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Los propósitos de la "Liga

Argentina de Higiene Mental"

                  1930 [Fragmentos](1)

Gonzalo Bosch

 

Desde hace muchos años, la idea de fundar en nuestro país una Liga de higiene mental fue aspiración constante entre los médicos especializados en psiquiatría y neurología, quienes encontrándose a diario con las desventajas de su inexistencia, no comprendían el por qué no habíamos de ponernos al mismo nivel, en el sentido expresado, con los grandes centros de cultura del mundo.

En distintas oportunidades llegaron voces de esperanza al seno de la Sociedad de Neurología y Psiquiatría, y aunque tuvieron la aprobación en absoluto, la idea tardaba en convertirse en realidad práctica: quizá el mismo ejercicio de la vida profesional era corriente que alejara la realización de tal propósito. Pero el pavoroso aspecto de la locura que, como dijera Kraepelin, es el mayor exponente del dolor humano; el hecho de estar comprometido el equilibrio básico que sostiene la salud, el progreso y la felicidad de los habitantes de la Nación, llamaron a meditar serenamente a los miembros de la prestigiosa sociedad de Neurología y Psiquiatría –nuestro hogar intelectual que honra a la ciencia médica argentina– apoyados por el deseo de todos los médicos del país, y el seis de diciembre del año pasado, se firmó el acta de fundación de la "Liga Argentina de Higiene Mental", alcanzándome luego el altísimo honor por la benevolencia de mis colegas, de ser el primer presidente de la nueva institución. Honor altísimo, repito, que compromete mi gratitud y mi esfuerzo para brindar a esta empresa altruista las horas más fértiles de mi vida de médico.

Con el ánimo de divulgar algunos propósitos que animan a la "Liga Argentina de Higiene Mental", voy a insertar aquí la disertación que hiciera no hace mucho en Buenos Aires, a pedido de mi distinguido amigo el Dr. Roque Orlando.

Dividiré mi trabajo en tres partes, siendo la primera un resumen de la historia de la psiquiatría; la segunda, el concepto actual de la locura, para de este modo llegar con provecho a la tercera, en donde expresaré los propósitos de la "Liga Argentina de Higiene Mental".

Historia de la Psiquiatría.  La historia de la psiquiatría, quizá más que la de otras ramas científicas, nos demuestra la obra cultural que realizaron los hombres para imponer la verdad de nuestros días, tratando de penetrar en el misterio del pensamiento humano e indagar las causas de su silencio, de su incoherencia, o interpretar su inquietante vibración en sí o en la repercusión sobre las multitudes. Y aun más: para borrar de la frente del alienado la palabra "culpable" sustituyéndola por la de "enfermo". Esto que nos parece simple y claro, como un vaso de agua, fue labor intensa que durara siglos, como lo he de comentar a renglón seguido.

En cuatro épocas puede dividirse la historia de la psiquiatría, considerándola desde los siglos más remotos, para facilitar de esa manera su mejor conocimiento.

Reina la ignorancia y la superstición en la época primitiva; no existían ni nociones de medicina; creíase que la locura era producida por los dioses, y eran los sacerdotes los curadores.

Ella abarca desde el origen de las sociedades hasta la aparición de un genio -Hipócrates- con quien comienza la medicina mental. La excitación maníaca del rey Saúl, entre los judíos, y las transformaciones de la personalidad, de la que padecía Nabucodonosor II, el vencedor de Jerusalén, era consideradas como la posesión de aquéllos por divinidades bienhechoras o vengativas.

 

No obstante, en esta época, y a pesar de que se alzaban ya voces pidiendo piedad para los enfermos, se les trataba como a bestias feroces, procurando domesticarles con privaciones de alimentos y tormentos de la sed.

Galeno hubiera podido cimentar la reacción de humanidad que quería establecerse, merced al esfuerzo de los clarividentes; pero desaparecido prematuramente, su muerte marcó una hora crítica para la ciencia y quizá por ello, por múltiples factores que no hemos de considerar ahora, se presentó nuevamente la confusión y el caos, para subrayar la regresión del progreso hasta entonces alcanzado y así llegamos a la tercera época: la Edad Media, en la cual las ideas absurdas imperan, recrudecen las supersticiones y se aviva el reino de las brujas y la posesión demoníaca. Las ceremonias místicas y la condenación de los alienados se imponen.

A la historia de la medicina mental, brillantemente iniciada por Hipócrates, hay que agregar una página de luto, desolación y ruina. Millares de desgraciados eran víctimas de los prejuicios populares, los demonios arrebataban la razón de los insanos, eran enemigos del Dios bueno y las llamas debían abrasarlos. Hasta los mismos parlamentos se complicaban en esta lucha bárbara.

Es necesario llegar al Renacimiento, a fines del siglo 16 para observar una reacción del progreso sobre la barbarie; pero solamente en lo que concierne a la interpretación de la locura, pues en cuanto al tratamiento usado para con los enfermos, podemos apreciarlo si tenemos en cuenta que habitaban prisiones y que en París, conducidos primeramente al Hótel-Dieu, se les trataba, invariablemente, con duchas frías, sangrías y purgantes. Si el tratamiento no daba resultado en algunas semanas, se les consideraba incurables y eran entonces alojados en casas que se transformaron después en hospicios y asilos. Hospicio y asilo: dos nombres hijos de la injusticia y la torpeza humanas, que aun usamos con los heredados restos de prejuicios. Asilo: refugio para delincuentes, donde se recogen menesterosos, amparados de favor. Hospicio: casa destinada para albergar peregrinos y pobres.

Y bien; en aquellos hospicios de París los alienados eran tratados cruelmente; la piedad no llegaba a ellos y, cubiertos de andrajos, durmiendo sobre paja, llevaban en su cuello y miembros, collares y cadenas de hierro. Los días de fiesta se exhibían al público, el que pagaba por contemplar un espectáculo tan triste y salvaje; y así llegamos a la cuarta época, a la de la memorable reforma del año 1793, en que Pinel llena él solo, en Francia, –por no citar otras naciones– la página más brillante de ese período histórico.

Cayeron para los enfermos las cadenas y llegó para ellos la dulzura y la paciencia, cimentándose las bases del verdadero tratamiento moral. Se crearon establecimientos especiales para alienados, comenzando la verdadera hospitalización de los mismos.

 

Esta es, a grandes brochazos, la historia de la psiquiatría, que avanza en su progreso cada día, como un torrente de luz en medio de las sombras de una noche surgida en la prehistoria, y quizá por ello es que aun, digámoslo sin temores, no ha llegado para el alienado la constitución del reino que le corresponde. Es un hecho sabido por todos los que hemos tenido oportunidad de estudiar en los países que marchan al frente de la civilización, que los hospitales para esta clase de enfermos no están en relación con los destinados a los enfermos que razonan, diríase con escepticismo que la sociedad en general contempla al alienado igual que a la moneda que ya le ha llegado la prescripción del tiempo y no tiene valor.

Esto es injusto: esto es intolerable, y ante esa injusticia y tolerancia se ha de levantar la "Liga de Higiene Mental" con la conciencia serena que no acusa en vano y con la convicción de que puede probar lo que afirma.

Tenemos en el país un número considerable de alienados, de acuerdo a nuestra estadística, algo más de 14.000, siendo éstos solamente los que están bajo vigilancia médica, y no tenemos en nuestros hospitales, a pesar de la buena voluntad de los médicos, de su reconocida competencia y admirable dedicación, personal en cantidad suficiente, ni locales cuya capacidad permitan practicar una asistencia digna de llamarse así, y el hacinamiento de enfermos, en monstruosa confusión, de distinta forma de locura, es pavoroso. Parece que la edad media, con su ignorancia, dudas y misterios, cuando se consideraba a la enfermedad mental como producto de culpas imaginarias, pesara sobre nuestra época, para que pueda tolerar la sociedad de hoy que los alienados sufran lo que hoy sufren y se les abandone tan inhumanamente.

Tenemos que hacer una distinción respecto al hospital de alienados de Rosario. Inaugurado el año 1927 su moderna construcción, el hecho de contar con personal técnico en proporción numérica con el número de enfermos, permite el prolijo estudio de los mismos, además de contar con un pabellón para niños, donde se hace el tratamiento médico-pedagógico y tener en función consultorios externos y dispensarios.

Hace diez años estrenábamos una obra teatral de divulgación científica: "Los Venenos", cuyo prólogo hemos de recordar. Transcurridos diez años, la sociedad permanece –salvo honrosas y pequeñas conquistas– en la misma situación con respecto a estos problemas. "Los Venenos", decíamos entonces, es una obra de divulgación científica que advierte un peligro social, desgraciadamente más serio de lo que se cree. Los venenos nos rodean, los venenos destruyen nuestros hogares y es necesario poner en marcha, ante todos los ojos y ante todas las conciencias, a una caravana dolorosa, sacarla del gran conjunto, para que su dolor y su miseria invite a meditar.

El drama se desarrolla en escenas descarnadas, sorprendidas en la vida real, y así como en ésta las criaturas ruedan desenvolviéndose, ora en comedia, ora en tragedia o con brochazos de gran guiñol, así también han salido "Los Venenos" mostrando por sobre muchas imperfecciones, un anhelo de reforma, un grito de protesta, un llamado a aquellos que por ignorancia son testigos y autores de tantos males involuntarios, y de aquellos otros que por una criminal negligencia o un ridículo pudor no contienen el mal remediable.

Se ha escrito esta obra para los gobiernos, para nuestros legisladores, para esa parte de la sociedad que ignora siempre lo que debiera saber, y para esa otra parte que hace creer que ignora. Se ha escrito para los padres, para las mujeres que por su divina misión de la maternidad están obligadas ¡obligadas! a saber lo que pueden tener sus hijos, aun antes de concebirlos.

La raza humana se degenera; se llenan los manicomios de infelices y las cárceles... también de infelices, y, sin embargo, flota esta interrogante trágica: ¿Se ha hecho, se hace todo lo necesario para impedirlo? El autor afirma que no.

Hemos de ocuparnos ahora someramente, como lo exige la brevedad que debe tener este trabajo, del concepto de la locura, a objeto de desprender luego las verdaderas finalidades que persigue la "Liga de Higiene Mental".

Hemos de referirnos, pues, y con una sola cita, a la observación que la psiquiatría formula a la filosofía, y para precisar más aún, citaremos el prefacio de un libro de Fleury, médico ilustre, dedicado a Henri Bergson, ilustrísimo filósofo. Dice éste: "Habéis hecho descender al espíritu tan cerca como os ha sido posible de la materia y no teméis mancharos las manos al manejar un poco de la sustancia cerebral alterada. El espíritu rebosa del cerebro por todas partes y la actividad cerebral no responde sino parcialmente a la actividad mental".

Ahora habla el médico: "maestro de la intuición, habéis hecho con una gran penetración la crítica paciente y ajustada a observaciones anatomoclínicas, insuficientemente decisivas.

La anatomía patológica nos enseñó un día que la atrofia del cerebro acompaña invariablemente a la supresión de toda la vida moral apreciable, de lo que dedujimos, un poco prematuramente, una relación de causa a efecto. Aún más sencillamente nos preguntamos: ¿dónde podía estar el alma de esos desheredados?

Las grandes lesiones progresivas, al invadir el sistema nervioso central, determinan esas psicosis, de evolución en los niños, de involución en los viejos, en los que el espíritu parece seguir exactamente la suerte de la substancia cerebral destruida, desunida o esclerosada".

Dejemos, por ahora, este interesante diálogo formado a nuestro capricho con párrafos entresacados del citado prefacio de Fleury que nos llevan al borde de la hondura de un fenómeno interpretativo, y contentémonos con pensar que hay quienes nacen sin luz mental, por detenimiento en el desarrollo cerebral, como hay quienes la pierden en el rodar de la vida. ¿Qué estamos equivocados al querer localizarlo todo, ya que lo propio del alma es existir, sin estar en ninguna parte?...

Filósofos y metafísicos, con todo nuestro respeto y hasta simpatía, ya que a veces hacemos incursiones en esos campos para deleitarnos y explicarnos, a nuestro modo, tantas cosas bellas, aceptad el pensar que por esas sendas la realidad de nuestro ser material se escapa: que el tesoro de nuestra ciencia es la verificación en la experiencia controlada, pesada, discutida y aceptada y con ella marchamos y con ella podemos probar y demostrar ante todas las escuelas que si nos preocupamos de que al ánfora sagrada, en donde se plasma el hombre, no lleguen los venenos de la vida para interrumpir el maravilloso fenómeno fisiológico del desarrollo normal, el hombre tiene que nacer sano, y si nace sano y le apartamos de todo aquello que ha de serle nocivo, a buen seguro ha de vivir feliz.

Cuidemos de la constitución, como cuida el sembrador para su siembra. Cuidemos de la semilla y esperemos confiados en que el sol ha de dorar nuestra cosecha. Todas las enfermedades mentales tienen una representación cabal en el organismo; todas podrían ser evitables si se ejerciera la higiene mental perfecta, sobre múltiples generaciones.

Estamos seguros que más influye el factor que envenena, que la imperfección desprendida por la destrucción de elementos materiales y siempre y cuando esa se presenta, es secundaria a causales de intoxicación o de infección; de ahí puede inferirse que la locura, en sus diversos aspectos y formas, constituida en variantes de una sola perturbación, puede ser curada con más frecuencia que lo que sospecha el común de las gentes, imbuidas en un pesimismo que tiene sus raíces en épocas pretéritas, de misterios, de dudas y de falsedades.

De todo esto debemos por fuerza deducir que la locura, al alcance de nuestra interpretación, es solamente el mal funcionamiento de nuestro cerebro, traducido en ideas, intelectuales o afectivas, actos y sentimientos anormales, y con estas realidades desprendidas del tesoro de la experiencia científica, nos será fácil demostrar la importancia de la obra social que implica la organización de la "Liga de Higiene Mental", con todos los beneficios que ella promete, idénticos y quizá superiores a los obtenidos en los países que la sustentan desde hace años; y decimos superiores porque la nuestra ha podido y podrá aprovechar las ventajas de las similares, agregando a su programa previsiones de que probablemente carezcan las otras.

Ante todo, debemos manifestar que la comisión directiva y los presidentes de las diversas secciones que luego enumeramos –hasta ahora están elegidos solamente los presidentes– son médicos que por sus prestigios, reconocida competencia y años de experiencia en el ejercicio de su especialidad, dan garantía suficiente para esperar de ellos una acción inteligente y constructiva. Además, que, como lo establecen los estatutos, por la renovación automática de sus autoridades, desfilarán, aportando su eficiente labor, todos los especialistas del país, quienes si por efecto de limitación numérica no figuran desde ya en la lista de los nombrados, están adheridos en espíritu de solidaridad y prestarán su valioso concurso en bien de la cruzada que emprendemos, sin más interés que el beneficio de la comunidad, singulares cualidades que siempre caracterizaron al cuerpo médico argentino.

La Liga tendrá comités en todo el país, que serán representativos del comité central, y de ese modo, se estará en contacto directo, en pensamiento y acción, con toda la república.

Las secciones hasta hora constituidas –decimos así porque queda establecido en los estatutos que se podrán nombrar nuevas si las necesidades higiénicas lo exigen– con las siguientes:

 

1. Asistencia de psicópatas. (Su organización y vigilancia).

2. Inmigración. (Vigilancia y orientación al respecto).

3. Patología regional. (Estudio de las afecciones regionales y su profilaxia).

4. Higiene industrial y profesional. (Estudio de su patogenia y su profilaxia).

5. Enfermedades generales. (Su relación con las enfermedades psíquicas).

6. Sífilis, alcoholismo y toxicomanía. (Higiene y legislación).

7. Auxología. (Observación y profilaxia del crecimiento y desarrollo físico y psíquico, en sus relaciones con las enfermedades mentales, desde el punto de vista del hogar y acción médica).

8. Sociología. (Legislación del trabajo: particulares y del Estado. Medicina legal. Estadística).

9. Organización científica del trabajo y psicotécnica.

10. Antisociales: vagabundaje y delincuencia. (Su clasificación y orientación social).

11. Higiene naval.

12. Higiene militar.

13. Higiene social e individual de la infancia. (Estudio relacionado con la educación de la infancia, en las vinculaciones de la escuela con el hogar).

14. Propaganda. (Divulgación e instrucción psiquiátrica popular).

15. Higiene sexual. (Educación sexual y profilaxia . La sexuología y sus relaciones con las enfermedades mentales).

16. Patronatos.

La enumeración de estas comisiones da una idea acabada del vastísimo plan que se propone desarrollar la "Liga Argentina de Higiene Mental", y las responsabilidades que tan grave tarea implica; las dificultades de su ejercicio y el sinnúmero de obstáculos que será preciso sortear, requieren un apoyo decidido de la conciencia colectiva que yo, personalmente, no me cansaré de solicitar.

Lo hemos dicho en otra oportunidad: que en lo que se ha convenido en llamar locura, hay una gama de matices como los que median entre la luz y la sombra.

La negligencia social es culpable cuando abandona a los vacilantes, a los que están al margen de la sombra, sin apoyo moral. Los futuros alienados, los alienados reclaman hospitales, reclaman asistencia adecuada, propia de hombres a pesar de ser hombres que sueñan, y su reclamación no está expresada. La legislación que debiera tutelarles está en proyectos. La que tenemos actualmente es mala, no consulta las exigencias impuestas por los criterios modernos.

Para los predispuestos, para los que comienzan a penetrar en la locura, que están francamente en la edad terapéutica de la enfermedad, abriremos dispensarios gratuitos que no tengan la fachada tétrica del manicomio, que da la idea de lo irremediable.

Haremos profilaxia general, el tratamiento médico e higiénico ofrecido ya por todos los facultativos que nos acompañan, contemplaremos la situación de los inmigrantes. Hombres desprendidos de todos los países del mundo, que vislumbraron la América fecunda. Para ellos, para nosotros y para los hijos de aquéllos, la orientación y sagaz vigilancia médica señalará nuevos rumbos y ayudará al esfuerzo de otras instituciones útiles ya formadas.

Asomémonos enseguida a otro cuadro, quizá el más cargado de tintas, donde vemos a tres entidades poderosas resueltas a destruir las normales constituciones humanas, a enriquecer las crónicas del delito, a llenar los manicomios y las cárceles, y a algo más monstruoso: a matar, como Herodes, a los niños, a idiotizarlos: son la sífilis, el alcohol y los tóxicos en general.

¡Cuidemos de los niños! ¡Ellos son la realidad y la esperanza! Aquí llegan ellos. Nos acusan, y es más enérgica y eficaz la acusación porque son débiles, son niños argentinos que no se alimentan suficientemente y trabajan, sufren y viven como adultos.

 

La Liga Argentina de Higiene Mental está dispuesta a cumplir sus altos propósitos enunciados y los cumplirá, porque llena de fuerza y entusiasmo espera confiada en el apoyo de los poderes, en la sociedad argentina y en el auxilio de todos los órganos de la prensa, que ha de ser la portadora y divulgadora de nuestra obra a todos los ámbitos de la República n

 

 

1. Revista de la Liga Argentina de Higiene Mental, Año 1, No 1, pág. 7 a 21