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Primera parte

 

Carolina Tobar García

Psiquiatría infantil,

pedagogía, criminología

y prevención

 

Juan Carlos Stagnaro*

 

 

 

Aspectos biográficos

     

Carolina Tobar García nació en la provincia de San Luis el 10 de Noviembre de 1897; sus padres eran pequeños propietarios rurales de la localidad de San Martín. La única mujer entre varios hermanos varones, Carolina cursó sus estudios primarios y secundarios de magisterio en su provincia natal y luego pasó a ejercer como maestra rural durante varios años. En los primeros tiempos de la Reforma Universitaria, iniciada en 1918, emigró a Buenos Aires para iniciar sus estudios de medicina. Egresó con el título de médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1929 a los treinta y dos años de edad.

“Que el cuidado de la salud física del escolar es tarea del Estado, como así también su educación intelectual y moral es algo que no necesita demostrarse por cuanto está expresado en la ley de Educación Común; pero que la salud mental merezca iguales consideraciones, es una tesis nueva y un problema médico-político-social que requiere planteo y resolución como tal. He aquí el objeto de este trabajo”(1). Podríamos agregar, no sólo el de su tesis doctoral, de la que se extrae este párrafo, sino el objeto de trabajo de toda la vida profesional de Carolina Tobar García; esa maestra puntana que habría de marcar en su obra la pedagogía, la medicina escolar y la, por entonces llamada, higiene mental infantil en nuestro país.

Fue amiga de Delfina Ghioldi y de Alicia Moreau de Justo. Aunque no se le conoció militancia política, su inclinación ideológica se dio hacia el anarquismo, asistiendo puntualmente a reuniones de obreros del “Centro de Cultura” de Avellaneda que pertenecía a esa tendencia.

Casi enseguida de su graduación partió a los Estados Unidos para realizar estudios de Neuropsiquiatría Infantil como becaria en el Instituto de Profesores de la Universidad de Columbia, durante los años 1931 y 1932. A su retorno se radicó en Buenos Aires, iniciando un recorrido profesional que incursionó en múltiples direcciones (véase el resumen de su currículum vitae que se presenta entre los documentos reproducidos en la Segunda Parte de esta publicación) dejando su traza escrita en varios libros y numerosos artículos en los que sus conocimientos de literatura, mitología, filosofía, psicología, biología, se desgranan en una prosa potente de excelente factura. Figura polémica, no exenta de críticas acerbas, su personalidad despertaba grandes adhesiones o fuertes rechazos. Me han dicho que su figura un tanto maciza y su rostro de rasgos finos y firmes contrastaban con la belleza de sus manos. “Yo tendría unos dieciséis años. Ella me recibía en un salón de su casa de Rincón e Hipólito Irigoyen para charlar y tomar el té. Hablábamos de mi vida y me ayudaba a pensar y a reconstruir cómo habían pasado las cosas, mientras yo dibujaba”, nos relató un paciente de Carolina, hoy conocido artista plástico. Al decir de una sobrina, médica y psicoanalista, Carolina “vivía conectada con el futuro” interesándose al fin de sus días en la cibernética y las matemáticas. Por esa misma época, aunque nunca se analizó, recomendaba hacerlo. Quizás su amistad con Enrique Pichón Rivière y otros psicoanalistas y sus lecturas de la madurez den cuenta de esa posición.

Ya desde 1955, se puede comprobar que las lecturas psicoanalíticas habían ingresado en su universo conceptual. En “Problemas epistemológicos del testimonio infantil”, que comentaremos más adelante, Tobar García incluye entre sus referencias para estudiar las declaraciones judiciales de los niños la consideración que debe tenerse por los mecanismos inconscientes: “...y finalmente llega la poderosa influencia de la psicología psicoanalítica que con las nociones de condensación, desplazamiento, proyección, identificación con el agresor y otras, arroja nuevas luces sobre las relaciones del testigo y lo testimoniado”.

Paradójica trayectoria, centrada en una sistemática preocupación por la niñez, la de esa mujer a quien no se le conoció pareja estable y no tuvo hijos. Carolina Tobar García falleció en Buenos Aires el 5 de Octubre de 1962, pocas semanas antes de cumplir 65 años.

 

 

La formación

 

La etapa de su formación norteamericana parece, de atenerse a su actividad posterior, haber dejado marcada la preocupación por la prevención de las enfermedades mentales infantiles. En los Estados Unidos la década 1918-1928 fue particularmente notable por los desarrollos que se realizaron en relación a la sanidad infantil. A partir del Año de la Infancia patrocinado por el Children’s Bureau hasta la White House Conference on Child Health and Protection de 1930 crece una concepción que ubica al núcleo familiar como el factor más importante para el sano desarrollo mental de los niños. La recomendación de crear un ambiente afectuoso, seguro y estimulante se plasma en las orientaciones surgidas de dicha conferencia. Pero como también se considera que esas cualidades no son forzosamente inherentes a todas las estructuras familiares, se aconseja instruir a los padres, profesores, médicos, enfermeras y asistentes sociales en los principios de la sanidad mental(2). Florecen así las Clínicas de Protección a la Infancia (Child Guidance Clinics), y se deposita así en un equipo médico-socio-pedagógico la responsabilidad de la producción, control y guía técnica de sujetos adaptados a cierto modelo de la normativa social. En Buenos Aires Carolina Tobar García se integrará a la Liga Argentina de Higiene Mental, fundada en 1929 por Gonzalo Bosch, quien será el padrino de su tesis doctoral sobre el tema “La Higiene Mental del Escolar”(1) presentada en 1944. He allí otra influencia intelectual a destacar: Bosch hizo especial hincapié en la importancia de la herencia, de lo biológico y de lo que se dio en llamar constitución psicopática en la génesis de las enfermedades mentales(3).

 

 

La práctica

 

El trabajo de Tobar García se desplegó en un amplio abanico abierto a todas las especialidades y áreas institucionales relacionadas con la conducta infantil. La idea guía que la alienta es, sistemáticamente, la de la prevención. Siguiendo el modelo norteamericano, al que aludíamos más arriba, Tobar García informa: “con el nombre de Clínicas de Conducta, de hábitos o de guía, se han creado en algunos países, organismos destinados a observar, controlar y dirigir o corregir el desarrollo somatopsíquico del niño pequeño en la primera y segunda infancia, es decir, antes del ingreso a la escuela común...”. Y propone “...un sistema completo de prevención en Salud Mental debería contar con Clínicas Guía, escuelas autónomas, clases diferenciales, clases especiales y hasta colonias de adaptación.”(4). Esta preocupación la lleva a ocuparse de la deficiencia mental y el despistaje precoz de la patología infanto-juvenil.

Una mención especial merece la preocupación de Tobar García por el riesgo profesional de los docentes, en las que describe detalladamente, entre otras patologías profesionales, lo que hoy se podría incluir en el síndrome de Burnout de los educadores(5) y la formación de maestras especializadas y visitadoras de Higiene.

En 1942 es nombrada Directora de la Primera Escuela de Adaptación, primera institución en el país con enfoque médico y pedagógico(6, 7) y en 1949 crea las Escuelas Diferenciales de la Capital Federal, también primeras del país en su tipo.

Cabe detenernos un poco en esta actividad inaugural de Carolina Tobar García. En oposición a Aníbal Ponce, a quien sin duda admiraba, reivindicaba la autonomía de la psicopedagogía como ciencia. En los éxitos y fracasos de Fenelon y su discípulo José Javier nieto de Luis XIV, de La Bruyère maestro de Luis de Borbón y de Itard empeñado en la educación de Juvenis Averionensis encuentra Carolina Tobar García el momento fundante de la psicopedagogía moderna, que sin llamarse así deja marcadas con esas experiencias el pensamiento occidental al respecto para resurgir, según ella, con nombre propio en la obra de Binet, Simon, Piaget, Wallon, Claparède y Stern autores que conocía profundamente. En nuestro medio son ideas de Rodolfo Senet de 1911, sobre la influencia de los fenómenos psicopatológicos para la interpretación científica de las faltas en los niños las que la inspiran. Entre los métodos pedagógicos para niños inadaptados la llamada “educación atractiva” de Fenelón es la que mejor se adapta a su criterio para la corrección de sus deficiencias, innatas o adquiridas. Desde ella parte nuestra autora en dirección a lo que conceptualiza como escuela pragmática y que constituye el modelo para su Escuela de Adaptación. Es decir, operar sobre centros de interés del alumno confeccionados alrededor de un tema que exige la realización manual. Define así a la Escuela de Adaptación como “modesta en su proyección social, humilde en sus alcances, pragmática y vocacional, simplemente una escuela taller”(8).

En el área médica tuvo a cargo el Consultorio de Sanidad Escolar para retardados pedagógicos (1934) y años después (1944) llegó a Inspectora Médica de esa repartición.

En 1941 se gradúa como Médica Psiquiatra y Médica Legista. Su actividad docente abarca una serie de cargos en distintos estamentos de la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, durante los años del gobierno de J. D. Perón, y hasta después de la caída de su gobierno, ya que Tobar García permanece en su puesto hasta 1958 como Profesora de Neuropsiquiatría Infantil, en la Cátedra de Psiquiatría.

Se interesó en la Criminología Infantil contemporáneamente con su nombramiento como Médica Forense de Tribunales, siendo la primera mujer en desempeñarse en ese cargo. Tobar García fue creadora y Jefa del Gabinete Psicopedagógico del Hogar Santa Rosa, dependiente del Patronato Nacional de Menores, en el que realizó investigaciones sobre delincuencia infanto juvenil y Directora del Instituto Neuropsiquiátrico “Cecilia Estrada de Cano” dependiente de la Liga Argentina de Higiene Mental. En estas instituciones y en Sanidad Escolar observó, diagnosticó y clasificó, sólo entre 1934 y 1940, 5000 casos de niños y adolescentes asentando, así, sus investigaciones en una casuística sorprendente para la época.

 

 

Comentario de algunos escritos

 

En el primer artículo presentado en la Segunda Parte de este trabajo, Tobar García estudia un amplio espectro de la patología infanto-juvenil que abarca desde la investigación a base de tests psicométricos de la correlación entre edad cronológica y edad mental hasta la problemática que la autora llama perversión infantil. El papel reservado a la psicometría está delimitado en un conjunto de exámenes y sólo su combinación con otros múltiples niveles de observación permite, para la autora, la formulación de un diagnóstico. Pasa luego al estudio del nerviosismo infantil detallando la sintomatología más típica detectada en sus estadísticas. Cabe señalar que estas observaciones, practicadas por Tobar García hace casi medio siglo, son contemporáneas a los trabajos de Lutz sobre la esquizofrenia infantil y a los de Despert (realizados entre 1930 y 1937) y previos a la comunicación de Kanner sobre el autismo infantil precoz(9). En esta etapa de su obra no hay alusión a nomenclatura psicoanalítica alguna, cosa que sí veremos aparece en artículos de la autora una década mas tarde (vide supra et infra). Al practicar la enumeración de los grupos discernibles desde el punto de vista de la neuropsiquiatría infantil se preocupa por las medidas higiénico-dietéticas que rescaten de un destino de debilidad mental a los niños desnutridos y se siente desarmada frente a la evolución epiléptica. Aísla por fin a los grupos con síntomas psíquicos propiamente dichos sin substractum orgánico aparente y a las anomalías de comportamiento inducidas, reflejas, reactivas y condicionadas por mala educación. “Todas las series mórbidas se presentan en ellos: síntomas de la serie hipocondríaca y depresiva; obsesiones, fobias e impulsiones obsesivas; manifestaciones histéricas e histeroides; esquizotimia y actos perversos” dice Tobar García y separa de estas categorías de pacientes los que tienen “constituciones psicopáticas” y los que presentan “manifestaciones de perversidad”. En su carácter de “puericultora” y “hominicultora” llama la atención sobre estas dos patologías y en particular la perversidad infantil, haciendo hincapié en que este constituye un síndrome más que una constitución, más análogo a la frenastenia (por sus agenesias y atipias morfológicas y psíquicas, retardo neurológico, transtornos de la sensibilidad general y sensorial), que a las psicopatías. El niño perverso tiene para Tobar García una “peligrosidad específica” potencialmente productora de crimen y delito en la edad adulta. La única “defensa posible de la sociedad” será entonces, para nuestra autora, la organización de la “captura del perverso desde la infancia” creando para ellos “instituciones especiales donde pudieran ser observados a través del tiempo, tratados y retenidos definitivamente, los que no obtuvieran mejoría”(10). La perversidad infantil para Tobar García es una sociopatía, reeducable en algunos casos, irrecuperable en la mayoría de ellos. Al fin de su artículo propone respuestas sociales en un crudo lenguaje de alienista que se hace cargo de la filantropía con los más débiles y recuperables y de la custodia y aislamiento de las locuras generadoras del escándalo social.

El segundo artículo que se reproduce en la Segunda Parte, es el texto completo de su conferencia: “Problemas epistemológicos del testimonio infantil”, dictada por Tobar García en la Sociedad Argentina de Criminología, en 1955, en la que desarrolla una tesis sobre la aplicación del psicodrama de Moreno en la investigación de las declaraciones de menores en casos judiciales(11). Para ilustrar su propuesta la autora utiliza como ejemplo el material tomado de un caso que había sido publicado en la Gaceta de Paz, del 30 de Agosto de 1954, de tres hermanas de 6, 9 y 11 años enfrentadas en un careo con su progenitora acusada de maltrato infantil.

Obra de su madurez, Tobar García expone en ella, en los tramos introductorios, la serie de referencias teóricas de diversos autores que nos permite apreciar sus fuentes de inspiración: la psicología genética de Jean Piaget, la teoría de la Gestalt, la concepción topológica de Kurt Lewin, la obra de Henri Wallon, a los que se articulan las primeras referencias encontradas en Fenelon, Claparède, Binet y Simon, ya mencionados, con las de Wulf, Bartlett, Stern –el creador de la psicología diferencial– Cenac y, particularmente, François Gorphe (...”que en su magnífico libro titulado `La crítica del testimonio´, al que tanto debemos, relata numerosos casos de falsos testimonios infantiles que ponen de manifiesto la importancia del problema de la verdad, la veracidad, la autenticidad y la validez de las declaraciones de los niños”).

En los agudos comentarios con los que la autora analiza el careo, Tobar García incluye también, una sugestiva y muy clara referencia a la teoría psicoanalítica kleiniana comentando la “teoría de la madre mala” y sus hipótesis del pecho bueno y el pecho malo.

La transposición de los diálogos del careo judicial de las tres niñas a una imaginaria escena psicodramática permite, entonces, a Tobar García, ilustrar la posibilidad de la aplicación de la técnica de Moreno a este tipo de dilucidación del testimonio infantil.  

 

 

A modo de conclusión

 

Las vicisitudes políticas del postperonismo en el ámbito universitario, la influencia del pensamiento y la obra de Telma Reca y la penetración en nuestro medio del psicoanálisis de niños introducido por el aporte pionero de Arminda Aberastury(12), temas que merecen una particular investigación que no se incluye aquí, sugieren las injustas razones por las que la figura de Carolina Tobar García haya quedado opacada y que la memoria de sus aportes no haya tenido repercusión posterior en la Argentina más que el de su nombre que llevan dos Escuelas Diferenciales –una en Corrientes y otra en San Luis– una Biblioteca Escolar en Ramos Mejía y el único hospital psiquiátrico infanto-juvenil de nuestro país, situado en la Ciudad de Buenos Aires.

 

 

 

Notas

* Médico Psiquiatra. Prof. Regular Adjunto, Depto. de Salud Mental, y Docente Libre del Instituto de Historia de la Medicina, Depto. Humanidades Médicas, Fac. de Medicina, Univ. de Bs. As. (UBA). Ex Presidente del Capítulo de Historia de la Psiquiatría de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA). El presente artículo se basa en una investigación inicial publicada en Vertex, Rev. Arg. de Psiquiatría, Vol. II, N° 5, 1991.

1.Tobar García, Carolina, “Higiene Mental del Escolar”. El Ateneo, Bs. As., 1944.

2. Rosen, George, “Locura y Sociedad, sociología histórica de la enfermedad mental”, Alianza Universidad, Madrid, 1968. págs. 331-348.

3. Guerrino, Antonio A., “La Psiquiatría Argentina”, Edit. Cuatro, Bs. As. 1982, pág. 86.

4. Tobar García, Carolina, Op. cit., págs. 227-228, 229.

5. Tobar García, Carolina, “Enfermedades Mentales en el Magisterio”, Rev. Arg. de Higiene Mental, Año IV, Marzo/Abril 1947, N° 22, págs. 5 a 8.

6. Guerrino, Antonio A., Op. cit., pág. 54.

7. Lardies González, Julio., “Médicas argentinas con aportes sociológicos”, Archivos de Historia de la Medicina Argentina, Bs As., 1974, N° 9, págs. 26 a 29.

8. Tobar García, Carolina, “Problemas psicopedagógicos de la escuela de adaptación”, Rev. Arg. de Hig. Mental, Año V, Enero 1946, N° 18, págs. 15 a 33.

9. Kanner, Leo, “Autistic disturbances of affective contact”, Nervous Child, 1943, 2, págs. 217 a 230.10. Tobar García, Carolina, “El testimonio infantil, Problemas epistemológicos”, Bs. As., 1955. (Roneo).

10. Tobar García, Carolina, Guiñazú Sixta Elira y Marquiani Valentina, “El síndrome de perversidad en la infancia”, En Actas y trabajos del Ier Congreso Nacional de Puericultura, Bs.As., 7 al 11 de Oct. de 1940.

11. Tobar García, Carolina, “El testimonio infantil, Problemas epistemológicos”, Bs. As., 1955. (Roneo).

12. Fendrik, Silvia Inés, “Desventuras del psicoanálisis”, Donald Winnicott, Arminda Aberasturi, Telma Reca. Ariel, Buenos Aires, 1993.

 

Bibliografía

 

• Fendrik, S. I., “Desventuras del psicoanálisis”, Donald Winnicott, Arminda Aberasturi, Telma Reca. Ariel, Buenos Aires, 1993. • Guerrino, Antonio A., “La Psiquiatría Argentina”, Edit. Cuatro, Bs. As. 1982. • Kanner, Leo, Autistic disturbances of affective contact, Nervous Child, 1943, 2. • Lardies González, J., “Médicas argentinas con aportes sociológicos” Archivos de Historia de la Medicina Argentina, Bs. As., 1974, N° 9, págs. 26 a 29. • Rosen, George, “Locura y Sociedad, sociología histórica de la enfermedad mental”, Alianza Universidad, Madrid, 1968. • Tobar García, C., “Alrededor de un problema médico-pedagógico”, La Nación, 9/1/34. • Tobar García, C., “No tenemos escuelas para retardados pedagógicos”, La Nación, 28/7/36. • Tobar García, C., Temas de Psiquiatría Escolar, Amorrortu, Buenos Aires,1939. • Tobar García, C., Guiñazú Sixta Elira y Marquiani Valentina, “El síndrome de perversidad en la infancia”, En Actas y trabajos del Ier Congreso Nacional de Puericultura, Bs. As., 7 al 11 de Oct. de 1940. • Tobar García, C., Educación de los deficientes mentales en EE. UU., Ed. Humberto Andreotta, 1941. • Tobar García, C., La Higiene Mental del Escolar. El Ateneo, Bs. As., 1944. • Tobar García, C., “Problemas psicopedagógicos de la escuela de adaptación”, Rev. Arg. de Hig. Mental, Año V, Enero 1946, N° 18, págs. 15 a 33. • Tobar García, C., “Enfermedades Mentales en el Magisterio”, Rev. Arg. de Higiene Mental, Año IV, Marzo/Abril 1947, N° 22, págs. 5 a 8. • Tobar García, C., “El testimonio infantil”, Problemas epistemológicos”, Bs. As., 1955. (Roneo).