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Primera parte

 

La rebeldía creadora

Alejandro Korn, de médico a filósofo

 

Valentina Antonowicz(*)

Carlos Karakachoff(**)

 Emilio Vaschetto(**)

 

 

Dos décadas como alienista y director

 

 

El 2 de noviembre de 1897, a los treinta y siete años de edad, el Dr. Alejandro Korn asumió la dirección del Hospital General de la Provincia de Melchor Romero para enfermos mentales. Fue el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Dr. Guillermo Udaondo, compañero de estudios y entrañable amigo, quien le confió la mencionada tarea.

Se puede conocer el estado de aquel Hospicio, un año antes de la asunción del Dr. Korn, a través de un informe dirigido al Ministro del Interior por intermedio del Director General de Salubridad Pública de la Provincia, Dr. Angel Arce Peñalva: “Aquello no es hospital, hospicio, manicomio ni colonia, es sencillamente un depósito de locos donde no se lleva tratamiento alguno, no puede seguirse una medicación dada o apropiada. Allí no hay clasificaciones patológicas, no existen separados sino los sexos. La manía parcial, el delirio bajo todas sus formas, la melancolía, los impulsivos, la imbecilidad, todo se confunde y se junta en un solo patio, dormitorio o comedor, haciendo imposible todo tratamiento y toda esperanza de mejoría. Es tan malo y tan rudimentario aquello, que puede decirse estamos retardados más de un siglo, dando a los locos el abrigo, la vida material pero no el tratamiento, que ni se ha ensayado. Aquí se recogen los locos, pero no se curan”(1).

Alejandro Korn se instaló puertas adentro en un atalaya desde donde su mirada organizaba el funcionamiento del órgano nosocomial, al que el Dr. Angel Poncio Ferrando llamaría “una auténtica colmena humana”, metáfora poco apropiada si tenemos en cuenta la posición antinaturalista y la constelación de ideas que estaban en germen por aquel entonces en Korn: la superación del paradigma positivista.

Impulsó las ideas circulantes en Inglaterra y Francia, en eco tardío, inaugurando en América el régimen asistencial de puertas abiertas, "Open-door"(2), en concordancia con Lucio Meléndez y Domingo Cabred(3). El lema de este último: “libertad, trabajo y bienestar” fue puesto en acto mediante la implantación de la laborterapia en la institución por él dirigida.

La reforma asistencial realizada por Korn fue pionera en el sentido de una cierta humanización de la locura, entrelazando el ya conocido tratamiento moral y la base material de su ideología.

Con él se produce la disolución del hospital barraca, tal como había funcionado desde su fundación en 1884, consistente en construcciones de madera, pues se preveía su destrucción por el fuego cada diez años evitando así el contagio. Con los años, recordando el estado del hospital al momento de la asunción como director, escribió: “El estercolero de Job debió ser una delicia comparado con la tapera donde se me confinaba”(4).

Podríamos sintetizar tres aspectos de la reforma asistencial llevada a cabo por Alejandro Korn:

1. A nivel terapéutico: Realización de tareas agrícolas y rurales llevadas a cabo por los pacientes en condiciones de libertad relativa. En una memoria que data de 1898, Korn expresase acerca de los adelantos en las labores realizadas: “Especial atención han merecido los trabajos agrícolas y tenemos actualmente treinta hectáreas ocupadas con distintos cultivos”(5). Se añade la construcción de un granero para el depósito de las cosechas, instalación de un criadero de aves, mejoras en el servicio de lechería, cultivos de tabaco y papa y cría de vacunos, supervisados estrictamente por él. Todo cuanto sucedía en el predio era de su entero conocimiento.

Podemos decir que la laborterapia toma un estatuto diferenciado en Korn: es hacer uso de la libertad como instrumento para así desarrollar con dignidad la condición humana. Posición que parece adquirir un matiz diferente de lo concebido por Joaquín J. Durquet(6); más que domesticar las pulsiones se trata del imperio de los valores: el hombre posee la facultad de seleccionar, elegir aquello que prefiere y de imponer al proceso natural su propia voluntad. Posteriormente, lo dicho quedará cristalizado en su texto Exposición crítica de la filosofía actual.

2. Trato humanitario: no con el sancionado “loco”, sino con el enfermo mental, como él indicaba llamarlos. Dirigirse a los alienados “con el respeto que merece su estado”. Valga como anécdota la denuncia realizada por Korn a la Jefatura de Policía el 3 de diciembre de 1912 con motivo de un acto de agresión hacia un enfermo por parte de un soldado del cuerpo de bomberos, quien le habría aplicado varios golpes con el sable bayoneta. La respuesta del comisario de la mencionada jefatura no se hizo esperar, dos días más tarde acusando recibo de la nota del director, se le comunica a Korn que al implicado en el “hecho censurable” se le ha instruido un sumario, decretado su baja, y, consecuentemente se le prohibió su reingreso a la policía(7).

La mixtura de un pensamiento “sin fórmulas de préstamo” y la crítica a un absolutismo, coagulan lo que bien podríamos denominar el humanismo(8) en la persona de Korn. Es en aquel hospicio de alienados donde se gesta su tarea revolucionaria: abrir las puertas del manicomio, introducir el trabajo como realización humana. Ahora, ¿puede la locura moral ser restituida por la vía de las buenas costumbres? ¿Qué cosa distingue al alienado de los demás que no sea el hecho de encerrarlo en un asilo? ¿La originalidad del objeto es, acaso, de práctica (social) o de razón científica?(9). Seguramente estas preguntas dialectizaban el espíritu humanista de Korn. Pueden leerse entrelíneas en su pensamiento las paradojas a las que se somete el concepto de libertad para el loco, puesto que hay un encuentro inevitable con el muro que no es otro que la estructura del lenguaje. El loco es quien quiere imponer la ley de su corazón (tal como lo decía Hegel) a aquello que se le presenta como desorden del mundo. Lejos de ser –la locura– un "insulto” para la libertad es su más fiel compañera; sigue como una sombra su movimiento. Es, inclusive, un modo de comprender el ser del hombre, que ni aun sería el ser del hombre si no llevara en sí la locura como límite de su libertad(10). No puede fácilmente ser explicada por el hecho contingente de las fragilidades de un organismo. De allí la crítica que Korn realiza a los filósofos de la época, afectados (como él dice) de “realismo ingenuo”.

Sin duda esta política genera un doble movimiento: por un lado, produce una brecha importante para el ingreso de la filosofía en la Argentina y por otro, genera las condiciones de posibilidad para la entrada del psicoanálisis en este país –bien lo demuestra en su ironía dirigida a los aparatos de experimentación psicológica–(11).

3. Adelantos edilicios: construyó el comedor para el manicomio de hombres, salas nuevas (que él mismo diseñaba), pabellones especiales: el pabellón Lombroso destinado a albergar “alienados delincuentes, delincuentes que se tornaban alienados y acusados de hechos criminales sobre cuyo estado mental corresponde informar a la justicia”. Instalación de sala de cirugía, ampliación de la sala Charcot (actual sala de neurología). Remodelación de la cocina. Forestación del predio. Adquisición de cuatro chacras.

Implementación de la comunicación telefónica con la ciudad. Puesto el acento en la palabra comunicación, a sabiendas de que en aquella época el loco debía ser alejado de los centros urbanos y privado de su libertad, esto nos impone la reflexión de qué lugar adquiere para él el lazo social en el alienado.

Sus notas enviadas a los representantes de las entidades gubernamentales dan cuenta de los avances de sus obras en el hospital, las cuales seguirán siendo elogiadas aún luego del alejamiento de sus funciones. Bien lo demuestra una comunicación del Dr. Domingo Cabred –fechada el veintisiete de octubre de 1921– al director del hospital, en ese entonces Eusebio Albina, cinco años después de la renuncia de Korn a la dirección del nosocomio:

 

“Al Dr. Alejandro Korn.- Envíole mi cordial saludo.- Compruebo en Melchor Romero conservados excelentes principios de organización establecidos por V.- Es indispensable sin embargo doblar por lo menos el presupuesto de sostenimiento del asilo en el cual todo recuerda á su organizador Dr. Korn.-

Firmado; - D. Cabred. “Saluda á V. Muy atentamente”(12).

 

Habrá que esperar más de cinco décadas para que la institución de su nombre sea el nombre de una institución. Mediante la resolución N° 546 del nueve de marzo de 1973, el Ministerio de Bienestar Social otorga el nombre “Alejandro Korn” al hoy Hospital Interzonal Especializado de Agudos y Crónicos de Melchor Romero.

 

 

Dos escritos médicos

 

Su tesis doctoral dedicada a sus padres, escrita a los veintidós años lo habilitó para el ejercicio de la medicina y fue aprobada el 11 de junio de 1883 en la Universidad de Buenos Aires. La misma constituía la decantación de la experiencia acumulada en su paso como practicante de la Penitenciaría. Titulada Locura y Crimen, sostenía el axioma de considerar al crimen como el resultado forzoso de condiciones preexistentes. Hay que destacar que fue su primer trabajo publicado de carácter médico, que junto a los Informes Médico Forenses, reunidos y publicados en junio de 1902(13), constituyen su obra como galeno.

Teniendo en cuenta el contexto socio-político imperante en aquel entonces –a saber: la oleada inmigratoria, la necesidad de una respuesta eficaz en la construcción de un espíritu nacional, y la alienación mental como respuesta sintomática ante ese malestar cultural– su escrito no es sino la resonancia de una escuela positiva, y un llamado al orden desde el discurso Amo. Efectivamente no podemos negar dicha impronta positivista en su producción, pero la misma no está exenta de contradicciones:

• afirma el determinismo de la conducta, pero reconoce la posibilidad de discernimiento en los actos.

• la acción moral se opone a la conducta instintiva

• la responsabilidad legal tiene dos condiciones: el discernimiento y la capacidad de determinarse y obrar con arreglo a los principios reconocidos como justos.

Claramente referenciado en la escuela alemana, desfilan la larga nómina de autores como Griesinger, Meynert, Schule, Krafft-Ebing, con adherencia a la teoría de la degeneración de Morel, a la llamada corriente de la “mitología cerebral” –sin llegar a ser un “cerebralismo” rígido– y a la “locura moral” de James Prichard.

Korn concluirá su tesis afirmando que entre locura y crimen no existe sino una diferencia de grado. Nótese, en sus Informes Médico forenses publicados más adelante en esta edición, el efecto mutativo de sus concepciones.

Estos últimos, no menos libres de antagonismos que la antedicha publicación, nos van a permitir acercarnos al momento de inflexión en Korn haciendo hincapié en el prólogo de esta obra, puesto que los informes propiamente dichos son simples dictámenes profesionales escritos con rigor metodológico que poseen la misión modesta de esclarecer cuestiones técnicas para los extraños al gremio. Conviene a mis propósitos –dice Korn– exhibir esta faz de la actividad desplegada en el establecimiento de mi dirección. Ciertamente, el exponerse frente a los actores políticos del momento en cuanto a su labor en el manicomio de Melchor Romero, pretendiendo un deseo de reconocimiento, y en esta articulación con lo legal –su profesión se lo impone en tanto colaborador de la justicia– encuentra su raigambre en un deseo no reconocido por su padre de seguir la carrera de derecho. Pero también pueden leerse en germen sus reflexiones más legítimas: casi veinte años después de la tesis, cuando dejan de seducirlo las simplificaciones dogmáticas, las marcas de un escrito van ordenando su búsqueda. Ya no puede sostener la identidad entre locura y crimen, el determinismo agoniza en su concepción, junto a la bancarrota de la ciencia en el viejo mundo.

 

 

Mente latina, corazón germano

 

Carlos Adolfo Korn, su padre, nacido en Breslau (Alemania) en el año 1822, pertenecía a una familia de la clase militar prusiana y, al igual que todos los varones primogénitos, por imposición tradicional debió ingresar a la escuela militar. Ganado por las ideas liberales y republicanas, fue sometido a consejo de guerra y posteriormente degradado de su cargo por negarse a la orden de reprimir durante una huelga de tejedores en Silesia, vinculándose ulteriormente a un grupo de jóvenes insurrectos (la Schwefeldbande) apasionados por los ideales de Mazzini y la formación de la “Joven Italia”. No es extraño pues que en el hogar paterno Korn aprendiera a experimentar el sentimiento de la rebeldía y de la justicia(14). En el año 1848 el joven Adolfo se incorporó a las filas del ejército revolucionario, en el Gran Ducado de Baden, en la margen derecha del Rin, logrando escapar del avance de las fuerzas prusianas a Suiza, donde reorientaría su vida, años más tarde, iniciando la carrera de Medicina en Zurich. Allí conocerá a María Verena Meyer con quien contraerá matrimonio tiempo después, luego de su llegada a este país a comienzos de 1858. El lugar elegido fue la localidad de San Vicente, en la provincia de Buenos Aires, escenario pampeano de su accionar médico y donde llegará a ser una figura legendaria(15), alternando el ejercicio de su profesión con las tareas de agricultura y participando en forma activa del quehacer socio-político de su medio(16).

El 3 de mayo de 1860 nació Alejandro Korn, primogénito de nueve hermanos. Desde sus primeros años se hizo a la vida y costumbres pampeanas, aprendiendo la jerga gauchesca que más adelante se verá reflejada en su novela inédita Juan Pérez(17). Su educación fue en principio prodigada por sus padres junto a profesores de origen alemán, algunos también emigrados por sus ideales, sumando a su enseñanza primaria conocimientos de latín y francés, además del alemán que fue su lengua materna.

Costeó sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, mediante la traducción de novelas y biografías del alemán para la Biblioteca Popular de Buenos Aires. La marca de la letra de los ancestros insistirá inclusive en sus manifestaciones estéticas. Cinco sonetos religiosos(18) reflejan las paradojas de su pensamiento: El Espacio, Naturaleza, Vida, Verdad y Dolor (intitulados de esta manera) coagulan la razón pura y el misticismo intuitivo. En su ex-libris –xilografía que enarbola la portada de sus textos y sello distintivo– versa lo siguiente: “mente latina, corazón germano”, dualismo que queda plasmado en la imagen de una columna helénica que representa la claridad y el rigor del pensamiento filosófico y fija en lo incognoscible los límites de la razón. Pero en el fondo se vislumbra la nave vikinga que con sus velas hinchadas parte hacia las ignotas regiones de aquel misticismo intuitivo(19).

Contrasta su simpatía por otro prusiano, Kant (traduce sus obras al castellano) y con la de Bergson (con él coteja la idea de libertad).

 

 

Apuntes: El antipositivismo en Korn y un epifenómeno... la conciencia

 

Hay en el filósofo de la libertad, un dualismo que es irreductible a todo pensamiento humano que hace a la imposibilidad de traducir todo a una Naturphilosofie sin caer ineluctablemente en lo que él llamó la regresión metafísica. Después del auge de la técnica y las ciencias un halo neorromántico tiñó las mentes.

Lo que se llamó el “antipositivismo” de Korn no es más que su posición (tesis) frente a esta epistemología, criticada desde adentro en vistas de una “crisis general de la cultura occidental” y su consiguiente “resurgimiento de la especulación”. Para él ya no bastaba con la nueva religión de Comte, ni con la cosmogonía darwiniana, ni aún con la naturaleza mecánica de Spencer.

“Por encima del proceso somático se alza un dominio autónomo, digamos un pequeño detalle, un epifenómeno: la conciencia”. La ironía con que se retarda la introducción del término conciencia permite captar el peso que empezaba a tener para aquellos a los que Korn se dirige(20).

Digamos que para Korn (1922), todo cuanto existe está en la conciencia, tanto sus manifestaciones objetivas como subjetivas son acciones conscientes, mientras que el yo está muy lejano de ser una función de desconocimiento –tal como lo planteara Freud en esa época (El yo y el ello, 1923)–; más bien se trata de un conocimiento omnisciente de la conciencia toda, siendo el yo un retoño epistémico. Mientras Freud se tira en contra de los filósofos del momento que sólo se ocupaban de la conciencia, Korn se dirige a aquellos que desvalorizan su empleo. Su absolutismo es de conciencia; su eternidad, el alfa y el omega provienen de la actividad conciente.

Cabría pues, proponer un nuevo dualismo: puesto que para Korn no es viable la dicotomía: conciente/inconciente, necesidad y contingencia se acoplan a los hechos humanos de coacción y libertad. Es esa libertad creadora la que mueve los hechos y sortea cualquier teorema, donde cualquier ley física se vuelve relativa. Podemos insistir nuevamente con una frase mencionada más arriba cuando Korn ubicaba a los alienados en condiciones de libertad relativa. No pensamos que el concepto de libertad haya encajado fácilmente con el de alienación mental para Korn(21).

 

 

Korn en el escenario platense

 

Luego de desempeñarse como médico rural en la localidad de Ranchos –donde contrajo matrimonio con María Cristina Villafañe– se trasladó en el año 1886 a Tolosa, localidad vecina a la reciente fundada ciudad de La Plata. Había sido contratado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires para organizar la lucha contra una epidemia. Dos años más tarde, fue designado médico de policía en La Plata, cargo que desempeñó durante nueve años, coincidiendo con el inicio de su actividad docente en el Colegio Nacional de La Plata como profesor de Anatomía. Cabe destacar su colaboración en la fundación y organización de este último y su participación como miembro del Consejo Superior de la Universidad Provincial.

A finales del siglo ya había incursionado en la política local, desempeñándose como intendente de la ciudad en 1893, durante escasos días, por intervención del gobierno nacional. Fue electo diputado provincial por la Unión Cívica Radical en 1894, puesto que ocupó durante tres años junto a Tomás R. García, Enrique E. Rivarola y Luis Monteverde entre otros.

Promediando el período de su gestión como director del hospital, se incorpora en 1906 a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, primero como profesor suplente de Historia de la Filosofía, adquiriendo la titularidad tres años después y ocupando interinamente la cátedra de Ética y Metafísica. Pero el compromiso que Korn asumió en relación a la enseñanza y la transmisión supo trascender los claustros universitarios. Frecuentaba grupos estudiantiles que plasmaban y difundían sus ideas filosóficas e inquietudes políticas en diversas publicaciones, tales como la Asociación de Ex-alumnos del Colegio Nacional de La Plata, el grupo “Ideas” y “Ateneo Universitario” de Buenos Aires. De la vinculación intelectual de estos grupos surgió en 1917 el “Colegio Novecentista”, de vida breve y azarosa, cuya preocupación principal era combatir al positivismo. La visita al país de José Ortega y Gasset y de Eugenio D’Ors dio impulso vivo a esta agrupación que Alejandro Korn definió como la avanzada aventurera de un ejército en marcha. Marcha que se entronca con el ideario reformista del ’18 en Córdoba cristalizado en la Reforma Universitaria que apuntó a abrir un nuevo camino en la educación. Justamente es en ese mismo año donde publica su texto Incipit vita nova(22) (Aquí comienza la vida nueva) y a partir del cual pueden constituirse las marcas de un verdadero acontecimiento. Allí escribe: El cambio de rumbo [...] se impone; un nuevo ritmo pasa por el alma humana y la estremece(23). Puede observarse en este significante “cambio de rumbo” el movimiento inverso a su padre quien de militar revolucionario emigrado por motivos políticos, en cuya bandera sostenía la idea de la libertad, vira a médico rural en el teatro de la pampa argentina. Mientras que Alejandro Korn, en su pasaje de médico a filósofo de la libertad, tradujo una lengua no asequible a su conciencia. Recordemos que dos años antes ya se había acogido a los beneficios de la jubilación como director del Hospital de Melchor Romero y a partir de entonces no pudo observarse un solo resabio de su actividad como médico, tanto en sus escritos como en su praxis, al punto que nadie podrá descubrir en su pensamiento el influjo de su formación primitiva.

Los efectos de su personalidad en el escenario de la ciudad pueden ser calibrados en los ecos fundacionales que llevan su nombre. Tal es el caso de la Universidad Popular Alejandro Korn (U.P.A.K.), inaugurada en el aniversario de su fallecimiento por la Asociación de amigos de Alejandro Korn. Así también lleva su nombre una de las salas de la nueva sede de la Asociación de Psicoanálisis de La Plata recientemente inaugurada(24).

La geografía euclidiana platense, ese “circuito pequeño y de ritmo no muy rápido” posibilitaba los encuentros y su aire de provocación contaminaba hasta los durmientes.

Claro está que estos espacios de encuentro social se convertían en verdaderos reductos filosófico-políticos (podemos sumar a la nómina de actos fundacionales su participación en el Club Gimnasia y Esgrima de La Plata)(25).

 

 

Epílogo

 

La muerte que llega pacíficamente sólo a los espíritus que realizaron efectivamente su deseo encontró a Korn en un ritual que algo recuerda al momento del simposium en la antigua Grecia: rodeado de su familia y amigos, sentado en el lecho pidió que se abriera una botella de champagne y servidas las copas, irónicamente pidió un brindis por la vida(26).

Hemos demostrado que no hay restos de su actividad profesional en sus escritos filosóficos, sin embargo tampoco lo hallamos en lo que fue el ámbito de su verdadero accionar como médico. Un supuesto incendio ocasionado por un paciente hizo desaparecer aquellos cientos de informes escritos de puño y letra que en algún momento estuvieron en lo que hoy es el Archivo Histórico del Hospital Alejandro Korn.

El nombre de Alejandro Korn, que en nuestros días circula por los ámbitos de una ciudad, produce acontecimientos del discurso que escriben la historia, no de simples hechos o anécdotas pasadas, sino de un futuro anterior que se actualiza por su retroacción. Hacer un buen uso del nombre, evocar la institución que lo porta y la localidad que lo tacha, es tomarlo por sus efectos de creación u

 

            “Me alcé hasta las más altas cumbres

                        humanas con la inspiración

                                   para comprender el enigma...”

(Alejandro Korn)

 

 

 

 

 

 

 

Síntesis cronológica de la obra escrita de Alejandro Korn

y algunos entrecruzamientos

 

 

1879 – Incorporación al “Anuario Bibliográfico de la República Argentina”, fundado y dirigido por el Dr. Alberto Navarro Viola. Alejandro Korn con 19 años de edad trabaja en dicho anuario redactando artículos de actualidad y comentando libros.

1883 – Tesis doctoral: Locura y Crimen.

1884 – Comienza a escribir sus Poemas en alemán, los cuales fueron compilados desde 1884 a 1913 y traducidos por Ernesto Palacio. Con un epígrafe de Juan Probst se publicaron en 1942.

1884,1886 – Radicado en la localidad de Ranchos, provincia de Buenos Aires, escribe la novela inédita titulada Juan Pérez, cuya trama de aire picaresco gira en torno a un pueblo provinciano de fines de siglo.

1902 – Publicación de los Informes médico forenses.

1910 – Con su flamante cargo de Presidente de la Comisión Organizadora de la Sociedad Médica de La Plata, publica en este año: Las supersticiones nacionales en Anales de Psicología, tomo XI, Buenos Aires.

1912 – Siendo Consejero Académico en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, publica el primer capítulo de su obra: Las influencias filosóficas en la evolución nacional.

1913,1914 – Publica respectivamente los capítulos 2° y 3° de la citada obra en los Anales de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires.

1916 – Al renunciar a su cargo como director del Hospital de Alienados de Melchor Romero, para acogerse a los beneficios de la jubilación, publica en la revista Nosotros N° 87-julio una respuesta a una crítica de Carlos Levillier titulada: “Groussac”.

1917,1918 – En su pasaje de Consejero Escolar a Senador provincial y a Diputado nacional por los grupos “Ateneo Universitario” e “Ideas”, escribe y dicta una conferencia sobre “Hégel” en el Colegio Libre de Estudios Superiores. Es publicada en la revista de dicha institución.

– En el diario La Vanguardia del 1° de mayo aparece su trabajo: “Paradojas”. También escribe su Epístola Antipedagógica, carta dirigida al Dr. Saúl Taborda; sus Ensayos Críticos y el texto Incipit vita nova.

1919 – Escribe una crítica al texto de José Ingenieros: Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía, que titula El porvenir de la filosofía y no está exento de ironías ni desencuentros con ese “amigo que nunca será un adversario, sino en la pedana...”

1922 – Escribe La libertad creadora, que aparece publicada en separata de la revista Verbum y en 1937 con una introducción de Eugenio Pucciarelli, se edita dicho texto en editorial Claridad junto a: Incipit vita nova, Esquema gnoseológico, El concepto de ciencia y Axiología.

1924 – Escribe: Esquema gnoseológico.

1926 – Escribe: El concepto de ciencia.

1930 – Escribe: Axiología.

1932 – “Jean Jaurés” se titula el trabajo en homenaje al tribuno francés fallecido y publicado en el N°30 de la Revista Socialista de Buenos Aires. Ese mismo año aparece en La Vanguardia un artículo titulado: “La Universidad ha fracasado”.

1934 – Desarrolla un curso sobre Hegel, publicado en “Cuaderno 5” de la Escuela de Estudios Sociales. Escribe ese año: “Necesidad de la Reforma Universitaria”, que se publica en Debates del V Congreso de Medicina.

– Concluye su trabajo Apuntes filosóficos que publica al año siguiente en editorial Claridad. Aparece en la Revista Socialista de Buenos Aires N° 79 la publicación de una conferencia titulada: “Teoría de los valores”.

1935 – Dicta un curso sobre Exposición crítica de la filosofía actual, que publica el Instituto de Filosofía de la Universidad de Córdoba.

1936 – En forma póstuma se publica, con una introducción bibliográfica por Luis Aznar: Influencias filosóficas en la evolución nacional. En la Revista Socialista de Buenos Aires en ese año, aparece su trabajo: “Sugestiones sobre la Reforma Universitaria”.

– El 17 de noviembre la Universidad de La Plata resuelve editar las obras completas del doctor Alejandro Korn.

 

 

 

Notas:

 

(*). Miembro de la Asociación de Psicoanálisis de La Plata, ex-Residente de Psiquiatría del Hosp. “Alejandro Korn”, miembro del Capítulo de Historia de la Psiquiatría de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

(**). Miembro de la Asociación de Psicoanálisis de La Plata, ex-residente de Psiquiatría del Hosp. “Alejandro Korn”, Jefe de Residentes de Psiquiatría del Hosp. “Manuel Belgrano”, miembro del Capítulo de Historia de la Psiquiatría de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

 1. Roberto Ciafardo, “Alejandro Korn, alienista eminente”, Revista de la Universidad. Universidad Nacional de La Plata, N° 16, 1962, p.179.

2. En una entrevista mantenida con Margarita Korn, nieta de Mauricio Ascanio, hermano menor del director y que se desempeñara como médico interno a su lado, arrojó la hipótesis de que estas ideas pioneras hubieran podido ser impulsadas por Mauricio Korn, quien habiendo completado su formación médica en Suiza (al igual que su padre), se encontraba embebido de las mismas a su regreso al país.

 3. En el año en que Korn asume como director, el Congreso aprueba el proyecto que había presentado el Dr. D. Cabred tres años antes para la construcción de la Colonia para Alienados Open Door en Luján, que será recién inaugurado en el año 1901.

4. Korn, Alejandro. Epístola al Cocobacilo, en Obras Completas. Ed. Claridad. Buenos Aires, 1949.

5. Córsico Rubén, La actividad psiquiátrica de Alejandro Korn, pág. 85. Rev. de la Universidad Nacional de La Plata. 1960.

6. “...colonias agrícolas donde los asilados con buenas aptitudes físicas se dedican al cultivo de la tierra y encuentran campo propicio para la realización de sus tendencias instintivas y se consiguen los efectos saludables del trabajo físico...” Joaquín J. Durquet, Memoria del Hospital Melchor Romero, La Plata, 1919. Citado por José Ingenieros La locura en la Argentina. Obras completas, revisadas y anotadas por Aníbal Ponce, vol. 12 (Buenos Aires, Rosso, 1937).

7. Carta dirigida Al señor Director del Hospital general de la Provincia, doctor don Alejandro Korn. La Plata, diciembre 5 de 1912. Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires. (Cedida amablemente por Margarita Korn).

 8. José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, pág.875, ed. Sudamericana, Bs.As., 1969.

 9. Acerca de la causalidad psíquica, J. Lacan, pag.145, ed. Siglo XXI, 1987.

10. Ibid pag.166.

11. Ver: La entrada del psicoanálisis en la Argentina, Germán García, Ed. Altazor,1978.

12. Nota original.

13. Informes Médico-Forenses, por Doct. Alejandro Korn, director del hospital General de la provincia “Melchor Romero”, La Plata, Talleres Sesé y Larrañaga, 1902.

14. Manuscrito de Guillermo Korn (hijo de Alejandro) titulado: El pensamiento socialista de Alejandro Korn. (Cedido amablemente por Margarita Korn).

15. Así lo demuestra Armando Báez Langet en su Romance del doctor Korn, folleto de 14 páginas publicado por el Grupo Renovación, La Plata, 1947.

16. Según la Gran Enciclopedia Argentina, Adolfo Korn promovió la construcción de un tranvía a vapor que unía la estación del ferrocarril con el pueblo, figura entre la nómina de fundadores del periódico alemán Deustche La Plata Zeitung, participó en la revolución del 90, fundó el primer molino harinero de la zona. Fue también Juez de Paz en 1880 (dato aportado por el Doctor Enrique Korn)

17. A. Korn, Juan Pérez (novela inédita), ed. Claridad, Buenos Aires 1963.

18. A. Korn, Cinco sonetos religiosos, Rev. Libertad creadora N° 2, ed. Claridad, La Plata 1943.

19. Ver epígrafe de Poemas, A. Korn, por el profesor Juan C. Probst. Publicación del Instituto de Estudios Germánicos, Fac. Filosofía y Letras UBA, 1942.

20. La entrada del psicoanálisis... pág. 154.

21. Ver: La libertad creadora, A. Korn, ed. Claridad. Bs.As. 1963.

22. Incipit vita nova (1918), (en La libertad creadora), Alejandro Korn, Ed. Claridad, 1963.

23. Ibid. pág.46.

24. Inaugurada el día 9 de marzo de 2001 con una conferencia titulada “Las formas de la creación en Korn, Almafuerte, Borges y Macedonio Fernández”.

25. Carlos José Rocca, Alejandro Korn y su entorno. Mayo de 2001. La Plata.

26. Alejandro Korn murió en La Plata, en su casona de calle 60 N° 682, el día 9 de octubre de 1936.

 

Bibliografía

 

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