vulgarmente nerviosos los que responden a este tipo. Así como para el diagnóstico de epilepsia se exige la convulsión o sus “equivalentes”, para el de perversidad se exige la existencia del acto perverso pero, el acto perverso no basta para decir perversidad, como no basta una convulsión cualquiera para decir epilepsia. Un análisis del protagonista es indispensable. El diagnóstico requiere consideraciones objetivas y subjetivas, antropológicas y sociológicas.

Por muchos respectos antes que una comparación con las constituciones psicopáticas, la llamada constitución perversa tiene analogía con la frenastenia. Presenta, como ésta, agenesias, atipías, morfológicas y psíquicas, retardo neurológico, trastornos de la sensibilidad general y sensorial, de donde provienen las denominaciones de imbecilidad, ceguera moral, ya abandonadas.

La interpretación de la psiquis en “tres esferas” ha venido a obscurecer todavía más la explicación de la perversidad como trastorno predominante de una. La conservación aparente de otra ha hecho creer que estaba indemne, dando seguramente a la capacidad combinatoria más importancia de la que tiene.

El concepto de locura moral ha sido también perjudicial para el de perversidad, pues nunca ha respondido a la definición típica de alienación.

El síndrome frenasténico tampoco responde con absoluta precisión a este concepto. Creemos por esto necesaria una revisión del cuadro de la perversidad y nos atrevemos a llamarle síndrome y no “constitución”, porque nos parece que rebasa los límites de lo constitucional.

Pero no es esta la ocasión propicia para tal discusión y sólo expondremos lo indispensable para llegar a las consecuencias relacionadas con la Higiene Social. Nivel o potencial perverso y tipo clínico, son los datos indispensables para su diagnóstico. Les ahorraremos también la lectura de los casos por no creerla indispensable, ya que lo que interesa es su número.

El perverso, como el frenasténico o como el alienado, es un ser extra o antisocial. La inteligencia en cualesquiera de los tres casos, no está habilitada para la autoconducción sin perjuicio para sí mismo o para la sociedad, pero el perverso tiene además de la peligrosidad genérica de todas las desarmonías, una peligrosidad específica que constituye su esencia.

No habiéndose aceptado en nuestro país el concepto jurídico de peligrosidad, la sociedad está desprovista de defensas para cuando lleguen a ser adultos y su perversidad se convierta en crimen o en delito.

Por una razón conviene abandonar el concepto de constitución que nos ata las manos para la profilaxis, considerándolo abiertamente como sindrome morboso y organizando la captura del perverso desde la infancia.

Los Institutos de puericultura, los Jardines de infantes, la Escuela primaria, deben formar una verdadera cadena para la denuncia de todo niño que presente anomalías de esta clase.

Finalmente y como corolario de todo lo dicho, debemos expresar que las autoridades educativas no pueden continuar desentendiéndose por más tiempo de la infancia anormal con el argumento formal de que no le corresponde. Se impone una investigación sistemática, la creación del profesorado para educadores de anormales, y el establecimiento desde el ciclo primario de escuela de observación y clasificación.

Sólo encarando el problema con gran amplitud se podrá obtener un resultado positivo de nuestros esfuerzos. Faltando ese vasto plan de conjunto, todo lo que se hace en la actualidad es fragmentario y disperso y no nos sirve más que para engañarnos con la ilusión de que trabajamos por el mejoramiento de la raza y el progreso de la higiene social u

 

* “Higiene Mental del Escolar”. Publicado en las Actas y Trabajos del Primer Congreso Nacional de Puericultura, Tomo I. El Ateneo, Bs. As., 1944.

Nota del Editor. En los textos de esta sección ha sido respetada la ortografía original.