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Locura paralítica-

         Delirio mixto

 

Revista Médico- Quirúrgica

            Vol. XVII, 1880

 

 

NN. natural del imperio del Brasil, 31 años de edad, casado, de temperamento nervioso, comerciante de profesion y regularmente constituido, entró al Hospicio de las Mercedes el dia 23 de Abril de 1879, con certificado médico del Doctor Blancas.

Segun nos refieren sus deudos, N. ha gozado de buena salud y brillante posicion comercial, hasta que, por los malos sucesos en los negocios, se tornó reconcentrado, entregándose á los abusos alcohólicos, que dieron por resultado la enfermedad mental que padece hoy.

No hay al parecer antecedentes de familia que nos autorizen á pensar en la predisposicion por herencia.

Con los fenómenos de concentracion, perdía N. cada dia su carácter alegre, terminando por aborrecer á la esposa e hijos, á quienes amaba con idolatría.

En su casa, todo le disgustaba y los motivos mas fútiles eran para él objeto de serios disgustos.

Con frecuencia salía de su casa para pasarlo en compañía de sus amigos, á quienes obsequiaba con gran generosidad, como que poseía una regular fortuna heredada de un pariente cercano. No había trascurrido mucho tiempo en presentar ideas de grandezas, cuando abandonó el pueblo donde se encontraba su familia para ir á otro cercano en el que cometió algunos excesos y actos de violencia, por lo que fué menester que una persona de los suyos fuese en busca de el, lo que consiguió, pasados algunos dias recurriendo á los medios coercitivos para traerle al Salto Oriental de donde fué trasportado á esta.

 

 

Estado del enfermo á su entrada al hospicio

 

N. vestía un traje de casimir en regular estado, llevando en una de las solapas una especie de escudo que él mismo había fabricado de un pedazo de lata y colocado en el sitio indicado.

Su fisonomía no presentaba nada de notable, á no ser el color un poco alterado, siéndolo mas moreno que de costumbre y el pelo descuidado y mal aliñado.

Preguntado por su nombre y apellido contestó llamarse N.

N. duque de Braganza y poseedor de grandes riquezas en el Universo.

Los primeros días pasó tranquilo, hasta que la impaciencia, orgullo y deseos de verse libre le hicieron librar una batalla con los asistentes, semejante á las que tuvieron lugar con sus deudos antes de ser trasportado á este.

Todos los días pedía grandes cantidades de dinero para mandar comprar manjares esquisitos á los mejores hoteles y confiterías de la ciudad. Cuando se le contestaba que no los poseíamos, nos pedía papel para hacer telegramas á los principales banqueros del Brasil y Europa donde decía tener en deposito sumas fabulosas. No hablaba de cientos y millares sinó de millones y trillones de esterlinas y contos de reis. Las veces que se le dio papel para escribir, lo hacía con mucha lentitud, y, si por casualidad hacía alguna equivocacion no la borraba pasando una raya sobre lo escrito sinó con el dedo, como si escribiera en una pizarra.

La escritura era poco intelijible y revelaba en ella grande incoherencia de ideas, pero siempre con el sello de las grandezas. Cuando le dábamos papel nunca concluía un escrito; principiaba el lado de una hoja y antes de concluir de llenarla la daba vuelta para seguir con otro asunto que no tenía relacion alguna con el primitivo. La letra se encontraba notablemente alterada y de forma irregular; los renglones no seguían paralelos, los que ora descendían ó se llevaban formando curvas mas ó menos pronunciadas y chocantes á la vista. El temblor de la mano le hacía dibujar curvilíneas mas ó menos variadas.

Un mes despues, el enfermo principió por despedazar las ropas, fundándose en que tenía otros trajes mas ricos y elegantes para reemplazarlas.

 

 

Marcha de la enfermedad

 

En aquel estado continuó el enfermo por espacio de dos meses, hasta que empezó á notársele triste y su delirio tomaba la forma religiosa con frecuencia se le veía arrodillado en el suelo con las manos unidas por su cara palmar y en actitud de orar. La forma de su delirio fué acentuándose diariamente hasta que concluyo por rehusarse á tomar los alimentos. La demacracion no se hizo esperar y el enfermo se tiraba al suelo; por lo que fué necesario conducirlo á una de las enfermerías, donde se le prestaron los cuidados que reclamó su estado. Puesto en cama persistió en las mismas ideas, terminando luego por creerse el redentor del mundo. En tal estado la alimentacion se hacía mas difícil por rehusarse completamente á injerir en su estómago cualquier cantidad por insignificante que fuese. Por fin, terminó diciendo que era el hijo de Dios y que debía morir en la cruz para redimir á la humanidad del cautiverio del demonio.

Un día fuimos agradablemente impresionados al ver que N. simulaba morir en la cruz, presentando un cuadro digno de llamar la atencion al mas prolijo observador.

Acostado el enfermo en cama y en mutismo completo estiraba los miembros inferiores, de tal modo que parecían tendidos por una fuerza esterior llevada á un alto grado. Los miembros superiores los estendía de igual modo, de suerte que no era posible doblárselos por mas fuerza que hiciéramos para conseguirlo. Una vez en esta actitud abría anchamente los ojos como si quisieran salírsele de las órbitas. Abría la boca del mismo modo y estiraba la lengua con tal fuerza, produciendo al mismo tiempo un grito especial como si una soga le estrangulara fuertemente el cuello.

De esta suerte permanecía por algunos minutos hasta que cesaban los gritos reemplazándolos el desfallecimiento; la respiracion se hacia imperceptible y presentaba el rostro bañado en sudor. Por fin, quedaba en una especie de muerte aparente con los miembros en relajacion completa. Nuevos ataques tenían lugar con algunas horas de intervalo y mientras duraban ellos quedaba el enfermo completamente indiferente y estraño á todo lo que se pasaba á su alrededor.

En tal estado tomábamos un alfiler para esplorar la sensibilidad periférica, dándonos por resultado la produccion de convulsiones unas veces y otras sin resultado alguno. Cuando se hacía la esperiencia, en momentos que simulaba agonizar, se producían las convulsiones á cada pinchazo, dejando oír al mismo tiempo un grito particular y arrojando la lengua afuera de la boca con mas fuerza que nunca, lo que parecía indicar que el enfermo se creía herido por un instrumento punzante.

El enfermo persistió por algunos días en simular la muerte de Cristo, hasta que merced á la medicacion por el bromuro de potasio y las inyecciones de clorhidrato de morfina, calmaron y tranquilizaron al paciente

Pasado este período quedó melancólico y taciturno, viéndosele llorar con frecuencia, sin manifestar los motivos de su sufrimiento, que jamas pudimos descubrir, por mas que le interrogásemos al respecto.

Calmado algun tanto su dolor moral, principió por alimentarse paulatinamente y á reponerse de su estado de demacracion ocasionada por la escasa alimentacion á la que se rehusó siempre. En seguida se levantó de la cama y comenzó á dar paseos al aire libre, conservando sin embargo el tinte melancólico.

N. recobró fuerzas y alguna alegría, por lo cual se creyó conveniente ponerlo en contacto con los pensionistas de su clase.

 

 

Estado actual del enfermo

 

Al presente, el enfermo se encuentra bajo otra faz distinta á la que estaba en sus primitivos tiempos. Se observa en él todos los síntomas mas notables de una locura paralítica en su período de progreso, cuya marcha creo imposible detener, á juzgar por las condiciones actuales del enfermo y porque hasta hoy no he obtenido exito alguno favorable en el tratamiento médico empleado. El enfermo se encuentra algo mas demacrado; su tez ha tomado un color terroso subido; el pelo herizado y sin lustre, así como la barba y bigotes: en general presenta un conjunto que puede llamarse característico del mal que adolece.

Las pupilas se encuentran desigualmente dilatadas, siéndolo mas la del lado derecho. El olfato está entorpecido hasta el punto de no distinguir el olor de las sustancias mas conocidas, como ser el ajo y la cebolla. El gusto está igualmente perturbado. La sensibilidad periférica se encuentra igualmente disminuida.

Los labios y miembros superiores presentan un temblor muy marcado, principalmente cuando conversa con precipitacion, ó se agita, ó cuando quiere servirse de sus manos para tomar los alimentos ó encender el cigarro.

La fuerza muscular está disminuida también., lo que se comprueba fácilmente haciéndole levantar objetos pesados ú ordenándole comprimir nuestra mano con la suya.

El enfermo no presenta alteracion alguna en la marcha, á no ser la lentitud con que la verifica en los momentos de paseo y que no hace con el aire de satisfaccion que le distinguía en sus primeros tiempos.

El apetito se conserva bien; hay por el contrario bulimia y come con avidez y en abundancia, sin tener predileccion por algunos de ellos; lo que prueba que todos le son igualmente agradables. Las digestiones se hacen con perfeccion y no presentan dificultad en la deglucion.

El vientre se mantiene algo perezoso, por lo que tenemos necesidad de administrarle algunos purgantes resinosos ó el calomel. La miccion se produce involuntariamente. El enfermo no pide el servicio ni procura hacerlo como al principio yendo á la letrina para satisfacer esta necesidad. Lo hace en la cama ó sentado en el sitio en que se encuentra; lo propio sucede con la defecacion aunque no con tanta frecuencia como la primera, pero que sin embargo puede colocársele por esto en la categoría de las clinequesas.

El delirio versa siempre sobre las grandezas; persiste en creerse un millonario y general de los ejércitos del Imperio del Brasil.

Se irrita de cuando en cuando y amenaza con poderosas baterías de cañones ó con bombardeos por escuadras colosales y poderosas. De pronto se pone de pie con los puños cerrados y temblorosos sus miembros, rechinando los dientes y produciendo gritos de tremendas amenazas. Se resiste á tomar los medicamentos y dejarse poner las inyecciones de clorhidrato de morfina. á los primeros les llama veneno y cree que por medio de las inyecciones se trata de envenenarle sus nobles carnes.

Cuando vé al practicante con la geringa de Pravat se esconde ó principia á agitarse y proferir gritos diciendo: "hay viene el verdugo trayendo el tormento con que desgarra y envenena mis carnes". Duerme un poco y mientras está despierto continua con su delirio en la misma forma y algunas veces grita, alterando la tranquilidad de los compañeros de dormitorio.

 

 

Consideraciones generales

 

Este enfermo presenta para mi algun interés por el estado actual y por la forma como se presentó al principio la enfermedad. En los primeros dias se velan los síntomas de una megalomanía, sin aquellos síntomas somáticos que acompañan á la locura paralítica de marcha franca en su invasion. No existía el temblor de los labios, ni la alteracion de la palabra, ni temblor vermicular de los labios; menos la alteracion del olfato, desigualdad de las pupilas, alteracion en la marcha ó fiebre mas ó menos pronunciada: por lo que me hizo pensar que se trataba de una megalomanía y no de locura paralítica con delirio de las grandezas.

La misticidad del delirio, afectando una triple forma, no es tampoco común; al menos confieso que no he tenido ocasion de observar otro caso semejante en el periodo de cuatro años en un número de mas de cuarenta individuos del mismo género y con delirio simple ambicioso, melancólico ó hipocondriaco.

La otra particularidad á notar es el periodo en que presenta el delirio religioso durante el cual se cree ser el redentor del Universo y el cuadro interesantísimo que presentaba al morir en la cruz, cuadro que el enfermo parecía esmerarse en caracterizar con los mas vivos colores y gesticulaciones al agonizar.

 

 

Tratamiento médico

 

Al principio se le dieron baños de ducha y bromuro de potasio, sin conseguir otro resultado que calmar la escitacion nerviosa y el delirio algun tanto. Los paseos y la música con cuyo objeto se le compró una guitarra, instrumento que decía poseer á la perfeccion, sin ser un regular músico siquiera.

En el período del delirio místico tomó sulfato de quinina con bromuro y purgantes, asafétida y almizcle y en el periodo melancólico tónicos vegetales y minerales e inyecciones de clorhidrato de morfina. Continúa hoy esta medicacion asociada á los preparados de nuez vómica; y á pesar de esto no se nota mejoría en el enfermo.