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Uxoricidio(1)

 

Alejandro Korn

 

 

Señor Juez     

 

C.D. italiano, de 56 años de edad, jornalero, analfabeto, es un individuo de mediana robustez, con indicios de vejez anticipada y que presenta como único defecto físico, la conformación irregular del lóbulo de las orejas en ámbos lados.

A pesar de su prolongada permanencia en el país se expresa mal en castellano y emite las palabras en voz algo baja y con rapidéz inusitada. Estas circunstancias dificultan la conversación con él y solo á fuerza de paciencia se logra penetrar su pensamiento, que es la expresión de una inteligencia pobre, privada de instrucción y de educación, pero que no se extravía en manifestaciones delirantes. Su memoria conserva el recuerdo de los principales acontecimientos de su vida, tanto recientes como remotos. No es, sin embargo, rica en datos, como que D. siempre ha actuado en un círculo muy estrecho y solo le ha inspirado interés aquello que de muy cerca atañe á su persona. Su carácter es apocado y débil. Se subordina sin resistencia á todas las órdenes, es dócil, no se queja jamás y toda intención agresiva parece agena á su manera de ser.

Interrogado sobre los móviles de su delito, hace una extensa relación de las reyertas domésticas que mediaban entre él y su cónyuge. Dice que su esposa no le dejaba dormir en la habitación común, que le negaba el débito conyugal hasta el punto de tener que entregarse al onanismo, que le obligaba á prestar dinero contra su voluntad y agrega otras referencias de las cuales se deduce, que D. ocupaba en su propia casa una situación subalterna.

Sin embargo, no parece darse cuenta de lo humillante de esta condición y no pretende tampoco, con estos hechos, justificar su crimen, que lamenta y atribuye á un extravío inconsciente, durante el cual ha perdido la noción de sus actos. Urgido á que explique el motivo de semejante estado, dice que quizás se debiera á alguna sustancia mezclada á la comida. No lanza, empero, esta última sospecha, sino de una manera hipotética y de ningún modo le sirve esta suposición de punto de partida para un raciocinio sistematizado sobre los hechos ocurridos. Preguntado sobre su último viaje á Europa, al cual, como se verá más adelante se atribuye cierta influencia decisiva, dice que experimentó una pérdida de mil francos, pero en su expresión no hay nada, que sea inverosímil ó esté reñido con las posibles contingencias de la vida.

Si no puede comprobarse en D, delirio alguno, tampoco se observan alternativas bruscas en el estado de su ánimo, que no se halla ni deprimido ni exaltado. Se mantiene en un estado igual, cuya característica sería una conformidad resignada.

Las funciones orgánicas del procesado se verifican de una manera normal; goza de buen apetito y de un sueño tranquilo. Nada induce á creer que haya tenido ó tenga alucinaciones. La expresión de su fisonomía es natural y no revela en él la desconfianza recelosa, tan propia sobre todo del perseguido. Ninguna alteración de la sensibilidad he podido comprobar.

La observación de D, practicada en el manicomio no suministra, desde luego, sino datos negativos. Analicemos ahora los antecedentes acumulados en los autos. Algunas declaraciones y entre ellas las de la misma esposa y víctima del procesado insinúan la existencia de alteraciones mentales. A fojas tres vuelta, un testigo dice que D. se lamentaba de los malos resultados de un viaje á Italia y se mostraba preocupado desde su regreso. Pero bien cabe la posibilidad de una pérdida efectiva de dinero, que á un hombre de las condiciones de D. debía herir de una manera profunda. De la declaración de la víctima á fojas siete, se desprende que D. alguna vez amenazaba con suicidarse y que creía haber sido embrujado por ella. La superstición popular conocida en Italia con el nombre de jettatura y entre nuestros paisanos con el de daño se halla tan generalizada, que no puede, en manera alguna considerarse loco á todo aquel, que se suponga víctima de estos maleficios. Pero sobretodo, si estas manifestaciones eran la expresión de un estado patológico, síntoma de un delirio de las persecuciones incipiente, por qué no han persistido después del crimen porqué no han continuado en su evolución progresiva en vez de desaparecer de una manera completa? En cambio conocemos como un hecho normal de la psicología humana, que las grandes conmociones morales desalojan de nuestro espíritu las preocupaciones dominantes, para reemplazarlas por otras más poderosas.

El crimen mismo, un uxoricidio violento, sin un motivo poderoso aparente, ni ventaja ulterior, seguido de una tentativa séria de suicidio, presenta, es cierto, todos los caracteres de un acto impulsivo, en el cual la reflexión y el discernimiento no intervienen. No es lícito, sin embargo, hacer del crimen el único elemento para diagnosticar la locura. La determinación de esta no debe fluir del hecho incriminado, sino que este debe explicarse por aquella. No olvidemos que también el hombre normal se halla sujeto al imperio de los afectos y que la pasión, la ira, los celos en sus explosiones violentas eliminan la acción moderadora de la razón. En el hecho que motiva este informe no cabe acaso una explicación psicológica satisfactoria? D. es un jornalero ignorante, que á fuerza de trabajo y privaciones logra reunir un pequeño caudal, pierde una parte de él en un viaje á Europa y regresa con el carácter agriado. Luego continuas reyertas domésticas, motivadas por mezquinos intereses le mantienen en un estado de sobreexcitación agotando su paciencia bien probada, hasta que por último, hastiado y desesperado, pierde el dominio sobre sí mismo, hiere á la causante más inmediata de su malestar y abona la sinceridad de aquel acceso furioso, con la inmediata tentativa de suicidio. Semejante estado excluye quizás la premeditación, acusa poca disciplina de la voluntad y la debilidad de un carácter que en general no resiste al imperio, de los extraños, pero que en su exaltación tampoco resiste á sus propios impulsos. Así mismo se halla dentro de los límites de la flaqueza humana y no requiere la presencia de un agente patológico para explicarlo. Para caracterizar el estado de D. durante el crimen, debe servirnos de guía en primer lugar, la tentativa de suicido. El último proyectil lo emplea en sí mismo y al efecto coloca el arma en el lado izquierdo, allí mismo donde el vulgo supone el corazón. Perforado ya el pulmón izquierdo se apodera por dos veces de cuchillo y es necesario luchar con él para evitar que se ultime. El instinto de la propia conservación, el instinto más poderoso de los séres vivos, no se suprime tan fácilmente y mucho menos en individuos pusilámines y encogidos como lo es el procesado. Solo un estado de profunda desesperación de olvido completo de sí mismo y de cuanto le rodea, llega hasta esos extremos.

V. S. apreciará si semejante “perturbación de los sentidos y de la inteligencia” se halla dentro de las previsiones de nuestra legislación.

El perito, para avanzar su dictamen, necesita fundar en hechos concretos y claros un diagnóstico determinado. La locura, por variadas que sean sus formas, siempre es una unidad clínica con su período inicial, su evolución típica y sus manifestaciones más ó menos pronunciadas, más ó menos variadas según las circunstancias individuales, pero no susceptibles de aparecer un día para desvanecerse al siguiente. Esto se aplica muy especialmente á la forma de la locura progresiva sistematizada, conocida con el nombre de delirio de las persecuciones, única en cuya posibilidad se podría pensar por un momento en el presente caso.

No puede suponerse tampoco la existencia de un defecto intelectual congénito, como lo son los diversos grados de la imbecilidad, en un individuo que ha franqueado los cincuenta años sin dar motivo á intervención ninguna, que ha emigrado de su país natal, ha vuelto repetidas veces al mismo para regresar nuevamente, ha constituido su familia, ha adquirido propiedades y se ha desenvuelto sin mayor tropiezo en su medio social.

Los estigmas de degeneración física y las anomalías del carácter no constituyen por sí una afección mental, son únicamente signos que distinguen á los organismos predispuestos á la locura, pero esta solo puede señalarse, cuando realmente ha sobrevenido y ofrece un conjunto de síntomas suficientes para clasificarla. Pero sí, son estas modalidades indicios de una débilidad orgánica, que amengua la resistencia de la voluntad en presencia de los impulsos irreflexivos.

Concluyo, pues, señor Juez:

1° Que D. no padece de ningún proceso patológico que altere las funciones de sus facultades mentales.

2° Que el crimen por el cual se le procesa ha sido cometido en un estado de exaltación furiosa, durante el cual no ha podido discernir el verdadero alcance de sus actos.

Ruego á V.S. se sirva ordenar la traslación de D., pues su continuación en el manicomio carece de objeto.

Adjunto devuelvo los autos del caso u

 

Melchor Romero, Setiembre 25 de 1901.

 

 

1. Informes Médico-Forenses, La Plata, Talleres Sesé y Larrañaga, 1902.