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Homicidio(1)

 

Alejandro Korn

 

Señor Juez:

 

 

 

P. R. es un jornalero analfabeto, oriundo del medio día de Italia, de 52 años de edad, de constitución robusta. Presenta una calvicie incipiente, su fisonomía es tosca, su mandíbula inferior bien desarrollada, su dentadura de un desgaste muy avanzado. Las pupilas se hallan contraidas, el corazón da ochenta latidos por minuto. En su conformación anatómico no se observa ninguna anomalía notable, si no ha de considerarse como tal el poco desarrollo del prepucio que no cubre el glande.

El padre, ebrio consuetudinario, le hacía objeto de malos tratamientos, motivo por el cual abandonó su país natal y dejó de usar el apellido paterno. Un tio materno era loco. Durante su niñez R. se resistió á frecuentar la escuela, á pesar de vivir próximo á la misma. Ha abusado algunas veces de las bebidas alcohólicas y se ha entregado con frecuencia al onanísmo. Permanece soltero.

En los 27 años de su permanencia en el país ha trabajado en la Capital de la República y en numerosos Partidos del sur y oeste de la Provincia. En el partido de Dolores es donde ha pasado un período mas largo, pero simpre en ocupaciones ambulantes, sin radicarse de una manera fija, ni constituir un hogar. Por fin se trasladó á otro punto porque siempre le perseguía la desgracia.

Dos veces ha sido víctima de traumatismos. Conserva en la mano derecha una cicatriz, que dice provenir de una herida ocasionada con una botella. En el muslo derecho se halla otra cicatriz producida por una bala de revólver, que aún permanece en los tejidos próximos á la rodilla. A consecuencia de ésta última herida permaneció año y medio sin trabajo. Ambas lesiones se las causó él mismo por imprudencia.

Ha padecido tambien mucho tiempo en la cadera y muslo izquierdo, de dolores neurálgicos, que califica de reumatismo y que dice haber curado con una coraza de mataco. Es este un procedimiento popular sobre cuya eficacia no es necesario insistir, pero que da la medida de la instrucción de los individuos en los cuales ejerce una acción sujestiva. En esa época según sus propias palabras ganaba justamente lo necesario para pagar al médico y á la botica.

En todo el transcurso de su vida ha padecido de cefalalgias, tan violentas y tenaces, que durante quince días ó un mes, le obligaban á interrumpir sus obligaciones. En estos trances recurría á la aplicación de sanguijuelas ó se hacía practicar sangrías, terapéutica que es casi tan eficaz como la cáscara de mataco. En ambos brazos presenta cicatrices de numerosas sangrías. Padece por fin de prurigo anal.

Los dos últimos años de su vida merecen especial mención.

Trabajaba como peón en una estancia del Partido de General Pintos, donde una señora, que es bruja y curandera, le hizo daño en el mate cocido. A consecuencia de esto le sobrevinieron una serie de males, sobre todo erupciones de la piel, dolor de cabeza é insomnio. Para combatirlos se aplicó sanguijuelas, se untaba todo el cuerpo con grasa y se levantaba de noche á tomar baños en el agua, escarchada por ser invierno.

La señora mencionada le hacía objeto aún de otras persecuciones. De noche tenía que dormir encerrado, con las puertas trancadas, pues sin esta precaución, le hubieran hecho desaparecer, como á otro quintero, que estuvo antes que él en la estancia. Así se limitaban á golpearle la puerta y á hacerle ruido en el techo de hierro de su habitación. Sin embargo cuando cansado de estas provocaciones salía no hallaba á nadie. Una noche llegó hasta descargar un arma de fuego contra estos perturbadores de su descanso. Querían hacerle creer, que esos rumores eran ocasionados por espíritus, pero él bien sabe que la verdadera causante era su enemiga. En esa época también tuvo varios ensueños con advertencia del peligro que corría. El no cree en las ánimas, pero los ensueños suelen salir ciertos y él mismo ha presenciado el caso, de enloquecerse un hombre por habersele hecho un maleficio al arado.

De cuanto le ocurría R. se quejó al alcalde del cuartel, quien no le hizo caso. Así es que á pesar de hallarse muy satisfecho de su patrón y ganar 50 pesos al mes, pasóse á otro establecimiento, donde solo le pagaban 45, únicamente para substraerse á las asechanzas y á la malquerencia de que era objeto. Desgraciadamente no mejoró con este cambio, porque un compañero de trabajo y de habitación, probablemente volvió á hacerle daño, esta vez en el café. Volvieron á atacarle los dolores de cabeza y desesperado de tanto padecer, dispuso suicidarse con una mezcla de trementina con polvos hormiguicidas. Esta pócima, que tomó al acostarse solo le produjo violentos cólicos, que le despertaron y víctima entonces de un violento impulso agresivo asaltó al peón S. T. y le infiere al rededor de treinta heridas, que ocasionaron la muerte de este.

No había mediado ningún altercado. Consumado el hecho R. se quita la ropa manchada de sangre, se viste, sale de la habitación teatro del suceso y se entrega sin resistencia alguna.

Este crimen no se explica por ninguno de los motivos comunes. De todas las declaraciones se desprende, que no existia el móvil del interés, ni el propósito de la venganza. El delito ha sido realizado, es cierto, de noche, pero ante testigos, sin precaución alguna para ocultarlo ó para facilitar la fuga del criminal y este resulta ser un individuo de buenos antecedentes, que jamás parece haber incurrido ni en una simple contravención y que antes del crimen intenta envenenarse. Llevado luego ante las autoridades sumariantes confiesa sin reticencias y por toda esplicación hace la historia de sus enfermedades y se manifiesta víctima del daño.

Trasladado R. por órden de V.S. á este manicomio he podido someterlo á mi observación. Es un hombre tranquilo, sumiso, que esquiva con desconfianza el trato de las gentes, se aísla voluntariamente, no habla si no se le pregunta, pero interrogado contesta con naturalidad y sencillez. Una vez que hube merecido su confianza, abandonó toda actitud reticente y aun se volvió locuaz y verboso, para referirme la serie de desgracias, que ha soportado en la vida, muy especialmente las persecuciones de que le hizo víctima aquella señora, en el penúltimo punto donde trabajó. Goza de buen apetito; la única queja que me formuló fué sobre la escasez de su ración, que hubo de ser aumentada. En cambio me pidió que lo hiciera trabajar. Al parecer duerme tranquilo, pero siempre refiere ensueños que dice haber tenido.

Se lamenta de su continua desgracia y facilmente le asoman las lágrimas á los ojos. Preguntado que haría si llegara á salir en libertad, dijo que trabajaría un año hasta reunir la cantidad necesaria para regresar á Italia, porque deseaba irse de este país, donde le iba tan mal. Sin embargo abriga poca esperanza de poder realizar este propósito; se inclina á creer que lo han de fusilar y que quizás hayan intervenido testigos falsos en su proceso. Así que consideraría mejor haber muerto y no está lejos de repetir su tentativa de suicidio.

A mi juicio el caso de P. R. no ofrece mayor dificultad. En rigor bastaría leer la declaración que el examinado prestó ante V. S. para formar opinión. Pero el estudio de los antecedentes, el examen directo del procesado y la naturaleza del delito cometido todo ello concuerda para arribar al mismo diagnóstico. Se trata de un caso de locura progresiva sistematizada, que debe calificarse como un delirio de las persecuciones, desarrollado sobre la base de una neurosis hipocondríaca, espresión ésta á su vez de un estado de degeneración congénito.

La hipocondría que en apariencia es una preocupación excesiva sobre el estado de nuestro organismo y suele degenerar en una aprehensión que nos simula enfermedades graves es en el fondo una perversión de la sensibilidad, que magnifica las impresiones orgánicas, en virtud de la cual se da una trascendecia y se atribuye una importancia excesiva aun á las afecciones mas sencillas ó nimias. Semejante estado, que cuando es grave se acompaña con una profunda depresión psíquica, complica con frecuencia otras formas de enagenación, con especialidad á la melancolía. Pero cuando se desarrolla en sujetos predispuestos por una degeneración orgánica á menudo precede á las grandes vesanias, que luego adquieren la forma sistematizada. Es que al travéz de una evolución muy lenta los enfermos se persuaden por fin, que una causa oculta y misteriosa determina sus males.

En un medio social ignorante esta causa resulta ser un maleficio como el daño, en el cual creen nuestros paisanos y que tiene sus analogías con las supersticiones de otros pueblos, en particular los del sur de Italia. Hay que distinguir empero la superstición en sí, que solo acusa ignorancia y de la cual participan tambien personas sanas y su empleo como elemento del delirio en las locuras sistematizadas, al mismo título con que alienados de mayor cultura imaginan influencias eléctricas, conspiraciones masónicas, intrigas políticas, etc. Es que todo cerebro, aun en sus estravíos, solo trabaja con el material intelectual que posee.

En el caso que motiva este informe la evolución del proceso patológico se presenta con tan transparente claridad, que no puedo renunciar á recapitularlo, aun á riesgo de incurrir en redundancias.

Nace P. R. con una tara hereditaria considerable, pues acumula las consecuencias del alcóholismo del padre y de la locura de sus antecesores maternos. En la niñez resulta refractario á la enseñanza y á la disciplina escolar. Mas tarde, con ó sin razón, se considera maltratado y víctima de la injusticia paterna. No solo emigra sino que cambia de nombre. En nuestro país lleva una vida errante, recorre esta Provincia de un extremo á otro, no fija su residencia ni constituye un hogar. Las enfermedades reales y supuestas le persiguen, sobre todo las neuralgias, de manera que siempre se halla preocupado de su salud, á pesar de que en realidad posee un organismo fuerte y vigoroso. Accidentes casuales contribuyen á fomentar aun mas esta tendencia hipocondriaca, que se acentua con los años, hasta que por último le sugiere una esplicación de la desgracia que lo aflije. Dado su nivel intelectual en realidad no había sino una esplicación posible: “le han hecho daño” y una vez en este camino no tarda en desarrollar y sistematizar la idea concebida. El daño forzosamente debía habersele hecho en el mate –esto es de rigor– y su autora había de ser la mujer encargada de prepararle el desayuno. Ahora sobrevienen tambien las alucinaciones del oido que lo confirman en su extravio y se apercibe que las gentes lo desdeñan, se burlan de él, cuchichean en su presencia y traman su perdición. En vano con la lógica consiguiente cambia de lugar para evadirse de estas influencias maléficas, porque no se trata ya de una superstición, sino de un delirio. Bien pronto vuelve á encontrarse en las mismas condiciones y personifica en otro sujeto el origen de sus males persistentes. Desesperado resuelve suicidarse, lo intenta sin éxito y arrebatado en un acceso impulsivo mata á su supuesto verdugo.

Concluyo señor Juez:

1) Que P.R. padece de enagenación mental, bajo la forma del delirio de las persecuciones.

2) Que el delito por el cual se le proceso fué cometido, bajo el imperio de esta afección psíquica.

Devuelvo adjuntos los autos que V.S. se sirvió remitirme u

 

 

1. Informes Médico-Forenses, La Plata, Talleres Sesé y Larrañaga, 1902.