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Homicidio(1)

Alejandro Korn

 

 

Señor Juez:

 

Acuso recibo del oficio de V.S. fecha 24 del ppdo. por el cual me comunica la remisión á este hospital del detenido D. A. y adjunta copia de una série de antecedentes relativos á la causa que por homicidio se le sigue. Paso á espedir el informe médico legal, que sobre las facultades mentales de A. solicita el Juzgado y cuyo objeto V. S. se ha servido concretar, sometiendo al perito las siguientes preguntas: Si el presunto demente se encuentra atacado de enagenación mental – si ésta ha podido ser anterior al delito ó ha sobrevenido después de él – si es permanente ó eventual – si es cierta ó simulada – si es total ó parcial.

Voy á contestar con la mayor precisión posible á estas interrogaciones, pero he de adelantar algunos datos para fundar las conclusiones finales de este informe.

A. es un individuo de escaso desarrollo físico, de constitución endeble, con un defecto notable en la estremidad inferior derecha, á consecuencia del cual claudica durante la marcha. Este defecto proviene en la actualidad de una anquilosis completa de la articulación iliaco-femoral y deriva de una afección crónica, que ha dado lugar á dolores intensos, á una supuración prolongada, á la formación de trayectos fistulosos y que durante años ha tenido postrado en cama al paciente, con el agotamiento consiguiente de su resistencia orgánica.

El cráneo es pequeño, toca casi los lindes de la microcefalia y su desarrollo es escaso, sobretodo en la región frontal. A esta pobreza física corresponde también una pobreza intelectual. Sabe firmar es cierto y conoce los números, pero solo como una reminiscencia mal conservada. Preguntado cuanto tiempo llevaba de residencia en el país, dijo haber venido el año 80, pero no supo calcular cuantos años habían transcurrido desde entonces hasta el 98.

Su actitud de día es retraida y ensimismada. Permanece durante horas en su sitio, en silencio, ajeno á cuanto lo rodea, sin manifestar interés por nada. Solamente la inquietud de la mirada traiciona la desconfianza y el temor de su espíritu. De noche en cambio suele estar agitado, con insomnio, quejoso de sus compañeros de sala á quienes sin motivo, atribuye el propósito de molestarlo.

La enunciación de las palabras es torpe, asocia con lentitud su escaso caudal de ideas y cuando se le hostiga con preguntas se refugia en un silencio obstinado.

Refiere su crímen con sencillez, sin tratar de atenuarlo ó de desfigurarlo y sin demostrar el más mínimo arrepentimiento.

Al contrario, afirma haber procedido con justa razón, puesto que su víctima se burlaba de él, le causaba daño y lo perseguía.

Le pregunté porqué andaba armado de revolver y me dijo, que hacía tres meses se había provisto de esta arma á causa de otro individuo y no del que fué su víctima, pero que también se burlaba de él y trataba de hacerle mal.

Padece sin duda alguna de alucinaciones del oído y posiblemente del olfato. Se tapa el conducto auditivo esterno con algodón, para substraerse á las continuas invectivas que escucha.

A estos datos suministrados por la observación directa, agregaré los que se desprenden de los antecedentes remitidos por V. S. El crímen ha sido cometido por un móvil completamente futil y desprovisto de importancia, pero se ha realizado de una manera franca, á la luz del día, en presencia de testigos y sin una tentativa seria para ocultarse, por parte del matador.

La esposición de los testigos sobre los antecedentes de A. no suministra un material muy preciso, pero basta para afirmar la existencia de anomalias de carácter, cuya apreciación escapa á los declarantes, pero que en resumen, son una desconfianza pronunciada, un temor perpétuo de ser burlado ó explotado, un apocamiento vacilante en sus resoluciones y por fin una irritabilidad, que estalla en impulsiones súbitas.

Un individuo de semejantes condiciones, cojo, débil y pusilánime, debía ser objeto forzosamente de la chacota poco culta de sus convecinos, circunstancia la más apropiada para agravar sus propensiones propias, hasta el punto de que un arma en sus manos, debía dar lugar fatalmente á una desgracia.

Luego, ya en la carcel, bajo la influencia moral del reciente delito, su estado se revela de una manera evidente y da lugar al informe médico, que comprueba la existencia de la enajenación mental, lo clasifica de maníaco y solo insinua dudas sobre si este estado es permanente ó eventual.

Afirmo también por mi parte, que se trata de un alienado, pero disiento con el diagnóstico de mi colega, pues debo suponer que emplea la palabra manía en su acepción técnica. A mi juicio, se trata de un caso de delirio de las persecuciones, desarrollado sobre la base de un organismo degenerado y de una acentuada pobreza de espíritu.

Dado el posible alcance jurídico de este diagnóstico, debo recordar que la enagenación mental no está separada de la cordura por un límite riguroso, sino por transiciones múltiples y que el discernimiento puede estar suprimido, si á veces de una manera total, en otras solo en grado más ó menos pronunciado. En el caso sub-judice opino sin embargo, que el resto de discernimiento que ha podido existir en el inculpado es sumamente pequeño.

Por otra parte el estado actual es el resultado de un proceso patológico prolongado. La pequeñez de la cavidad craneana es un defecto congénito, el entorpecimiento del desarrollo intelectual arranca cuando menos de la pubertad y el delirio mismo, sin duda alguna, haca ya varios años que se ha iniciado.

En apoyo de mi juicio me permito traducir algunas palabras de la Psicopatología forense de Kraft-Ebing, obra clásica en su género: “Estas formas de locura se desarrollan de una manera latente y paulatina, el delirio es parcial y se disimula facilmente, la cordura aparente se conserva durante mucho tiempo, los motivos del delito con frecuencia son verosímiles, como los celos, el odio, la venganza, el extravío mental no se refiere á imposibilidades físicas y por todas estas razones el conocimiento de enfermedad tan grave puede substraerse mucho tiempo á la observación”, “En este estado dice el autor en otra parte: un gesto, una sonrisa, una tos, una palabra mal interpretada basta para que el enfermo se crea perseguido é imagine hallarse en peligro de muerte”. “Los enfermos al cometer un crimen, jamás proceden ocultamente, de día claro, delante de testigos ultiman á sus víctimas, sin disimular sus motivos y se complacen con el éxito de su tentativa, pues abrigan la firme convicción de proceder en defensa propia”.

Como síntesis de este estudio formulo, pues, las siguientes contestaciones á las preguntas de V. S. transcriptas ut supra: A la primera que D. A. se encuentra atacado de enagenación mental –á la segunda que su afección es anterior al delito cometido –á la tercera y cuarta que su enfermedad no es eventual ni simulada.

En cuanto á la última –si la enagenación mental es total ó parcial– debo manifestar que se me escapa el alcance de esta pregunta y no puedo responder á ella sin algunas explicaciones previas.

Una enfermedad puede ser grave ó leve en cuanto á su intensidad, puede ser general ó local en cuanto á su extensión, pero nunca puede ser parcial. En psicopatología la clasificación de parcial suele aplicarse algunas veces al delirio, que es solo uno de los síntomas de la enfermedad y por cierto puede girar en un círculo más ó menos estrecho, pero esta clasificación no prejuzga sobre la naturaleza de la afección orijinaria. “Estos delirios” dice Ball “que equivocadamente llamamos parciales y que sería mejor llamar circunscriptos”.

En efecto este delirio parcial es casi siempre la expresión de un padecimiento general y por otra parte el hecho de concretarse el delirio á un tema predilecto, no demuestra la integridad de la inteligencia restante, pues basta en la asociación de las ideas un solo término falso para extraviar todo el raciocinio.

En el caso presente A. se halla atacado de enajenación mental, bajo una de las formas más graves, pero su delirio realmente es parcial, pues se manifiesta con especialidad en un sentido determinado, el de la persecución u

 

1 Informes Médico-Forenses, La Plata, Talleres Sesé y Larrañaga, 1902.