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Un loco criminal

 

Revista Médico-Quirúrgica

Vol. XVII No 1, 1885

 

Hace pocos meses se ha presentado en los Tribunales de la Provincia un caso lleno de interés científico para los que se dedican al estudio practico de las enfermedades mentales, como igualmente para mis honorables compañeros de tareas los Dres. Cabred y Benítez.

Juan Weir, da muerte á su amigo íntimo y protector el Sr. Cruckshank sin saber como ni por qué.

Las autoridades policiales de Mercedes prenden al matador, levantan el sumario correspondiente, y lo entregan al Juez del Crímen que debía juzgarlo.

Wier, resulta loco y es enviado al Hospicio de las Mercedes, donde se encuentra hoy sintiendo quizás un vivo dolor á pesar de su carácter profundamente seco y aparente indiferentismo cuando se le recuerda la víctima.

Wier, es un joven de 26 años de edad, inglés, soltero, blanco, de profesion agrimensor y de temperamento sanguíneo.

Un año hace que vino á Buenos Aires y formaba parle del personal técnico que construye el Ferro-carril Trasandino á cargo del Sr. Clarke.

Wier, fué conocido de su víctima desde Inglaterra. Vino á Buenos Aires por el llamado de aquel, y obtuvo la colocacion que poseía por influencia también de aquel.

Cruckshank, hizo en todo tiempo manifestaciones de simpatía por Wier, al extremo de llevarlo á su mesa y permitirle acompañar á su familia cuando salían de paseo.

Esto lo recuerda perfectamente el joven Wier, razón por la cual le asombra mas el hecho de haber dado muerte al Sr. Cruckshank.

El enfermo no recuerda haber tenido motivo alguno de disgusto con el finado, mientras trabajo bajo sus órdenes en vida de aquel; por el contrario, cada día era objeto de mayores demostraciones de aprecio.

Wier, nos manifiesta que Cruckshank se mostró en algunas ocasiones un poco áspero con los trabajadores argentinos, á consecuencia de no ser comprendidas sus instrucciones, por no poseer aquellos el idioma ingles (textual), pero que jamas le manifestó á éste la impresion desagradable que le causaba semejante hecho, ni le dió á comprender siquiera de un modo remoto.

De suerte que, este hecho aislado, no puede tenerse en cuenta como móvil de un crímen semejante.

Wier, como otras personas nos manifiesta y en el informe medico-legal de los Dres. González y Green, consta el hecho de haber trabajado éste algunos días bajo un sol abrazador, lo cual le produjo fenómenos nerviosos cerebrales, que el señor Green atendió y mejoró en pocos días, pudiendo el enfermo entregarse de nuevo á sus faenas diarias.

Los fenómenos nerviosos á que hacemos referencia, se limitaron á alucinaciones del oído, frecuentes en ciertas formas de locura, parciales ó impulsivas. En este caso no existieron las de la vista típicas del alcoholismo agudo, estado en el cual se perpetran crímenes completamente agenos á la voluntad y libertad de obrar

Sin embargo, los respetables cólegas encargados por el Sr. Juez de Paz para ilustrarle al respecto, conceden al abuso de las bebidas alcohólicas un papel importante en el estado vesánico de Wier, que aquel no acepta, asegurando que jamas abusó de las bebidas espirituosas, al extremo de extraviar completamente su razón.

El estado actual de Wier, hace altamente difícil el diagnóstico de la enfermedad mental que padecía en momentos de dar muerte al Sr. Cruckshank.

En efecto, una monomanía homicida, tiene sus pródromos que no se han manifestado en el joven Wier, segun su propia exposicion. No ha existido aquella idea fija que asedian todos los momentos ó de un modo intermitente, la mente del sujeto que perpetra semejantes actos, máxime en el caso presente, tratándose de una persona á quien debía favores el delincuente, y que hoy mismo lo confiesa, no ha habido tampoco el móvil ostensible que á tal extremo lo condujera, no ha mediado lucha alguna entre el deseo de sangre ó el deber de gratitud que unía al matador con el muerto.

En el informe medico-legal no hemos podido descubrir hecho alguno que nos autorice á suponerlo.

Ante aquella carencia de datos, pensamos que pudiera tratarse de una epilepsia larvada, por el mero hecho y á estar á las palabras de Wier que afirma: haberse encontrado sorprendido cuando volvió en sí, al saber que había dado muerte á su amigo, de cuyo hecho tuvo el conocimiento por las personas que se lo dijeron despues. Esto prueba, pues, de un modo evidente que no hubo premeditacion del acto ó que por consiguiente, el hecho consumado fué completamente ajeno á su voluntad y libre albedrío.

La epilepsia larvada, como muchos otras neurósis, tienen por origen una predisposicion hereditaria, y en los conmemorativos tomados del informe medico-legal no se descubre que ella existiera ni de un modo remoto siquiera.

Tampoco ha padecido antes del hecho criminal ataque alguno de epilepsia ni cosa que se parezca á ella; luego no es dable creer que una enfermedad de esta naturaleza le hubiera inconscientemente arrastrado al crimen.

¿Se tratará acaso de un ataque de sonambulismo? esto es muy posible, si tenemos en cuenta que Wier ha padecido un acceso de esta especie, estando aun en el colegio, en cuyo ataque salió de su habitacion para ir á la cocina en busca de luz, cuando fué despertado por uno de sus profesores segun declara el enfermo.

Este hecho, concordaría perfectamente con la falta de conocimiento del crimen, por el cual se le procesa. Coincidiría también, con haberse levantado de la cama unas horas antes del suceso, sin conservar el recuerdo del acto sinó por habérselo referido uno de los compañeros que durmieron con él en la misma pieza la noche del suceso. Pero nada de esto se menciona en el informe médico-legal.

Nos queda pues para analizar otro estado morboso en que el exámen pericial nos proyecta una luz poderosa.

¿Había pasado Wier por uno de aquellos estados alucinatorios, durante los cuales se cometen crímenes con la conviccion mas profunda de consumar un acto justo y santo, requerido por la sociedad ó demandado por autoridades divinas ó humanas? Hasta estos momentos es la idea que predomina en mi mente y en la de mis distinguidos comprofesores y compañeros de tareas. En el informe médico-legal encontramos que Wier, sufría alucinaciones del oído, que consistían en partes telefónicos, en virtud de los cuales mató á Cruckshank, agregando despues, que creía haber hecho un bien á la Compañía, matando á aquel señor.

Estas alucinaciones podrían perfectamente ser producidas y sostenidas por la conjestion cerebral, consecutiva á las fuertes insolaciones sufridas por Wier; pero, si bien es cierto que niega la participacion de aquellas en la consumacion del crimen, manifestándose por el contrario completamente sorprendido del suceso, si no sabe como puede haberlo cometido, sin tener al presente el mas mínimo motivo para ello.

Si Wier hubiese obrado bajo aquellas falsas creencias, se acordaría hoy perfectamente, como se afirma en el informe, pues no se pierde la memoria ó el recuerdo del suceso, mas no sucede así.

¿Tratará acaso Wier, de simular su ignorancia al respecto? esto tampoco puede suceder, pues daría lugar á contradicciones ó á fenómenos que son completamente independientes de la voluntad del simulador. Nada de esto se refleja en su físico ni en su moral.

Esperamos pues, datos mas concluyentes que hemos pedido para completar este estudio, robustecer nuestro juicio y emitir imparcialmente nuestra humilde opinion.

El enfermo continúa en observacion y será visitado en breve por el médico de los tribunales de la provincia.