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Melancolía sin estupor

Repugnancia hacia los alimentos

Alimentación forzada

Muerte

 

Revista Médico- Quirúrgica

Vol. XVIII, 1881

 

E1 día 28 de Mayo del corriente, tuvo entrada en el Hospicio de las Mercedes el súbdito español llamado N. N., soltero, blanco, marinero, de 28 años de edad y de temperamento linfático bien caracterizado.

N. N. se presentó á nuestra observacion con muchos de aquellos caractéres que revelan desde luego el estado de locura, pero cuyo delirio no es fácil descubrir, sinó con la constante observacion del enfermo.

El semblante abatido y contestaciones tardías, nos hicieron presumir la existencia de un sentimiento profundo, que no tardó en hacerse manifiesto, permitiéndonos diagnosticar la enfermedad mental.

 

 

Conmemorativos

 

Grande fué nuestro empeño para averiguar la causa productora de la vesanía que nos ocupa; pero no pudimos conseguirlo, á pesar de la preferente atencion prestada á este sujeto. Aseguraba no estar loco y que tampoco existieron en su familia miembros que la hubiesen padecido. Mientras duró el tratamiento médico tampoco vino á verle persona alguna, que supiese la causa ú origen de la enfermedad, antecedentes que ilustran al médico en tales casos. Con estos mismos inconvenientes tropezamos á cada paso, lo que dá origen á incertidumbres de todo género y á que desde un principio no se pueda establecer un tratamiento adecuado como se desea.

La medicacion establecida con el objeto de combatir los síntomas al principio, no tardamos en modificarla, asi que los fenómenos patológicos se acentuaron de un modo franco.

 

 

Marcha de la enfermedad

 

En los primeros días el enfermo nos pedía salir del establecimiento, donde no se encontraba bien; sin embargo, comía en la mesa general en compañía de todos sus colegas. No procuraba un asiento á las horas oficiales, como hacen los demás; los asistentes lo recogían de las galerías y lo coloca  han en el lugar que le pertenecía. Mas tarde hizo alguna resistencia y dejaba su asiento antes de terminarse la comida; llegó un momento en que no fué posible prestarle estos cuidados porque pretendía esconderse para no tomar los alimentos.

En este entónces procuró fugarse de la casa, pero no lo consiguió; mas de una vez se le vió huir despavorido de un estremo á otro del establecimiento, como si fuese perseguido por un ser estraño; nunca conseguimos nos dijera el por qué de semejante terror.

Llegadas las cosas á este término, se apodero del enfermo un mutismo completo y la negacion absoluta á tomar los alimentos. Los medios conciliatorios no dieron resultado alguno; no fué posible persuadirle de que se alimentara: parecía empeñado en morir de hambre, á pesar de que jamas manifestó esta necesidad; la demacracion se declaró y no había tiempo que perder.

En tal situacion se presentan dos grandes cuestiones: la primera referente al pronóstico de la enfermedad y la otra referente al medio de conservar la vida.

En otra ocasion creemos haber hablado de los triunfos obtenidos por las inyecciones de clorhidrato de morfina, en los melancólicos, y el caso presente era uno de los presuntos curables por este medio.

La necesidad de alimentar al individuo se hacia mas urgente cada día, y cuanto mas nos esmerábamos en llenar esta indicacion el enfermo hacía mayor resistencia que nunca.

A las horas de almorzar y de comer no se le veía en compañía de los otros, porque había aprovechado el momento de reunion general para esconderse.

Pensando que pudiera apetecer otra clase de alimentos o licores le ofrecimos por repetidas veces vino, caña, fruta, pescado, etc. etc, pero siempre nos contestó del mismo modo, sin agradecer por esto nuestra atencion, como si no se le hiciera servicio alguno.

La intimidacion se hizo necesaria y vimos algunos días que al momento de presentarse el enfermero con la camisola de fuerza, la sonda esofágica y demás aparatos, el enfermo tomaba con su mano la taza y bebía los alimentos líquidos; no hubo forma de que deglutiera los solidos por mas divididos que estuvieran. Pocos días duró el triunfo obtenido por este medio y la electricidad como medio de intimidacion fué también impotente para coadyuvar á nuestro intento.

Se le puso por primera vez la camisola de fuerza y con pocas resistencias opuestas por el paciente, se logró darle de comer una buena dosis de caldo, sopa de fideos y leche. Al día siguiente ofrecía las mismas resistencias, le prescribimos enemas alimenticios, por no mortificarle con una alimentacion artificial por la boca; con gran asombro vimos que también despreciaba este medio de alimentacion, pues al momento de puesto el enema y como burlándose de todos se ponía al borde de la cama y despedía con fuerzas el alimento inyectado.

El enfermo comprendía perfectamente nuestro objeto, prestaba atencion á cuanto se decía de él; pero en lugar de aceptar todo cuanto se hacia en su favor, obraba de un modo contrario.

Nuestros movimientos despertaban su curiosidad y mas de una ocasion le sorprendimos observándonos y fijándose en el momento que el enfermero debía aparecer con los aparatos que debían usarse para darle de comer. En este momento cambiaba su semblante y hacia movimientos en sentido de taparse la boca para que no se le obligara á comer ó á soportar los aparatos especiales y la sonda esofágica.

Si á pesar de esto consentía en dejarse poner la sonda por la boca y tomar los alimentos, al momento de retirarle esta se comprimía el estomago y con la mayor facilidad del mundo despedía toda la cantidad depositada en él.

Desgraciadamente, las cosas no se limitaron á este punto; en algunos días cerraba tan fuertemente la boca que no era posible darle de comer, al menos de hacerlo por la fuerza; pero ella llevaría por delante todos los dientes incisivos superiores é inferiores, lo cual no debía tener lugar sinó cuando todos los recursos se hubiesen agotado.

Felizmente teníamos entonces unas buenas sondas de goma, á propósito para desempeñar estas funciones por la nariz. En efecto, todas las mañanas y tardes se procuraba que el enfermo comiese y cuando toda tentativa fracasaba, se le avisaba al practicante mayor para que hiciera la aplicacion de la sonda, como es de costumbre. Así se hacia todos los días y conseguimos mantenerle la vida mientras fué posible.

 

 

Tratamiento

 

Por regla general empleamos las inyecciones de clorhidrato de morfina en el tratamiento de la melancolía, cualquiera que sea su forma y en el presente caso la instituimos también, creyendo sacar el partido de siempre.

Al mismo tiempo y cuando la indicacion se presentaba, se le dieron enemas purgantes y purgantes drásticos, fricciones estimulantes y tónicos vejetales, con el objeto de sostener su estado general, que cada dia se deprimía mas.

En todo el período de cinco años que nos encontramos al frente de este establecimiento de caridad es la primera vez hemos asistido á un enfermo de esta clase y con tal motivo nos hemos preguntado mas de una vez ¿qué se hacia con esta clase de locos en el Hospital General de Hombres y en el Hospicio de las Mercedes antes de ahora? francamente :...,no lo sé; pero es fácil suponerlo en presencia de la falta de huella que nos indique se puso en práctica tal ó cual procedimiento. Este enfermo ha sido para nosotros un libro nuevo abierto á nuestra vista y en cuyas paginas encontramos algo nuevo que no recordamos haber leido en los libros.

El enfermo murió el dia 5 del presente.