Indice - Home - Cerrar Aplicación

Segunda parte

 

 

 

Casos clínicos

 

La mayor parte de la obra escrita por Lucio Meléndez se compone de la serie de casos clínicos que publicó en la Revista Médico-Quirúrgica y en los Anales del Círculo Médico Argentino. Esta serie de artículos, cuyo estilo y forma de presentación recuerdan las Leçons Cliniques de Jules Voisin, gran inspirador del alienista argentino, se inaugura con un caso de locura por anemia cerebral en 1876 y se extiende, en las páginas de las revistas mencionadas a lo largo de más de diez años. Transcribimos a continuación algunos de los textos, de esa larga serie, en los que Meléndez expone su pensamiento clínico y terapéutico.

 

 

Locura por anemia cerebral

 

Revista Médico-Quirúrgica

            Vol. XIII, N, 21, 1876

 

Nota del Editor. En los textos de esta sección ha sido respetada la ortografía original.

 

 

Nn de 11 años de edad, blanco, de temperamento nervioso, hijo de padres sanos y robustos, sin ningun antecedente de familia, vivía en la calle de Chacabuco, casa de inquilinato, donde fué asistido y pude observar lo siguiente:

Segun los datos que me han sido referidos por sus padres, este muchacho ha gozado siempre de buena salud, no habiendo padecido ninguna enfermedad grave en los años anteriores al 76, en que fué atacado de fiebre tifoidea afectando esta la forma ataxo-adinámica muy marcada.

Antes de caer enfermo había tenido un período de tarea en la escuela á las que no estaba acostumbrado, siendo aplicado como pocos y manifestando con frecuencia los deseos de aprender y de saber.

Un día acompañó á su padre como acostumbraba algunas veces á repartir la verdura en un carrito recibiendo una fuerte insolación. Desde ese día se encontró con un poco de cefalalgia frontal, inapetencia, sed, caimiento de cuerpo, pereza en la locomocion y mas tarde todos los síntomas de una fiebre tifoidea afectando la forma antes mencionada.

A los 9 dias de estar enfermo me llamaron á las 12 de la noche para ver á este muchacho que la fé al curanderismo y el amor á los pesos, los había hecho esperar hasta estos momentos. Me hice cargo del enfermo, despues de haber manifestado á sus padres la gravedad en que se encontraba, el tiempo que se habia perdido y las probabilidades que había para una feliz terminacion.

Despues de los veinte días, el enfermo se encontraba mejor y á los treinta y cinco lo di de alta, recomendándole á la madre que tuviera mucha prudencia con la alimentacion.

Como es de suponer este enfermo presentaba todos los síntomas consecutivos á la anemia, resultado de esta clase de enfermedades febriles.

A los ocho dias despues de mi despedida fui llamado otra vez para ver á mi enfermo á quien yo creia completamente bueno; próximo á él no me conoce: lo llamo por su nombre, me mira á la cara y no pronuncia una sola palabra; la madre le avisa ser el médico que le había curado, entonces me toma la mano, la lleva afectuosamente á sus labios, su rostro se enciende, su fisonomía se torna alegre y espresiva de triste y estúpida que era momentos antes.

Todo el día permanece sentado, toma algunos alimentos, rehusa otros, prefiere aquellos que le están prohibidos y llora cuando no se accede á sus caprichos.

De pronto se pone de rodillas, aproxima las manos de su cara palmar, las eleva á la altura de la boca y permanece algunos momentos entregado á oraciones mentales.

El sueño es intranquilo y difícil, se despierta á cada rato gritando y asustado; sus grandes ojos lagrimosos se dirijen hacia un punto determinado, como si tuviera por delante al demonio ó á algun animal feroz que viniera á acometerlo: las palabras y caricias de la madre lo persuaden de lo contrario, volviendo á tranquilizarse y tomar el sueño; pero no pasa mucho tiempo en producirse la misma escena que al principio hasta que pierde completamente el sueño.

Hay gran alteración de sus facultades intelectuales, conserva en alto grado las afectivas y sensitivas. De este modo pasa algunos días hasta que el tratamiento anti-espasmódico y tónico reconstituyente le liberta de esta enfermedad mental ocasionada por la anemia de su cerebro.

Despues de algunos enfermos que llevo observados, es para mi modo de pensar, un hecho, la alteracion ó modificacion en la nutricion del sistema nervioso central ó periférico á consecuencia de la alteracion cuantitativa y cualitativa de la sangre. Los síntomas cerebrales principalmente las alucinaciones del oido y de la vista han persistido tanto mas tiempo, cuanto que el enfermo ha sufrido una enfermedad mas larga y penosa, siendo por consiguiente su estado anémico mas marcado y mas tardía su reconstitucion.

Tengo noticias que el honorable decano de la Facultad de Ciencias Médicas y Catedrático de clínica interna de nuestra escuela, habló á sus discípulos de un caso análogo en una de las clases que dió en el Hospicio de las Mercedes, clasificando de delirio nervioso este padecimiento mental, que no solo se observa en los niños, en la convalecencia de la fiebre tifoidea, sinó que en muchas otras afecciones agudas, como la difteria, etc., limitándose estas manifestaciones á un simple delirio de pocas horas de duracion, á un delirio parcial con alucinaciones del oído y de la vista ó bien á acceso de manía aguda con alteracion y exaltacion de las facultades intelectuales y sensitivas, como se puede ver en la observacion segunda referente á Angel Gallo.

Esta clase de locura, como muchas otras, con lesiones anatómicas apreciables ó sin ellas, se cura completamente sin dejar ninguna huella. No comprendo el motivo para no quererle conceder al cerebro el poder de enfermarse total ó parcialmente y volver despues de algunos meses, un año ó mas á su estado normal.

 

Segunda observacion

 

Angel Gallo, italiano, soltero, jornalero, de 25 años de edad, temperamento nervioso, entró á este hospicio el 19 de Setiembre de 1876, remitido del Hospital General de Hombres y salió de alta el 10 de Octubre del mismo año.

Este enfermo hacia pocos días que había entrado al Hospital General de Hombres con una neumonía del pulmón izquierdo y fué destinado á la Sala servida por el Dr. D. Tomás Balestra. La enfermedad siguió una marcha muy regular hasta su completa resolucion entrando sin ninguna dificultad en el período de convalescencia.

Un día estallaron de pronto los síntomas que revelaban un padecimiento mental; afectando la forma de Licantropía, motivo por el que se ordenó su traslación á este, donde fué recibido y colocado en los cuartos de observacion, para ser trasladado mas tarde á la enfermería donde continuó su tratamiento.

El día de su entrada lo pasó sumamente escitado, gritando, golpeando el piso y las puertas, hablando incesantemente de un modo incoherente, siendo varios los puntos de su tema de conversación; en una palabra se encontraba en esos momentos bajo un acceso de manía aguda.

Así que este período de escitacion fué desapareciendo, pudo apreciarse mejor el verdadero tema de su delirio; las alucinaciones del oído y de la vista no lo abandonaron hasta pocos días antes de entrar en el período convaleciente; tan pronto creia verse rodeado de ángeles como de ver á la virgen y sentir que le hablaban al oído incesantemente personas que él solo las veía.

En los primeros dias se entregaba con mucha devocion á los rezos, y si alguno le hacia coro el los continuaba con toda claridad y perfeccion demostrando haber sido un buen cristiano y que aun en ese estado no había olvidado tales prácticas religiosas.

Sus facultades alteradas principiaron nuevamente á restablecerse, así que la mejoría se hacia sentir; ya conocía á las personas, prestaba atencion y contestaba con cordura á las preguntas que se le dirigían; recuerda el pasado y da datos de su enfermedad anterior, mostrando como prueba de la veracidad de sus palabras una gran mancha parda que llevaba á un costado y hacia la parte inferior del tórax, diciendo ser de un cáustico, que le había ordenado el médico que le asistió en el Hospital General de Hombres.

Su rostro tomaba otro aspecto, su mirada mas natural, raciocina con mas perfeccion, manifestando el deseo de salir de alta para ir al Hospital General á pedir perdón á la hermana de la sala, por palabras ofensivas que le había dirigido cuando estaba en el período de escitacion.

Se le hace levantar de la cama y pasear, toma mas fuerza, robustece algo y vá á la quinta á trabajar hasta que se encuentra completamente bueno y es dado de alta.

El tratamiento empleado con este enfermo fueron los baños tibios cuando se encontraba muy agitado, despues fríos hasta su curacion, cloral á la noche para procurarle el sueño y los tónicos, quina, genciana y fierro, vino en las dos comidas.

Los casos de locura debido á esta causa son muy raros en este hospicio y muchas veces se ignora que ella haya obrado como causa predisponente á este padecimiento mental no siendo capaces estos enfermos de dar los datos necesarios para ilustrar el diagnóstico, teniendo necesidad con mucha frecuencia de clasificar la enfermedad por sus síntomas siguiendo á Esquirol y otros, en lugar de la de Voisin que es el método adoptado por nosotros.