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Manía aguda

 

Revista Médico-Quirúrgica

            Vol. XIX, 1882

 

 

 

Con fecha 21 de Marzo del próximo pasado entró al Hospicio de las Mercedes Luis B. con procedencia del Departamento de Policía de la Capital. B. es un gentil hombre, natural de Italia, soltero, de color blanco, cómico de profesion y de temperamento sanguíneo.

B. se ocupó en estos últimos días cantando en el café del Pasatiempo: trabajaba todas las noches, en virtud del contrato firmado con el dueño de aquel establecimiento; su reputacion fué creciendo de día en día, y ninguna nube habia oscurecido su horizonte, por lo que sus afanes se multiplicaban cada día, á fin de entretener al numeroso público, que acudía por las noches á aquella casa de recreo.

De vez en cuando notamos que se producen rivalidades, ya sea en los hombres públicos, como en aquellos, que se entregan á la practica de las bellas artes. Sin ocupar B. el rango de los artistas de primera clase, no dejó de encontrar sin embargo, un rival, que pretendiera destronarlo. En los días mas felices de su carrera dilettanti, recurrió aquel á un populacho rentado para ahogar por medio de gritos y de silbidos la dulce voz del desgraciado Luis.

Es fácil preveer desde ya el efecto, que debió causar en la mente de aquel orgulloso artista ovasiones tan descomedidas como inusitadas: mas la cultura y esquisita educacion de B. le hicieron soportar con aparente serenidad una tormenta igual –la primera sufrida en los largos años de su carrera artística.

Terminada la funcion, B. encontró ajada su reputacion y agredido en lo mas íntimo su amor propio. Pasó la noche en prolongado insomnio y oprimido por una angustia tremenda, al estremo de perder la razón en las primeras horas de la mañana del día siguiente al suceso.

 

 

Síntomas

 

Preocupado B. con la ovasion recibida en la noche anterior, hizo la resolucion firme de rehabilitarse ante el público, dando una de aquellas funciones. que suele llamarse por los artistas caballo de batalla para cuyo efecto se hizo una toilette mas esmerada que otras veces y fue á casa del empresario á suplicar que le fuera permitido dar la funcion que había elegido para reivindicarse. El empresario notó en aquellos momentos que B. se encontraba poseído de una sobreexitacion nerviosa y temió por su salud, haciéndole algunas objeciones al peticionante; pero éste, herido en lo mas intimo de su amor propio, no dió oidos á las palabras del empresario, disponiéndose á dar en el acto una prueba de su suficiencia y capacidad lírica. En efecto, trepó como el relámpago sobre una mesa y principió á modular cánticos, trinos y gorgeos los mas sostenidos. Una vez que se produjo la irritacion del órgano laringeo, por los esfuerzos de aquel en hacer notar el poder de su voz, el canto se convirtió en gritos descompasados, que llamaron la atencion pública y la de las autoridades policiales.

Costó un triunfo reducir á prision al infortunado B. y conducirle á uno de los calabozos del departamento General de Policía; en aquel dia Luis vestía elegantemente un traje de frac negro, corbata blanca, guantes de cabritilla y un rico zapato de charol.

Al llegar este desgraciado al Departamento Central, los curiosos se hacían los mas variados comentarios respecto á la llegada de tan elegante personaje; pero no habian pasado muchas horas cuando B. se dispuso á hacerse conocer, inspirándose con el recuerdo de aquellas canciones mas picantes y que tantos aplausos le valieron en otras ocasiones. Sus cánticos eran acompañados con la accion, y llegaron momentos en que se encontró completamente despojado de sus vestidos, desgarrados y pisoteados por el mismo. Los facultativos de aquel Departamento reconocieron á B. y aconsejaron al señor Jefe le remitieran al Hospicio de las Mercedes en calidad de alienado.

 

 

Marcha de la enfermedad

 

La campana del Hospicio anunció la llegada de un enfermo el dia de la fecha arriba mencionado. El capataz y los asistentes acudieron á la puerta para recibir al insano á la primera indicacion del medico; verificada la cual, descendió del coche un sujeto de estatura elevada y cuyo físico no era fácil descubrir, ni determinar la raza á que pertenecía, por estar completamente desfigurado y oculto tras un velo de sustancias completamente agenas al pigmento natural del cutis; parecía que B. se hubiera entretenido en sacar con las manos el negro friso del calabozo para dar á su tez y á su cuerpo un color diabólico.

La indocilidad y furia del paciente obligaron á la policía á remitirle con un chaleco de fuerza, cubiertas sus carnes por una ligera túnica.

Alojado ya en la casa de orates, se le ordeno por primera intencion un prolongado baño de duchas frías, con el doble objeto no solo de limpiar su cuerpo, sinó que se pretendía robar un poco de calor á ese cerebro en completa ebullicion nerviosa y sanguínea.

Trasladado á una de las celdas de observacion, no cesó un solo momento de caminar y de ejercitar su dulce voz. La escitacion nerviosa crecía á pasos gigantescos; y temerosos de un accidente cerebral, se le colocó en un baño tibio por espacio de dos horas, repetido el cual, despues de algun termino, la reaccion del sistema nervioso no se hizo esperar, pudiendo entónces el paciente conciliar el sueño.

 

 

Tratamiento

 

Así que se notó alguna calma en los fenómenos generales. presentados por el enfermo, se le prescribió un purgante salino, sin perjuicio de continuarse con los baños tibios por espacio de dos á tres horas y á una temperatura, que no escediera de 20 grados centígrados. Por las noches se hacía necesaria la administracion de algunos gramos de cloral, con el objeto de que durmiera bien, sin incomodar á los alienados vecinos de su habitacion. Este tratamiento, por sí, y dirijido con la perfeccion que es posible, en un establecimiento en las condiciones del Hospicio de las Mercedes, produjo la mejoría de B., habiéndolo dado de alta el 3 de Abril, cediendo á sus continuas suplicas, y temerosos de una recaída, al verse este sujeto rodeado de una atmósfera, que le era completamente estraña á la en que vivió en todas las épocas de su existencia.

 

 

Algunas consideraciones

 

Podrá decirse que Luis B. salió completamente curado y que se trata de una Manía  aguda, de marcha rápida. ¿No será acaso una vesania periódica que ataca al sujeto en el día menos pensado y por cualquiera causa moral? El tiempo nos lo dirá; en casos análogos nos mantenemos siempre en una reserva prudencial, y cuando acordamos su salida del Hospicio, ha sido en calidad de condicional.