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El espiritismo

         y la locura

 

Revista Médico-Quirúrgica

Vol. XVIII, 1881

 

 

 

De algun tiempo á esta parte se multiplican cada día las sociedades de espiritistas. A ellas parece que ingresan toda clase de personas, desde las mas despejadas hasta las mas infelices, y desde los libre pensadores hasta los mas fanáticos creyentes de la religion católica apostólica romana; de suerte que no me parecerá nada de estraño oír decir que Doña Fulana de tal, beata desde la cuna, ha ingresado á una sociedad de espiritistas; como no me estrañará tampoco cuando digan: –¿Sabes que Doña Fulana está loca? ¿cómo? –Sí, tiene alucinaciones de la vista y del oído; todo el día crée ver á Dios y conversar con Él: padece de Monomanía religiosa. ¡Bendita sea la farza del hombre! Le progrés toujours marche: pero la suerte es que de todos los locos de esta clase, á quienes he asistido, uno solo es argentino; los demás pertenecen á la inmigracion estrangera, ellos la inventan y ellos esperimentan los efectos. Indudablemente este es el mejor medio de hacer una propaganda provechosa; pero, que lo esperimente otro.

Me he fijado en otro hecho, que hasta ahora no ha encontrado una esplicacion satisfactoria; es el siguiente: De diez insanos 9 son españoles y uno argentino; esto no es lo mas interesante, ni lo mas digno de estudio. Lo grande y científico de la cuestion está en la forma sintomática de la vesania. ¿Por que el espiritismo engendra la locura de forma depresiva con mayor frecuencia que las otras? No creo que esté muy lejos la resolucion de este problema de frenopatía moderna: el estudio de las localizaciones cerebrales progresa cada día, y no tendrá nada de estraño que mañana se descubra el punto donde reside el órgano del espiritismo ó de las facultades cuyo esceso de trabajo ha producido una lesion material en el campo cerebral, que preside á la concepcion de ideas tristes.

Uno de los casos mas notables de locura producido por el espiritismo pertenece á un Señor N. de la calle Lima, cuyo nombre me será permitido pasar por alto.

Este sujeto, de nacionalidad española, es ya de alguna edad y poseedor de regular fortuna. Por consejo de algunos amigos íntimos asistió á algunas conferencias de tan pretendida ciencia, que yo tengo la suerte de no conocer hasta hoy; á pesar de haber visto en los diarios de Buenos Aires, que un celebre y sábio alienista parisiense, se ocupa hoy de dar notables conferencias en la Salpretrière sobre esta materia; no sé lo que haya de verdad al respecto: el recargo del trabajo, que hoy pesa sobre mí, no me permite ojear los periódicos y publicaciones que recibo de Europa.

Comprendo muy bien que los creyentes bona fide toman con empeño estas cosas; pero no comprendo cómo llegan hasta el estremo de perder la chaveta.

En el espiritismo puede existir también, como dicen que hay en otras asociaciones, unas personas que fomenten la cosa y otras que la sostienen. Algo de esto ocurrió á mi caso práctico, segun rumores que llegaron mas tarde á mis oídos. El hecho es que de la noche á la mañana el Señor N. se encuentra en el Hospicio de las Mercedes: no conducido por los espíritus sinó por el carrito del Hotel del Gallo y con certificado de los médicos de Policía, que decía: Recíbase el demente Fulano de Tal. Efectivamente, estaba enajenado y en un periodo de estupor característico. Con los pocos antecedentes que me fueron trasmitidos por personas interesadas, pude clasificar la enfermedad mental de melancolía intermitente con estupor

Al principio creí conveniente aislar completamente al orate, con el objeto de observarle á entera satisfaccion mía y hacer algunas esperiencias en el periodo de estupidez, que simulaba un estado cataléptico bien caracterizado.

Una parte del día lo pasaba el enfermo acostado en cama, con la vista fija en el techo de la habitacion y los miembros superiores estendidos á lo largo y paralelamente al tronco. Despues de mirarle detenidamente le llamo por su nombre y no me contesta; hago ruido cerca de él, doy gritos; pero permanece completamente indiferente á todo; la enajenacion es completa, tomo uno de sus miembros y lo coloco en cierta posición; se queda en ella hasta hacerla cambian Repito la esperiencia con el homónimo y sucede lo mismo. Tampoco responde á las pinchaduras practicadas con un alfiler en las piernas ó brazos; parece existir una anestesia completa de la sensibilidad en general. El calor de la periferia se conserva en el estado normal, con escepcion de la cabeza que parece devorada por un fuego interno, tal es la sensacion, que esperimenta el tacto. Los paños fríos puestos sobre la frente se secan bien pronto, desapareciendo el agua bajo la forma de vapor.

Pocas horas dura el periodo de estupor: y si en este estado hubiéramos examinado la orina, veríamos que el enfermo consumía una gran cantidad de fósforo como consecuencia de su actividad cerebral.

De pronto desaparece el estupor y se levanta de la cama para pasearse cabisbajo, cubriéndose la boca con su mano derecha y al parecer preocupado con algun proyecto ó asunto interesante; de pronto se detiene, como si hubiera encontrado el busilis del asunto: unos cuantos movimientos hechos con las manos, preceden á una escena, en la cual pretende magnetizar á una mesa.

El practicante mayor penetra en estos momentos en la enfermería, y observa al enfermo. En presencia de las dificultades de aquel para lograr su objeto, le pide que le escuche hasta magnetizar él el mueble; y que luego podía pedirle cuanto deseara.

El enfermo consiente en ello; pero no se apercibe que el practicante hace pisar uno de los pies de la mesa en la estremidad libre de un cabo de escoba, que se encuentra debajo de una de las camas. Practicadas las manipulaciones farsáicas, le dice: –Puede Ud. preguntar á la mesa. En efecto, la interroga y es contestado; los ojos del enfermo brillan de alegría; pero el practicante, que mantenía un pie en la otra estremidad de la escoba, no pudo dominarse y larga una estridente carcajada; al enfermo se le enciende instantáneamente el rostro, y se cubre su cara de vergüenza al ver que había sido víctima de una farsa del momento. Desde este momento reacciona y puede darse cuenta de lo pasado antes y durante doce días que duró su enfermedad.

A los pocos días de este suceso se presenta el espiritista Gallo Gil con todos los síntomas de una lipemania, que clasifiqué de delirio de las persecuciones. Este artesano se encontraba completamente fanatizado por el espiritismo, y se cree capaz de resolver cuanto se propone. En un conventillo, donde vive en compañía de otros españoles, se enferma gravemente una muger, y consulta á los espíritus respecto de la suerte de aquella; dá la casualidad que la pobre sucumbe y Gallo se torna loco, hasta el estremo de salir por la calle de Bolívar con los brazos en cruz y caminando majestuosamente con los pies descalzos, Encontrado por los agentes de Policía es conducido al Departamento General y mas tarde al Hospicio de las Mercedes.

Gallo Gil se cree perseguido por sus paisanos, á causa de haber obtenido el poder de hablar con los espíritus celestes, quienes le habían comunicado la suerte próxima de la víctima mencionada.

Los incansables perseguidores toman á Gil por el Mártir del Gólgota; le crucifican y pasean en procesion por la calle de Bolívar en momentos que la Policía lo toma (alucinaciones internas).

La primera temporada la paso bien en el Hospicio; todos los días me pedía una conferencia, que no creí oportuno concederle, porque presentía lo que deseaba hablarme. Un día sus promesas fueron tales, que no pude negarme, y convidé al Padre Capellan para que formara parte del auditorio; invitacion hecha con alguna malicia por mi parte.

Habia leido que las prácticas religiosas no producen influencia alguna favorable en el tratamiento de las vesanias; aseveracion que no quise aceptar sin esperimentarlo, como acostumbro proceder en toda cuestion científica. Desgraciadamente en el caso que nos ocupa no dio resultado alguno el trabajo esmerado del capellán; no habia medio de hacerle ver el error que tantos disgustos le tenia proporcionados.

Manuel F... es otro de los casos prácticos observados en el Hospicio de las Mercedes. Este sugeto es español, de 41 años de edad, casado, color blanco, temperamento nervioso y barbero de profesión.

Fuentes hace algun tiempo que ingreso á una sociedad de espiritistas, y desde los primeros días se hizo notar por el gran interés prestado á todas las esperimentaciones practicadas en su presencia. A poco andar su convicción fué profunda, por lo que respecta á los principios fundamentales de esta ciencia misteriosa.

Su pasion crecía cada día al estremo de quitarle el pan á sus hijos para satisfacer las cuotas mensuales adeudadas á la asociacion á que pertenecía.

Llegaron momentos de preocupar altamente á F. las teorías, que no se cansaba de leer y conservar en la mente. La necesidad del hambre disminuye, el sueño se vuelve penoso, escaso é intranquilo. La esposa se apercibe del estado de su consorte; pero, á pesar de pertenecer á la misma logia, no consigue le manifieste los motivos de tan repentino cambio. El espiritista comienza á alejarse de los suyos: desconfía de su cara mitad, y no lleva los alimentos á la boca, sin hacer antes un prolijo exámen de sus cualidades físicas, sápidas y organolépticas.

Desde el momento que F. piso en la casa de locos, se guardo una completa reserva de parte de su familia respecto de las causas predisponentes y ocasionales de la vesania. No faltó, sin embargo, una persona de su relacion, y que conocía al enfermo desde su país, que nos diera los datos mas precisos para instituir un tratamiento adecuado.

Nuestro hombre ha pasado antes de ahora una vida activa y honesta, contraido á su profesion: y luego de ser casado á los deberes de esposo y padre de familia. Pero, como sucede, siempre que en esta vida no hay nada perfecto, no faltaron otros compatriotas, hombres y mugeres; que influyeron favorablemente en ambos cónyuges para que engrosaran las filas de una sociedad protejida por aquellos. Así fué, y por mas que se hubiera resistido á los deseos de sus comprovincianos, no hubiera podido escaparse de la serpiente, cuyo papel es desempeñado por una comadre, la cual, á la vez de ser espiritista, padece de flujo-rajia, enfermedad común en las mugeres, y cuando la padece; se hace crónica é incurable para todos los prácticos de mayor nombradía.

 

 

Síntomas

 

Hace á penas 15 días que F. se encuentra en el hospicio, presentando los caractéres de una lipemania melancólica en el periodo agudo.

El enfermo conversa muy poco y todas sus ideas se limitan á un circulo sumamente estrecho, cuyos radios convergen á un centro de profunda tristeza.

En los primeros días amaba mas la soledad y reposo, lo cual hacia voluntariamente para librarse del compromiso de tomar los alimentos; pero una vez de ser obligado á ello, los tomaba en cantidades reducidas.

Mas tarde, llevado á la mesa prueba los alimentos y no los toma; con lo cual cree encontrarse completamente satisfecho. Es inútil toda tentativa para conseguirlo por medio de la fuerza.

Se afana demasiado por trabajar, aun en las horas de almorzar y comer; pero lo hace, á nuestro juicio, con el objeto de distraer á los guardianes y pasar sin alimentarse.

De continuo se presenta pidiéndonos órdenes; nos suplica con insistencia que le indiquemos sus deberes en la casa y las obligaciones que debe llenar; pero, á pesar de esto, no obedece nuestros mandatos y ejecuta lo contrario con arreglo á las ideas dominantes.

F. no se crée digno de estar en relacion con los pensionistas, por mas que se le haga saber que su esposa paga una pension regular con el objeto de que sea tratado con especial esmero. Sus oidos se mantienen sordos á todo razonamiento.

Al llamado de los enfermeros ó de los practicantes para que se alimente contesta que él no debe hacerlo sinó en la mesa general: trasportado á ella por su pedido y en el interés de hacerle comer, varia su exigencia y solo ofrece prestarse á tomar las sobras de sus cólegas ó el agua sucia que ha servido para lavar los platos. Cuando le disfrazan los alimentos líquidos y toma alguna cantidad, no tarda en vomitarlos; como si el estomago no los soportara, debido á una irritabilidad especial del órgano, pues no hace el enfermo nada de su parte con el objeto de producir semejante efecto.

El enfermo se enflaquece á grandes pasos por la falta de alimentos reparadores; que equilibren las perdidas de su organismo cerebral en continuo trabajo.

La paciencia de los practicantes y enfermeros se agotan al ver estériles sus esfuerzos; tampoco consiguen resultados favorables los paisanos del enfermo enviados con el objeto de hacerle ver la necesidad de alimentarse por su propia conservacion, por sus deberes de cristiano, de esposo y de padre de familia: nada se consigue. La esposa ha estado á verle: le ha pedido lo mismo que nosotros; y, á pesar de todo, el enfermo sigue con sus mismas ideas y si se acuerda de la muger y desea verla es únicamente con el objeto de hablarle de altas cosas, que no recordó en su última entrevista. No admite convenio alguno, prefiere no ver á las personas mas queridas sí se le pone por condiciones que debe comer.

El mal tiempo nos ha obligado á tenerlo en cama, pero nada repara. y aunque sea temblando de frío, sin. mas abrigo que la ropa de cama, abandona esta para "ir afuera de su habitación y tomar parte en los quehaceres internos. El medio de mantenerlo tranquilo lo hemos conseguido amenazándolo con la camisola de fuerza y ha llegado el estremo de hacer uso de ella.

Felizmente el paciente no presenta hasta hoy impulsos agresivos ó suicidas de otro órden y se obstina hasta el presente en no tomar alimentos, cualquiera que sea la forma de ellos.

 

 

Tratamiento médico

 

Diagnosticada la enfermedad mental, el tratamiento médico es el mismo en casi todos los casos, con pocas escepciones.

Los baños tibios, administrados por algunos días, no dieron resultado favorable; no se cambian sus ideas ni calma el estado general.

La constipación, tan frecuente en los melancólicos, la hemos combatido con los purgantes drásticos administrados con alguna violencia para el enfermo, y á veces conjuntamente con los alimentos.

Por último, hemos recurrido á los revulsivos y á las inyecciones de clorhidrato de morfina á dósis crecientes.

No podemos asegurar ó pronosticar las ventajas que obtendremos de esta medicación recientemente instituida, hasta no haber trascurrido algun tiempo mas y que se produzcan ó no los efectos que buscamos al adoptarla.

Sin estar mejor el enfermo hemos conseguido que duerma algunas horas la última noche en que concluimos de escribir estas líneas; lo cual no habíamos visto hasta el presente, ni podido realizar por los medios usados antes.

La secuestración es completa para todas las personas, que vienen á visitarlo. por temor de que cualquier imprudencia produzca un resultado desfavorable y que apresure la terminación funesta de F...

Su esposa le ha visto una vez cediendo mas bien á consideraciones de otro género que á la conveniencia del enfermo; sin embargo, no la recibió mal; por el contrario desea verla para que le conduzca á su casa.